



Este estudio tiene el objetivo de presentar, sucintamente, las visiones de la pampa expresadas por el argentino Martín Fierro (Martín Fierro, de José Hernández, 1872 - 1879) y el brasileño Blau Nunes (Contos gauchescos, de João Simões Lopes Neto, 1912), intentando desvendar la ideología política existente por detrás de sus narrativas para, al final, buscar a contestar por qué, algunas veces, son tan distintos entre sí los sentimientos que dichos personajes dejan trasparecer, aunque sean semejantes el paisaje y el cotidiano en que ellos son inseridos. Mientras tanto, se pretende, además, apuntar algunas influencias de la primera sobre la segunda obra, al mismo paso en que se analiza la construcción de la literatura nombrada “gauchesca” y sus peculiaridades, ya sea en Argentina, ya sea en sur de Brasil. Para que se alcance lo propuesto, se ha recorrido a las herramientas de investigaciones bibliográficas, con búsquedas en libros, periódicos y páginas de internet. Por fin, se recalca que no es pretensión de este estudio regalar conocimientos inéditos al mundo académico. Las líneas siguientes esperan, no más, contribuir para la reflexión sobre la misma Literatura Comparada y sobre las interferencias y contrastes entre dichos corpus literarios.
La literatura que se ha nombrado “gauchesca” se ha formado en la región del Río de la Plata durante los años de transición entre los siglos XVIII y XIX. Anónima y de carácter popular en sus principios, luego se consolidó como una propuesta de proyección del canto de las gentes sencillas del campo, a través de su tradición y de su vocabulario.
En 1810, ante la euforia provocada por la Revolución del 25 de mayo, la poesía de los gauchos se presentó como un vehículo idóneo a la propagación de los discursos de libertad, asumiendo una actitud de crítica y de protesta social con fines a alcanzar las masas, sobretodo los analfabetos. Se trató, pues, en sus orígenes, de una literatura con fuerte connotación política, de denuncia de las circunstancias de los grupos marginados que alzaban su voz para hacer oír sus opiniones, como enseña Eduardo Romano [1].
Ya como género literario, Josefina Ludmer [2] delimita la gauchesca mencionando dos cadenas de uso, entrelazadas, las que serían: las leyes y las guerras. Con relación a la primera, la autora se refiere a un doble sistema de justicia que diferencia ciudad y campo reflexionado en la dicotomía de la existencia de una ley central escrita versus el código consuetudinario y a la ecuación correspondiente a la “delincuencia campesina”, expresada en la equivalencia entre infractores y “desposeídos” que aplican sus “leyes” conforme la necesidad del uso. Las guerras, por otro lado, son inseridas en ese contexto a partir de la militarización y consecuente “desmarginación” del gaucho, conforme la cadena: (1) empleo del gaucho “delincuente” por el ejército patriota; (2) apropiación de su registro oral por la cultura letrada; (3) utilización del género para integrar los gauchos a la ley “civilizada”, en un peculiar proceso de “civilización de la barbarie”, presente desde Hidalgo hasta La vuelta de Martín Fierro e incluso en Jorge Luis Borges.
En consonancia con lo referido por Ludmer, se notan algunas peculiaridades del género, como por ejemplo: el desarrollo de la acción en un ámbito geográfico muy bien definido, la presencia de un personaje circunstanciado con ese ambiente - evento que se retrata en el porte de las herramientas inseparables del gaucho (como el cuchillo, el mate y el poncho) y en las actitudes derivadas de la educación española (como el culto a las armas y la habilidad del jinete) - y el intento de reproducir el habla propia de la región de la pampa.
