



Como último mensaje, se habla una vez más que un texto literario no surge de la nada. João Simões Lopes Neto, aunque sea considerado el efectivo “fundador” del regionalismo rio-grandense, teje sus Contos gauchescos en el conturbado periodo de construcción de una literatura brasileña autónoma (muy de acuerdo con el Romanticismo y el proyecto político de la época) dialogando con el riquísimo cancionero popular, el cual, ya en aquellos tiempos, estaba lleno de la carga mítica en que se envolvían Martín Fierro y las coplas de ese ilustre personaje platino.
No obstante, la ideología con que Simões Lopes Neto carga su obra es diversa de la tonalidad de protesta asumida por Hernández. Ese evento, sin duda, marca la principal característica diferenciadora entre las obras en debate, envolviendo los cuentos simonianos en un colorido alegre, alegría de fandango, narrada por un gaucho idealizado como Blau Nunes, guerrero, saludable y honrado: en fin, un personaje a servir de ejemplo para los rio-grandenses del futuro como el prototipo del proyecto de delineamento de una raza gaucha viril.
La expresión de Fierro, por su vez, envuelta como estaba en la tarea de denunciar la realidad de explotación y marginación políticas, deja trasparecer la nostalgia de los tiempos pasados, una melancolía existencial, decurrente del hecho de saberse gaucho pobre y cercenado en su libertad entre campos que tienen dueños y fronteras que están siendo perdidas. El protagonista argentino expresa tanto sufrimiento y tanto pesimismo hacia la noción de autoridad, de patria y de futuro que hace recordar la melancolía del más típico tango argentino.
Un fandango y un tango: esas parecen ser las impresiones de Blau Nunes y de Martín Fierro sobre la misma pampa que habitan.
|