En el mundo empresarial, se ha adoptado el concepto competencia en términos de desempeño. Se hace referencia a las competencias como características personales subyacentes, que soportan el desempeño superior. La competencia se concibe asociada al desempeño idóneo de un rol. En este sentido, una ocupación (cargo u oficio) se despliega en un conjunto de roles, tales como administrador, líder, motivador, negociador, planificador, diseñador, entre otros. El desempeño idóneo de cada rol está asociado a una o más competencias, tales como pensamiento analítico, pensamiento estratégico, capacidad de negociación, impacto e influencia, pensamiento creativo, entre otros. Vemos entonces a la competencia como unidad diferenciada del desempeño o como características personales subyacentes.
En el mundo empresarial, no todas las personas deben desplegar las competencias, hasta el nivel de maestría ó en un cien por ciento. Las competencias se asocian a roles y cargos, entendiendo el cargo como un conjunto integrado de roles. Obviamente, la recepcionista no tiene que dominar la competencia “orientación al cliente” en la misma medida que el analista de atención al cliente, y éste tampoco tiene que dominar esa competencia al mismo nivel exigido al supervisor de atención al cliente, ni éste en comparación con el representante de ventas. Entonces, se predefinen y establecer niveles de dominio, dependiendo del alcance de acción y decisión de cada cargo, en una gradación que generalmente va del 1 al 4 o básico, intermedio, avanzado y maestría.