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La tierra del fuego (1998), de Sylvia Iparraguirre, es una obra soslayada en los circuitos académicos a pesar de su calidad literaria y aun de su éxito de crítica y de mercado. Inmediatamente catalogable dentro del género de la nueva novela histórica, es nuestro propósito bucear en ella en busca de una reflexión metatextual que, entendemos, es planteada asimismo acerca de la escritura misma de la historia, puesta en crisis ya por la escuela de los Annales desde fines de los veintes.
Para ello, nos basaremos en tres ejes, sugeridos por el texto a partir de la alternancia e indefinición presentes en los nombres propios. Así, nos abocaremos a formular tres preguntas:
1) ¿Quién escribe la historia? La hibridación se produce entre el nombre inglés John William y el apellido español Guevara. Analizaremos sus alcances en cuanto a la entidad del enunciador.
2) ¿Para quién se escribe la historia? La mixtura ocurre en la indeterminación entre el apellido MacDowell o MacDowness. Trataremos sus implicancias en cuanto a la entidad del receptor.
3) ¿Sobre quién se escribe la historia? La duplicación se da entre el nombre inglés Jemmy Button y el yámana Omoy-lume. La entidad del personaje nos conducirá hacia la materia que puede considerarse historiable.
Las filiaciones de esta novela con otros géneros como la literatura de viajeros, así como la misma evolución interna que conduce de la relación inicial a la posterior carta personal y autobiográfica, plantean, por su parte, el cómo de la escritura de la historia. Entendemos que esta última cuestión viene, si no a sintetizar, al menos a resumir el propósito del presente trabajo, en el cual nos proponemos básicamente dejar abiertas las líneas para una investigación futura.
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