



En el centro de la civilización cosmopolita mas policroma que pueda hallarse hoy en día, llegaron a mis manos, unos documentos sobre un centro místico y solar, único en su especie precolombina, por estar excavado en la roca, y abandonado al olvido hasta los últimos años del siglo XX, a tan solo a 118 Km. al suroeste del estresante Distrito Federal Mexicano.
En la escritura nahual, Malinalco se compone de un cráneo humano, teniendo en la frente una hierba con frutos amarillos, signo del malinalli, y en la cavidad orbitaria un ojo ó pupila con párpado rojo, Malinalxoch, divinidad, hermana de Huitzilopochtli. El símbolo malinalli aparece en el calendario náhuatl para designar el decimosegundo de los trece días y quiere decir heno [20]. Los nacidos en este signo, también llamado “matorral”, debían sufrir cada año una enfermedad grave, tal como le ocurre a los matorrales que todos los años se secan y después reverdecen. También malinalli, es una planta de las gramíneas, conocida por "zacate del carbonero," dura, áspera, fibrosa, que fresca sirve para formar las sacas del carbón y enroscar la soga que las cierran.
Todo lo que hay en Malinalco es hermoso y extraño, desde de el paisaje lujuriante, subtropical, que le da su cercanía con el Pacífico, hasta su atmósfera, apacible, que apenas oculta esa irradiación característica, cargada de electricidad, que envuelve a los verdaderos centros de poder. Pero aun hay mas, sus gentes, habitantes del barrio marginal de Santa Mónica, tienen en sus ojos un brillo de conocimiento especial, que detecta la directa descendencia de aquel puñado de "brujos" mexícas que, según la tradición, fundaron la ciudad sagrada de Malinalxóchitl (Flor de hierba), hermana maga del dios Huitzilopochtli, antes de que los aztecas se instalaran en el Valle de México.
Algunos de ellos son depositarios de un legado cultural clandestino-tanto material como intelectual- que durante generaciones han mantenido la boca cerrada, principio hermético tradicional y universal, común a aquellos iniciados poseedores de la sabiduría de los antepasados. Ellos son posiblemente los que en ciertas noches señaladas en sus calendarios siguen subiendo hasta el cerro de los Ídolos, para tocar allí en honor a los antiguos dioses sus caracolas y sus tambores precolombinos.
Y ante toda esta carga de poderosa energía, nos encontramos con el lado negativo como contrapartida energética. También allí comparten territorio “Los otros”, habitantes y descendientes de conquistadores españoles, un reducto de pequeños burgueses terratenientes y propietarios del modesto comercio local, para quienes, este Cerro de los ídolos, como despectivamente siguen siendo conocidas estas ruinas iniciáticas, no son más que un motivo de atracción turística.
Sin embargo, nada mas lejano de la limitada y comercial visión burguesa, cuando en los umbrales del siglo XXI, la ciencia arqueo
astronómica descubre la asombrosa relación de la Pirámide de Malinalco con el Cosmos. Una vez mas, se abre una "puerta a otros mundos", esta vez, fuente de poder para los mexícas, y que como siempre, aun esta lejano el día en que sus misterios sean completamente revelados
Hasta 1936 las "gentes de razón”, se autoproclaman en México criollos y mestizos, habitantes adaptados al sistema para diferenciarse de los indios aborígenes, y empeñados en ignorar la existencia misma del grupo de singulares construcciones pétreas del que destaca la misteriosa Pirámide de las Águilas, englobando todo ello el conjunto precortesiano de Malinalco.
A partir de esa fecha, sin embargo, los trabajos arqueológicos de José García Pavón anunciaron como descubrimiento lo que no era sino triste olvido, puesto que la historia y descripción de esta pirámide figura en las crónicas de Diego Durán y otros frailes que siguieron a los soldados de Cortés.
|