Calderón y Shakespeare son, sin duda, dos de los más grandes dramaturgos universales. Sin embargo, la literatura comparada aún no ha comenzado a ofrecer en serio estudios completos sobre la relación de la obra de ambos, aunque se aluda de manera general en algún artículo a la relación entre ciertas tramas, motivos o situaciones. Desde un punto de vista muy amplio, parecen evidentes algunas diferencias entre ambos escritores: Calderón procede del sur de Europa, y su educación es la de un teólogo católico en el centro de una cultura barroca completamente madura y contrarreformista; Shakespeare pertenece al mundo del norte europeo, y es un hombre sin estudios reglados, un agnóstico de origen católico que se desenvuelve en la plena transformación religiosa que acapara el fin del renacimiento inglés diseñado por la época isabelina (Duque 1981: 1277 y ss.). Las similitudes, no obstante, parecen abundantes, como lo prueba la ejemplificación un tanto a vuelapluma realizada por Duque (1981) en su artículo.
Nosotros vamos a comparar coincidencias y diversidades de un aspecto concreto: el mundo como escenario de sendos planes destinados a los hombres y ejecutados por un Dios católico y por un Mago isabelino. La comparación surgirá entre La Tempestad shakespeareana y los autos sacramentales alegóricos calderonianos El gran teatro del mundo y El pintor de su deshonra. Para sustentar dicha comparación hemos de ubicar primero ambos mundos teatrales, el inglés y el español, en la época en que se movieron sus autores, asunto indispensable para comenzar a disponer ciertas similitudes y diferencias.