Miseria de los zapatos - Socialismo significa revolución

5 - Socialismo significa revolución

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Artículo creado por H. G. Wells. Extraido de: http://www.lainsignia.org
13 de Septiembre de 2005
Entendámonos bien sobre este punto: Socialismo significa revolución, cambio en el curso de la vida cotidiana. El cambio puede ser muy gradual, pero será muy completo. No se puede cambiar el mundo y al mismo tiempo no cambiarlo, Encontraréis socialistas a medias, o al menos gente que se dice socialista, que dicen que no, y que juran que algún extraño cambalache a propósito del gas municipal y del agua es el socialismo, y que acuerdos celebrados en los pasillos de la Cámara entre conservadores y liberales son el medio de abrir la era de la salvación. ¡Es como denominar a la lámpara del techo de una sala de conferencias la gloria de Dios en el cielo!. El socialismo quiere cambiar, no solamente los zapatos que lleva la gente en los pies, sino también los trajes que tienen, las casas que habitan, el trabajo que hacen, la educación que reciben, su posición, sus honores y todo lo que poseen. El socialismo quiere hacer un mundo nuevo del viejo.

Este mundo no puede ser establecido más que por la resolución manifiesta, inteligente y valerosa de una gran multitud de hombres y mujeres. Es necesario ver claramente que el socialismo significa un cambio completo, una ruptura con la historia, con muchas cosas pintorescas; desaparecerán clases enteras. El mundo será otro completamente, con otras casas y otras gentes. Todos los oficios, todas las industrias cambiarán, la medicina se practicará en otras condiciones; las profesiones del ingeniero, del sabio, del actor , del sacerdote, las escuelas, los hoteles, tendrán que experimentar un cambio interno tan completo, como el de una oruga que se vuelve mariposa.

Si esto les da miedo, más vale que sea ahora que más tarde. Es necesario cambiar el sistema entero si queremos terminar con estas miserias horribles que hacen que nuestro estado actual sea detestable para todo hombre y mujer dotados de inteligencia.

Es este, y no menos, el fin de todos los socialistas sinceros, el establecimiento de una organización nueva y mejor, por la abolición de la propiedad privada del suelo, de los productos naturales y de su explotación, un cambio tan profundo como hubiese sido la abolición de la propiedad privada de los esclavos en la Roma o Atenas antiguas. Si pedís menos que esto, si no estáis dispuestos a luchar por esto, no sois verdaderamente socialistas. Si tenéis miedo de todo esto, tendréis entonces que acomodar vuestra vida a una especie de felicidad personal y egoísta, dejando las cosas como están, y concluir con mi otro amigo que no hay que reflexionar acerca del calzado. La idea dominante sobre la que debemos insistir es que el socialismo es un proyecto práctico o de sentido común, para cambiar nuestra idea convencional sobre lo que es o no es propiedad, y para reorganizar el mundo una vez revisados estos conceptos. Unas cuantas personas, encontrando que es demasiado claro y directo, se han esforzado en exponerlo de una manera magnífica y oscura; le dirán que la base del socialismo es la filosofía de Hegel, o que se confunda en una teoría de la renta, o que es algo que hay que hacer con una especie de hombre intratable que se llama el Superhombre, y toda clase de cosas brillantes, absurdas y molestas.

En lo que respecta al pueblo inglés, parece que la teoría del socialismo se ha subido a las nubes, y que su práctica ha descendido a las alcantarillas, y es conveniente advertir a la gente que intente informarse que ni las fórmulas de arriba, ni la tarea de abajo, son otra cosa que accidentales acompañamientos del socialismo. El socialismo es un gran proyecto, pero simple, claro y humano; sus fines no serán alcanzados por el hombre culto ni por la habilidad, sino por la resolución clara, la abnegación, el entusiasmo y la colaboración leal de grandes masas de gente.

Lo importante es, en consecuencia, sacar a las grandes masas de su confusión intelectual y de la indecisión de hoy. Supongamos que usted simpatiza con lo dicho en este folleto, y que, como mi segundo amigo, encuentra que la penosa indigencia, la grave miseria de gran parte de los hombres de nuestro mundo vuelven casi intolerable la vida en las condiciones presentes, y que es en el sentido del socialismo donde está la sola esperanza de un serio remedio.