Así, bajo el nombre genérico de “literatura gauchesca” se clasifican obras en prosa y verso cuyo lenguaje a veces y el tema siempre tienen relación con la figura del gaucho y sus circunstancias. En orden cronológico, los más representativos autores son Bartolomé Hidalgo, Hilario Ascasubi, Estanislao del Campo y José Hernández. El primero, uruguayo, compuso Diálogos y cielitos patrióticos, siendo considerado el precursor de la temática gauchesca, aunque haya sido solamente con el argentino Ascasubi y con su obra representativa Santos Vega (1850) que se haya conferido al género el status de literatura. Estanislao del Campo, en su original versión del Fausto (1866), añade otros matices expresivos del alma gaucha. Sin embargo, fue José Hernández el más importante autor de ese género, creador del clásico Martín Fierro cuya increíble popularidad cruzó las fronteras y vino a influenciar muchos otros escritores, incluso brasileños [3].
La obra que posteriormente fue unida bajo el único título de Martín Fierro se compone de dos partes, a saber: El gaucho Martín Fierro (1873), que narra la incorporación forzada del protagonista al ejército, la huida y la posterior amistad con Cruz en sus trece capítulos y 2316 versos, y La vuelta de Martín Fierro (1879), que cuenta la llegada al territorio indígena, la muerte de Cruz, la vuelta a la “civilización” y el reencuentro de Fierro con sus hijos. Esta segunda parte se constituye de 33 capítulos y 4894 versos, es más estática y retórica. En la vuelta, el protagonista se muestra respetador de la ley y da indicios de aceptar como legítima la sociedad que en la ida condenaba.
Martín Fierro se caracterizó por ser una respuesta de Hernández a las ideas conservadoras de Sarmiento, pero hay una superación de la ideología visible, razón por la cual esta obra se consolidó como legítimo canto del gaucho. No obstante, este hecho tal vez tenga origen en la connotación política delineadora que asocia el sufrimiento a la violencia y a la crueldad como puntos estructurales del poema, lo que acaba por despertar el interés de los lectores de la pampa que identificaban como suyos los caracteres del personaje, popularizándolo.
Sobre el tema, observa Léa Masina [4]:
A popularidade da obra é confirmada pelo registro, dentre outros, do crítico e historiador literário Ricardo Rojas, que refere a existência de mais de 40.000 folhetos e livros com o poema, que circularam de 1872, ano da publicação de La Ida, a 1879, ano da publicação de La Vuelta. Os textos críticos mais difundidos referem o fato de o Martín Fierro ser vendido em armazéns, ao lado de açúcar, cebolas e ramos de fumo em corda. Além disso, pode-se ler em carta de Hernández a referência a inúmeros periódicos argentinos e uruguaios que publicaram o poema na íntegra ou extensas partes dele, ampliando, desse modo, o número de seus leitores.
De hecho, se puede afirmar que tan grande ha sido la popularidad de Martín Fierro que esta obra cruzó las barreras, ya sean territoriales, ya sean lingüísticas, y vino a influenciar la posterior consolidación del regionalismo en Rio Grande do Sul (provincia del sur de Brasil cuya capital es Porto Alegre y que se encuentra en la frontera con Argentina y Uruguay). Durante ese proceso, el hecho determinante, según Léa Masina, no fue la crítica, sino la transmisión oral, a partir de las ciudades de la frontera y, particularmente, por su circulación en las haciendas y en los pequeños pueblos del interior.
Sin embargo, procediéndose a un análisis comparativo entre Martín Fierro y los Contos gauchescos de João Simões Lopes Neto, algunas diferencias ideológicas desde la perspectiva de los personajes se hacen notar, aunque sean, ambas, cánones de la literatura gauchesca. Fierro deja trasparecer una inquietud proveniente de la resistencia muda de quien percibe su marginación sin encontrar fuerzas para resistir. Acaba, pues, ahogado en una descreencia crónica hacia la estructura social que tiñe su poesía con un profundo pesimismo. Por otro lado, Blau Nunes, protagonista de la obra de Simões Lopes Neto, es un enamorado de la vida campesina y ve su condición de gaucho como un regalo de los cielos.
La consolidación de la gauchesca del sur de Brasil y la ideología que traspasa la trayectoria de Blau Nunes en Contos gauchescos es lo que se pasa a analizar a seguir.
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