......Y es precisamente a raíz de una serie de reportajes que toda aquella antigua unión fervorosa de su familia se verá quebrantada. Luego de una gira de cuatro días por Israel en compañía de Arlette y Víctor, éste lo interroga y prepara un texto con tres reportajes que envía a Nouvel Observateur en donde no sólo tutea a Sartre, sino que firma: Sartre-Víctor. Además, según los antiguos, con conceptos débiles, ambiguos, contradictorios. Una nueva filosofía vaga y blanda que Víctor le atribuye, dicen. Lo arrastró a renegarse de sí mismo, afirma Simone de Beauvoir, Arlette y Víctor lo están manipulando, agrega.
......Ese giro sorpresivo del pensamiento de Sartre no sería permitido. Se pone en acción una formidable fuerza de presión para impedir que se publicara. Es lamentable, le reclama airada Simone de Beauvoir a Sartre. Déjalo, yo no le doy ninguna importancia, afirma ella que le respondió él. Y sin embargo, la lucha continúa por impedir la catástrofe, su publicación. Todos a una arrecian en su empeño. Y es entonces, según parece, en ese mismo instante en que ella le dice que es lamentable y él le contesta que lo deje, cuando se produce la ruptura total y definitiva de los dos viejos amantes del moderno siglo XX, dos meses antes de que el filósofo de la libertad, de la existencia y de la vida, muriera.
......En medio de toda la barahúnda, dice Jean Daniel, el responsable de Le Nouvel Observateur, "estaba a punto de llamar a Sartre en presencia de Horst y sin darme tiempo de que lo hiciera, el mismo Sartre me llamó. Su voz tenía una nitidez perfecta y hablaba con extrema autoridad: Creo saber que usted esta atormentado, me dice, yo sé que mis amigos han hecho su agosto. Soy yo, Sartre, quien le pide publicar ese texto y publicarlo integralmente. Si usted por ningún motivo quisiera hacerlo, yo lo publicaré en otra parte, aunque le quedaría agradecido si es usted quien lo hace. Sé que mis amigos lo han prevenido pero ellos se engañan. Lo que ocurre es que el itinerario de mi pensamiento se les escapa a todos, incluida el Castor Muy raras veces, continúa Jean Daniel, Sartre había sido tan nítido, tan preciso, tan dueño de su pensamiento y de sus palabras. De otra parte, cuando le dije que había un pequeño error en el texto y que yo estaba preocupado porque quería que fuera corregido por él, le pregunté: ¿Tiene usted a mano el texto? Me respondió: Lo tengo en la cabeza. Y, en efecto, se lo sabía de memoria. Cuento con usted, me dijo para terminar".
......Pero no son Simone de Beauvoir y Victor quienes chocan directamente en esta ocasión, como debió ser, teniendo en cuenta que ella le atribuía a éste una abierta manipulación del pensamiento y la voluntad sartriana y sabiendo que ya habían tenido un fuerte altercado con anterioridad. Son, quién lo creyera, aquella propia pareja mítica, los viejos amigos, los ancianos e inseparables amantes; él le mostró, en su apartamento del Boulevard Edgar-Quinet, los originales de la entrevista provocando en ella un desconcierto total, la consternación encarnada. Sobre los detalles de lo que nosotros nos atrevemos a llamar la primera y última ruptura de los dos grandes escritores, cuenta Arlette Elkaïm Sartre, la más confiable y cercana de las fuentes: Sartre no se encolerizaba nunca, era un hombre sólido que no se contrariaba por nada. Después de esta escena, y por primera vez, demostró una inmensa contrariedad. Anteriormente él jamás me habló de haber tenido contrariedades con el Castor; después de esta crisis, por primera vez, me dijo que no la comprendía; que luego de la lectura de las entrevistas, ella se había puesto furiosa; que había llorado y que había tirado, regándolos por toda la pieza, los textos de la entrevista. Que él quiso explicarle: "Pero hablemos de ello, Castor", le dijo, pero que ella no había querido, no había podido hablar. Sartre quedó, según la versión de Annie Cohen Solal, profundamente turbado por esta ineluctable alteración de sus relaciones con Simone de Beauvoir. Y se pregunta enseguida: De otra parte, en el curso de los dos meses que separaban esta escena del fin de su vida, ¿sus profundos lazos pudieron restablecerse verdaderamente? A lo que responde Sartre, según versión de Arlette: Yo todavía he almorzado con esas dos musas austeras (se refiere a Castor y a su amiga Sylvie) y ni siquiera me dirigieron la palabra.
