



Maluco, la Novela de los Descubridores, de Napoleón Baccino Ponce de León, hace parte de las obras que los críticos y teóricos han llamado Nueva Novela Histórica (NNH). Esta se caracteriza por mostrar un rompimiento con los discursos historiográficos clásicos, al reinterpretar el pasado histórico. Partiendo de la forma en que Maluco presenta los rasgos de la NNH planteados por Seymour Menton1, se busca determinar en qué medida esta novela rompe con la narrativa decimonónica sobre los acontecimientos históricos.2
Maluco es la crónica sui generis que escribe Juanillo Ponce, el bufón de la flota, sobre la expedición que, al mando de Magallanes y Sebastián Elcano, le dio la primera vuelta al mundo, al intentar encontrar una nueva vía hacia las Molucas (Islas de las Especias). Juanillo dirige su escrito al rey Carlos V, retirado ya en el monasterio de Yuste, para que su hijo Felipe II le restituya su pensión, que le fue negada por “andar por pueblos y plazas indagando nada más que la verdad” (9)3. A esta obra se le clasifica como una Novela Histórica, porque la acción que narra transcurre en una época anterior a la del escritor.
La Novela Histórica Clásica en Latinoamérica, que aún hoy se sigue escribiendo, aparece en el siglo XIX, pretendiendo recrear fielmente el pasado, principalmente con el fin de construír la identidad nacional de cada país. Este tipo de novela es el resultado de las ideas de la modernidad sobre la Historia como ciencia. La modernidad cree firmemente que conociendo los acontecimientos pretéritos, causantes del presente, se puede tener un mejor futuro: esta es su noción del progreso. La realidad, en este caso histórica, es única y puede ser aprehendida. La Novela Histórica Clásica es el eco de la historiografía oficial. Respeta los datos de la Historia, que se reducen a los de la vida pública, utilizando controladamente la invención.
Pero en las últimas décadas se ha presentado un auge en la trasgresión de las fronteras, impuestas por el positivismo de la modernidad, entre la realidad y la ficción. El espíritu de la postmodernidad reza que ya nada, ni el pasado, puede ser conocido objetivamente. Sólo es posible dar interpretaciones, siempre parciales, nunca únicas, de los fenómenos de la naturaleza y, sobre todo, de los acontecimientos humanos. Estas tendencias también se presentan en la historiografía actual y, consecuentemente, en los géneros híbridos entre Historia y Ficción, es decir, la NNH4. Este es el caso de Maluco. Aquí, Ruanillo, el bufón, no comparte la visión-versión oficial de la Historia, específicamente sobre la expedición de Magallanes. Por esta razón, escribe su propia crónica, criticando las posiciones absolutistas sobre la verdad histórica.
El viaje alrededor del mundo, de Magallanes, es una fabulosa oportunidad para deconstruír la historiografía oficial. Frecuentemente, la figura de los descubridores y conquistadores genera conflictos al interior de la Historia de Latinoamérica pues ellos resultan muy propicios para plantear perspectivas diferentes sobre los acontecimientos. Las novelas sobre el período histórico del descubrimiento y conquista tuvieron su apogeo en las últimas décadas del siglo XX. Esto se debió, en parte, a la cercanía del quinto centenario del Descubrimiento de América. La situación desesperada de los países latinoamericanos también contribuyó para que los escritores se volcaran hacia el pasado, intentando encontrar en él una esperanza o simplemente un escape del presente problemático.
Seymour Menton considera que la primera NNH fue El Reino de este Mundo, de Carpentier (1949), pero que el auge de este subgénero se dio sólo a partir de 1979, con la publicación de El Arpa y la Sombra, del mismo Carpentier, y El Mar de las Lentejas, del también cubano Antonio Benítez. Otros autores toman distintas fechas de inicio del fenómeno. Por ejemplo, 1969, por El mundo alucinante, de Reinaldo Arenas; 1974, por Yo El Supremo, de Roa Bastos; o 1975, por Terra Nostra, de Carlos Fuentes. Menton encuentra seis rasgos característicos de la NNH, aunque advierte que no es necesario que se den todos en una misma novela en particular. Estos son:
1. La subordinación del recuento de hechos históricos a la presentación de algunas ideas filosóficas sobre la historia.
2. La distorsión consciente de la historia mediante omisiones, exageraciones y anacronismos.
3. La ficcionalización sui generis de personajes históricos.
4. La metaficción o los comentarios del narrador sobre el proceso de creación.
5. La intertextualidad.
6. Los conceptos bajtinianos de lo dialógico, lo carnavalesco, la parodia y la heteroglosia.
Cada uno de estos rasgos se puede presentar de diversas maneras en las obras pero todos apuntan hacia la reescritura de la historia basada en una visión crítica del pasado, en donde las versiones oficiales son revisadas, planteando no una sino múltiples verdades históricas. Al tener todas estas características de la NNH el mismo propósito, existen entre ellas relaciones estrechas. Por ejemplo, en Maluco es imposible entender las conexiones intertextuales con la tradición literaria e historiográfica, desligándolas del concepto bajtiniano de dialogismo. La ficcionalización sui generis de don Hernando (o Fernando) de Magallanes tampoco se puede analizar aisladamente, pues esta se da por medio de procesos de carnavalización y parodia.
