Los límites del espejo: cultura es naturaleza - Sobre la cultura colombiana

1 - Sobre la cultura colombiana

Artículo creado por Patricio Eufracio. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero24/espejo.html
23 de Septiembre de 2006

n la cultura colombiana provocación es antojo, de ahí su expresión “me provoca un tinto” cuando el aroma del café los impulsa a beberlo sin importar el momento o la temperatura ambiente. En ese sentido discursivo de provocación y antojo (maravillosa hiperposibilidad, multitextualidad semántica de nuestro idioma), me atrapa y libera el artículo de Joaquín Aguirre: “La mujer descabezada. Representaciones de la Gorgona en la poesía de mujeres”, publicado en esta edición de Espéculo.
Por un lado, me atrapa su interpretación de la posmodernidad como un equilibrio (dinámico, espero) entre discurso y construcción con la que define el universo simbólico en que nos hemos transformado teniendo a la cultura y la naturaleza como los referentes que determinan nuestro ser, dinamizado, a su vez, entre animalidad (naturaleza) y humanidad (civilización); y, más bien, civilidad, entendida ésta como el cauteloso tempero equilibrado entre la cortesía y el zarpazo a que nos impulsa nuestra lucha cotidiana, circunscrita entre la oferta y la demanda.

Por otro lado, el discurrir de Joaquín me libera al reconocerme como producto natural con denodada aspiración cultural que, al igual que él, considera al Lenguaje como la moneda de canje corriente entre los hechos y las ideas, y, por extensión, entre mis hechos e ideas con los tuyos, acto éste de suprema amabilidad entre dos seres pensantes que nos permite definir y, por fortuna, redefinir los discursos con los cuales hemos pretendido entendernos a nosotros mismos y comprender a los otros.

El inteligente recorrido del Dr. Aguirre que muestra y demuestra las raíces del poder embozado en las estructuras eternas y despóticas de un Pater mandamás y egoísta, lo mismo en la familia que en el estado, desemboca en una denuncia no sólo de la aberrante lapidación social que las mujeres sufren en distintos grados, según hayan nacido en África, Asia, América, etcétera, sino sobre todo de la responsabilidad, casi complicidad, que los hombres tenemos en ello.

Líneas adelante el autor propone y sustenta, la invocación del mito de la Medusa, furia mortal y mortífera, como un camino para aproximarse a la obra de las mujeres poetas empeñadas en provocar: “una deconstrucción del sentido subyacente de determinadas formas culturales que han constituido el acervo simbólico, narrativo y poético occidental ya sea a través de los mitos grecolatinos o de los cuentos populares, leyendas, etc.” Para delimitar el justo espacio de su interpretación Joaquín convoca en su apoyo a lo horrendo: “es el mal que causa el mal, aquello de lo que es necesario estar prevenido, la amenaza permanente”; y, al combate sempiterno del yin y el yang, aquí referido por la historia de Perseo que ilustra la posición de las mujeres poetas cuyo ejemplo y leitmotiv reflexivo de Aguirre recae en la persona de la poeta Tina Suárez.

Los pormenores de este texto de Joaquín María es mejor disfrutarlos con deleitoso interés en su versión original, así como los poemas en el libro de la propia Tina. Sin embargo y no obstante estar de acuerdo con lo planteado, la provocación y el antojo iniciales que despertó la lectura de este texto no me quedaban satisfechos. En la relectura encontré el por qué: no se profundiza en el papel del espejo (no por falta de recursos especulativos sino quizás, tan sólo, debido a la ineludible tiranía del espacio de la página); espéculo, artefacto sin el cual Perseo no habría vencido, Medusa continuaría con vida y las poetas referidas necesitarían de algún otro mito para florecer teóricamente.

Soy borgiano por circunstancias geográficas, anímicas y temporales, y, más aún, personaje del realismo mágico de la cotidianeidad encantada latinoamericana y, por lo tanto, no puedo soslayar la provocativa riqueza que representa colocarse frente a esa pulida superficie reflejante que no puede mentir y por ello, nos impulsa a suavizar sus verdades con la fantasía de creernos, por querernos, mejores que nuestro reflejo, al grado de, en ocasiones, no reconocer los límites que el propio espejo nos impone.

Consecuencia, el antojo y la provocación dirigen y acaso tiranizan, las siguientes reflexiones sobre el espejo, el reflejo y la dolorosa ecuación de que “cultura es naturaleza”.

3 opiniones

mierdaaaaa

me lo stoy leyendo por obligacion
cakakaka

es verdad no pregunte sobre la cultura colombiana
cCACA

ESTO ES UN ASCO YO PEDI SOBRE PERSA NO COLOMBIA ASH!!!

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