......Simone de Beauvoir en La Ceremonia del Adiós hace alusión completa de este asunto, pero se cuida de tocar a fondo el altercado remitiéndose a atacar duramente a Víctor y a Arlette: Víctor era apoyado por Arlette, que desconocía por completo la obra filosófica de Sartre y simpatizaba con las nuevas tendencias de Víctor; aprendían juntos el hebreo. Ante este acuerdo, a Sartre le faltó esa perspectiva que sólo habría podido conseguir con una lectura reflexiva y solitaria: así pues, se doblegaba...
......¡Cómo no pensar entonces en la soledad amarga del anciano y ciego filósofo, de un hombre que no conoció la gratitud en esta vida y que, sin embargo, le dio luces a su siglo y ayudó a aclararlo, si lo que lo rodeaba en el ocaso de su existencia no era otra cosa que el conjunto de barrotes acerados de sus celosos discípulos cercándolo, el ruido y los entrecejos, los cortantes rictus del odio y de la envidia! Gris y triste debió verse el rostro del talentoso y obcecado pensador cuando su propio pensamiento, al final de su vida, se veía contradicho y enjuiciado por sus herederos espirituales. Del obcecado pensador, decimos, porque las palabras fieles de Jean Daniel confirman su terquedad y también su lucidez, su talento y su honestidad.
......Su formidable humor de hombre grande debió encerrarse huraño y extrañado entre los pliegues de su corazón desconcertado. Pero su obcecación la interpreta Simone de Beauvoir, después de su muerte, así, miserablemente: Sartre se entercó porque estábamos contra él; redobló su entercamiento por debilidad... pensaba que yo no lo comprendía, creía que yo lo manipulaba, siendo que él era manipulado por Víctor y Arlette, hacia la que se había inclinado hábilmente después de la crisis del 78. Estaba desgarrado por todo eso y no tenía deseos de darse cuenta de la verdad... Sartre no delegaba en nadie la pretensión de ser el futuro de Sartre, pero él ya no contaba con sus ojos, no tenía futuro y sabía muy bien que estaba condenado próxima e irremediablemente a la muerte..."
ME TRATABAN COMO A UN MUERTO QUE TIENE EL INCONVENIENTE DE MANIFESTARSE
......Pero no podemos dar por terminado este episodio sin traer a colación dos testimonios más. El primero, de Robert Gallimard, su editor de siempre, quien afirma que Sartre le dijo por esos días: Vamos, Robert, usted no vaya a ser como todos los demás, no vaya a joderme también. Dése cuenta, condenarme a nombre de los sartrianos, es como para morirse de la risa.
......Y el último con relación al asunto, de Arlette: A él no le molestó tanto la crítica como la apropiación por el grupo de Los Tiempos Modernos de la verdad sartriana. Me dijo: Me tratan como a un muerto que tiene el inconveniente de manifestarse... él acababa de poner en tela de juicio el libro de Simone de Beauvoir Final de cuentas, en donde ella hacía un balance de sus vidas...
......El inmenso Sartre, como dijo alguien, aquel hombre que ocupara su siglo como Voltaire y Hugo ocuparon el suyo, llegaría también a su final. Había dicho que quería que su muerte no entrara en su vida, que no la definiera, por cuanto él quería ser siempre un llamado a vivir, pero no había previsto la anarquía y la soledad que le rondarían durante sus últimos días.
......El jueves 20 de marzo de 1980, mientras aparecían en Nouvel Observateur los famosos reportajes que le irían a amargar la víspera de su definitivo descanso, bajo el título de La Esperanza Ahora, firmados por Benni Lévy, el verdadero nombre de Víctor, Sartre es internado en el hospital Broussais. Aquella mañana a las nueve, Simone de Beauvoir fue a su apartamento del Boulevard Edgar-Quinet a despertarlo. Lo encontró sentado en el borde de la cama semiparalizado, en medio de una atroz crisis que se le repetía y a la que él había denominado en ocasión anterior aerofagia.