El primero de los rasgos que Menton encuentra es la subordinación del recuento de hechos históricos a la presentación de algunas ideas filosóficas sobre la Historia. Con respecto a esta idea, se puede ver claramente que las tendencias de pensamiento de las últimas décadas originan la NNH. Ella es una de las formas en que la posmodernidad plasma literariamente sus ideas sobre la Historia. Estas rechazan la posición positivista sobre la objetividad del conocimiento histórico y proponen la existencia de diversas maneras de acceder a él.
Teóricos como Hayden White han planteado un enfoque de orientación lingüística del estudio de la Historia. Para White, el hombre sólo puede conocer el mundo a través del lenguaje. Consecuentemente, la historia es vista como un tipo de discurso y no como un suceder de acontecimientos. Al estar todo discurso determinado en gran medida por una ideología que “distorsiona” el mundo real, el discurso histórico pierde también la objetividad, tan anhelada por la modernidad.5
Juanillo es vocero de estas ideas. Se dice “gran amigo de la ciencia y enemigo de la magia” (122). Sin embargo, está un paso más adelante. Él no cree en la ciencia de la historia, quizás porque tiene el conocimiento suficiente, experiencial, que le permite cuestionarla. A Juanillo no le importa el gran hallazgo del almirante, el paso De Todos los Santos hacia el océano pacífico; él sólo ve ese momento como el principio del fin: los largos meses de hambre y muerte, sin viento, navegando eternamente entre América y las Molucas y luego hacia España: “Pero a Juanillo toda esa algarabía le resultaba patética. Porque nadie parece ser consciente de lo que festejan. Porque habíamos pasado el límite más allá del cual no habría retorno. Porque el Capitán había vencido, y su victoria era la derrota definitiva del mundo que habíamos dejado allá. El que nos arrancó el viento.” (223) Su visión se impone, antes que la oficial.
Otro teórico que reflexiona acerca de la supuesta realidad que plasma la Historia es Paul Ricoeur. Los acontecimientos históricos se reducen a una posibilidad de haber-sido, comprobable por medio de testimonios de testigos del pasado, que también son sólo un haber-sido. En esta medida, la Historia y la ficción se igualan, pues son posibilidades de ser o de suceder. Ambas son grafías que se pueden leer, de ellas se realizan lecturas que involucran obligatoriamente procesos de interpretación.
En Maluco, Juanillo no sólo expone su lectura, su visión de los hechos, sino que se queja en varias oportunidades de lo acomodada que es la Historia oficial: “Y si el relato puntual y verdadero de nuestras miserias, relato que en un todo falseó vuestro cronista Pedro Mártyr de Anglería para mayor gloria de Su Alteza Imperial, así como de las muchas cosas que aquel sagaz caballero vicentino don Antonio de Pigafetta calló y enmendó por la misma razón […]” (9, también 89, 109, 243).
Ricoeur llama la atención sobre los “acontecimientos que una comunidad histórica consideran decisivos, porque ve en ellos un origen o un oasis siempre vivo” (910)6. En estos casos, el enunciador no puede evitar realizar una valoración ética sobre ellos; se convierten entonces en el tremendum fascinosum o el tremendum horrendum. En la novela, ambas perspectivas son presentadas. A Ruanillo, la expedición le produce, sobre todo en los primeros meses, profunda admiración: los imponentes barcos, la tripulación animosa, los peces multicolores. Los acontecimientos oficialmente históricos no lo asombran: el descubrimiento del estrecho, la llegada a las Molucas, el regreso a Sevilla. El horror, en cambio, es constante: la muerte, las enfermedades, la locura.
Sin embargo, en Maluco, el discurso de la Historia no se descalifica por completo, se toma sólo como una posibilidad, entre muchas. Juan sí cree en el recuento de los hechos, accede a contarlos. Al narrar el episodio de la muerte de Magallanes, dice: “¿Cómo ocurrió? Sabía que apenas te diera un respiro me harías esa pregunta tonta […]. Todos me preguntaban lo mismo, como si fuera importante, como si no estuviera implícito. Como si no se pudiera saber prestando la debida atención a ciertos detalles que salpican mi discurso […]” (305). Entonces, sí hay historia, está implícita, sobreentendida en la crónica sui generis de Juanillo. Pero ésta no es importante, es irrelevante. Lo esencial para él es su propia perspectiva de esos hechos indiscutibles.
Así, la novela es consecuente con los planteamientos de la posmodernidad sobre, la relatividad de la Historia. No es que no haya realidad, sino que está constituída por múltiples perspectivas. La desmitificación de la Historia oficial no se realiza anulándola completamente, sino llamando la atención sobre las perspectivas individuales, mucho más humanas.
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