¿Qué tenemos que hacer?. Evidentemente esforzarnos lo más posible en hacer de los demás socialistas; organizarnos nosotros mismos con los demás socialistas sin pararnos a mirar cuestiones de clase o pequeños detalles de doctrina: hacermos oír, dejarnos ver, como socialistas efectivos, donde y cuando podamos hacerlo. Tenemos que pensar en el socialismo, leer y discutir sobre él. Tenemos que confesar nuestra fe abierta y francamente. Debemos rehusar ser llamados liberales o conservadores, republicanos o democrátas, o cualquier otra apelación ambigua. Debemos crear y unir por todos los lados una organización socialista, un club, un grupo, sea lo que sea, de manera que nos hagamos notar. Para nosotros, como para los primeros cristianos, predicar nuestro evangelio es nuestra suprema esperanza. Hasta que los socialistas pueden ser contados por millones, no habrá gran cosa de lograrlo. Cuando estén ahí, un nuevo mundo será nuestro.

Ante todo, si tuviera un consejo que dar a un camarada socialista, le diría: "Aférrate a la idea simple y esencial del socialismo, que es la abolición de la propiedad privada en todo aquello que no sea lo que un hombre ha ganado o fabricado, No compliques tu causa con sistemas. Y ten presente en tu mente, si es posible, una especie de talismán que te mantenga en este evangelio esencial, fuera de la turbación y de las luchas que suscitan las discusiones cotidianas."p> Por mi parte, tengo como he dicho al principio, un interés especial en el calzado, y he aquí mi talismán: la imagen de una niña de diez a once años, mal alimentada, pero más bien guapa, sucia, y con las manos endurecidas por rudos trabajos, su pobre cuerpo gracioso de niña cubierto de malos harapos, y en los pies gruesos zapatos usados que la hacen daño. Y en particular pienso en sus pobres tobillos delgados y en sus pies que arrastra, y todos esos fantasmas de poseedores y de accionistas de los que he hablado acompañando su martirio, con sanguijuelas pegadas a sus pies.

Deseo ver cambiar en el mundo la causa de este estado de cosas y no me preocupo de los obstáculos que se presentan en el camino ¿Y usted?p> He aquí un sencillo ejemplo brutal para ilustrar lo que he dicho. Es un extracto de una carta de un obrero a mi amigo, Sr. Chiozza Money, uno de los escritores mejor informados acerca de los problemas de trabajo en Inglaterra:

"Soy bracero, y gano regularmente 30 chelines por semana (425 pesetas). Soy el feliz (¿) padre de seis hijos que están bien. El año pasado compré veinte pares de zapatos. Este año, hasta hoy, he comprado diez pares, por dos libras (340 pesetas), y, sin embargo, mi mujer y cinco de los niños no tienen más que un par. Yo tengo dos pares, y los dos calan; pero ahora no veo la ocasión de comprar nuevos. Debo decir además que mi mujer es una excelente ama de casa, y que yo mismo soy un hombre de lo más sobrio. Tanto es así, que si pusiese a un lado lo que gasto de superfluo en un año, no tendría para comprarme un par de zapatos con ellos. Pero he aquí lo que quería decir: "En 1903, mi salario era de 25 s/l. D. por semana, y tenía entonces ya mis seis hijos. Mi vecino de descansillo hacía y remendaba zapatos. No tenía trabajo, y esto duraba meses. Durante este tiempo los zapatos de mis hijos necesitan repararse, y yo necesitaba remendarlos tal cual. Un día pensé que estaba remendando zapatos de un lado de un muro, y que mi vecino no tenía trabajo del otro lado, y hubiera tenido necesidad de la obra que estaba obligado a hacer yo mismo". El muro era una organización comercial de la sociedad basada en la propiedad individual del suelo y de los productos naturales. Estos dos hombres estaban forzados a trabajar para propietarios, o de ningún modo. La comida primero, más el alquiler, y los zapatos, si puede, cuando todos los propietarios están pagados...
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Autor y licencia de 'Miseria de los zapatos'


Artículo de H. G. Wells. Extraido de: http://www.lainsignia.org CopyLeft
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