......Llamaron de urgencia a los médicos y a punta de oxígeno se lo llevaron en una ambulancia en estado de extrema gravedad. Eran aproximadamente las 11:00 a.m. Simone de Beauvoir confiesa que regresó al apartamento de Sartre, se arregló allí por última vez y se fue a cumplir un compromiso de almuerzo que tenía con Jean Pouillon. Sartre grave, metido dentro de una ambulancia, atravesaba las calles de París bajo el ensordecedor ruido de las sirenas y ella no había indagado siquiera por el sitio donde sería recluido. Cuando terminó de comer, enterada ya del nombre del hospital, se dirigió allí en compañía de Pouillon. Se encontraba en la sala de reanimación, cuenta después, no estuve mucho tiempo allí... no quería hacer esperar a Pouillon... El viernes 21 por la tarde, los médicos le comunicaron que tenía un edema pulmonar y sufría de fiebres altas que lo llevaban a delirar.
......Que, además, la falta de irrigación en los pulmones, lo tenía en ese estado de gravedad. Entonces Sartre y Simone de Beauvoir discutieron. Ella le dijo que todas esas cosas que decía en medio de su delirio eran puros sueños y nada más. Me dijo que no, con aspecto enojado, cuenta ella misma que le respondió él.
......A los pocos días volvió a recaer y fue llevado de nuevo a la sala de reanimación. Como su vejiga le funcionaba mal, le hicieron una desviación y podía vérsele llevar, cuando se paraba a caminar, una bolsa de plástico llena de orina que colgaba de su entrepierna. Fue cuando por primera vez se habló de uremia. El doctor Housset le hizo una reflexión científica que interpretada por Simone de Beauvoir y vista hoy en perspectiva, no deja de ser polémica e históricamente controvertible. Los médicos me explicaron después —dice ella— que los riñones ya no estaban irrigados, y por consiguiente ya no funcionaban. Sartre orinaba, pero no eliminaba la urea. Para salvar un riñón hubiera sido necesario una operación que no podía soportar; y entonces sería el cerebro, por donde la sangre no circularía correctamente, lo que provocaría la chochera. No había más solución que dejarlo morir en paz.
......La falta de circulación sanguínea hizo que la gangrena le invadiera el cuerpo y que las escaras o costras lo cubriera todo y le dieran un aspecto repugnante, que al mismo tiempo lo hacía sufrir a causa de las constantes curaciones a que era sometido.
......Entre tanto las visitas se fueron sucediendo bajo el control riguroso de su hija adoptiva, Arlette. Víctor fue llamado de urgencia a El Cairo en donde se encontraba por esos días preparando un reportaje para el Corriere de la Sera y cuenta que cuando entró en su pieza, Sartre se despertó y le dijo: Ah, Víctor, vamos a mejorarnos pronto, tú sabes. Pero la única especulación que realmente nos interesa por ahora es la que se refiere a sus últimas palabras.
......Georges Michel asegura que sus últimas palabras fueron las que le dirigió a Pouillon cuando éste le alcanzara un vaso con agua: La próxima vez que bebamos juntos —habría dicho Sartre— será en mi casa y con whisky. Annie Cohen-Solal ratifica la anécdota pero como ocurrida un día... y Simone de Beauvoir, admitiendo la exactitud de las palabras de Sartre a Pouillon, niega que éstas hubiesen sido las últimas. Dice que un día Sartre le habló preocupado sobre los costos del entierro: ¿Cómo vamos a hacer para pagar los gastos del entierro?, le habría dicho él ansioso y contenido a la vez, mientras ella se ponía a explicarle lo de la Seguridad Social y a desviarlo de esa torturante preocupación.
......Ya al otro día, asegura, Sartre, con los ojos cerrados, la agarró de la muñeca y le dijo a ella sus últimas palabras: "Je vous aime beaucoup, mon petite Castor".
......Pero que sea el contradictorio encanto de una amor eterno y total, esencial y no contingente, un amor ambiguo y absorbente, dominante, un amor que, lo admitimos también, habría que salvar para la historia, quien nos guíe hacia el itinerario de una muerte que nos hizo pensar que el siglo XX no tendría una segunda oportunidad de lucidez y se había encaminado irremediablemente hacia la estupidez y la locura. Que sea ese amor con todos los derechos adquiridos quien nos cuente el final de Sartre a todos aquéllos que amaron a Sartre, que lo aman o que lo amarán, pero respetando en todos ellos, en todos nosotros, que quisiéramos ocupar los tres tiempos, el derecho que también tenemos a amar la verdad.
......Y hay que decirlo ya, de una vez por todas: a lo largo de esta historia hemos visto la versatilidad de Simone de Beauvoir para narrar su historia, su afán por llegar de primera a una versión. Y todo eso nos parece no sólo sospechoso, sino muy difícil de equilibrar. Pero, en fin, ningún relato, ningún relato histórico es refractario a ciertas mentirillas.