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Miseria de los zapatos - Una posible discusión

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CopyLeft Artículo de H. G. Wells - 13 de Septiembre de 2005
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3. Una posible discusión
Ahora, supongamos que alguien discute lo que estoy diciendo. Espero que nadie me negará que gran parte del sufrimiento de nuestro mundo civilizado (no digo todo, sino solamente una gran parte) proviene del conjunto de miserables insuficiencias de las que he cogido el más simple ejemplo en esta miseria de los zapatos. Pero creo que mucha gente estará dispuesta a asegurar que estos sufrimientos sean inevitables. Dirá que es imposible que todo el mundo tenga lo mejor; que de todas las buenas cosas, comprendido el buen cuero y los buenos zapatos, no hay bastante para todo el mundo: que la gente de clase baja no debería quejarse de su vida miserable e incómoda, sino considerarse dichoso por vivir, teniendo en cuenta lo que son, y que no es bueno enfrentarse contra cosas que no pueden cambiar ni volverse mejores. Estos argumentos no pueden ser desechados sin más; es muy cierto que todo el mundo no puede tener lo mejor; y está dentro de la naturaleza de las cosas que ciertos zapatos sean mejores y otros peores. A algunas personas -sea por pura casualidad o por la fuerza de su poder- les caerán en suerte los zapatos superiores, el cuero más fino y el corte más elegante. Nunca he negado eso. Nadie sueña con un tiempo donde todos tendrán exactamente zapatos igual de buenos; no predico una igualdad tan infantil, tan imposible. Pero va mucha distancia de reconocer la necesidad de una cierta vanidad pintoresca e interesante en esta cuestión de calzado, a admitir que la mayor parte de la gente no puede esperar nada mejor que estar calzados de una manera a menudo penosa, incómoda, malsana o muy fea de ver. Es algo que me rehuso por completo a aceptar. Hay el suficiente buen cuero en el mundo para hacer buenos y bonitos zapatos y calzado para todos los que tengan necesidad, bastantes hombres desocupados, y bastante fuerza y máquinas para hacer todo el trabajo requerido; bastantes inteligencias sin empleo para organizar la fabricación de zapatos y su distribución a todo el mundo. ¿Dónde está el obstacúlo?

Hagamos la pregunta de otra manera, Vemos por un lado -puede juzgar por sí mismo, en cualquier lugar "chic" de Gran Bretaña- gente mal calzada, incómoda y penosamente, zapatos viejos, podridos, horribles; por otro lado, vastas extensiones de terreno en el mundo, con posibilidades ilimitadas de ganado y de cuero, y mucha gente que, sea por fortuna, sea efecto de una crisis en los negocios, están sin hacer nada. Y nos preguntamos: "¿Por qué no poner esta gente a la obra para hacer y distribuir los zapatos?

Imagine que usted mismo intenta organizar algo de esta especie de Empresa de Zapatos gratuitos, y considere qué dificultades encontrará primero. Primero tiene que buscar el cuero. Imagínese partiendo hacia América del Sur. Por ejemplo, para buscar el cuero: para comenzar por el principio, se pone a matar y a desollar un rebaño de ganado. Enseguida es interrumpido. Su primer obstáculo se presenta en la persona de un hombre que les dice que el ganado y el cuero son suyos. Usted explica que tiene necesidad de cuero para la gente que no tiene zapatos convenientes en Inglaterra. Le responderá que le importa un rábano lo que usted quiere hacer con ello: antes de cogerlo, tiene que comprarlo; este cuero es de su propiedad privada, el ganado y el suelo donde pasta el ganado. Si le pregunta que cuánto quiere por su cuero, le dirá francamente que todo lo que pueda sacarle. Si por azar, es una persona de una bondad de carácter completamente excepcional, podrá quizás discutir con él. Podrá exponerle que este proyecto de dar a la gente excelentes zapatos era magnífico y pondría fin a muchas de las miserias humanas. Hasta puede ocurrir que simpatice con su generoso entusiasmo, pero creo que le encontrará de piedra, en su resolución de sacar por su cuero todo lo que pueda pagarle, haciendo el máximo esfuerzo. Supongamos que ahora le dice: "Pero, ¿cómo ha llegado a poseer este suelo y este ganado, de manera que esté entre ellos y la gente que los necesita, sacándoles este provecho?". O bien comenzará a contarle una larga serie de desatinos, lo que es más probable, se enfadará y rehusará responder. Siguiendo sus dudas en cuanto a la justicia de su propiedad sobre estas cosas, podrá admitir que merece un salario razonable por el cuidado que ha tenido del terreno y del rebaño. Pero los ganaderos son una raza violenta y brutal, y es dudoso que pudiese ir lejos con su proposición de un salario razonable. Tendrá que comprar el cuero de este propietario a buen precio -dejándole que saque todo lo que pueda- si quiere continuar su proyecto.

Bien; entonces tendría que traer este cuero hasta aquí, y para ello le haría falta expedirlo por ferrocarril o por barco, y de nuevo se encontraría con gente sin deseo ni voluntad de ayudarle en su proyecto, obstruyendo su camino, resueltos a sacar de usted hasta el último céntimo en el curso de su negocio de proveer a todo el mundo de buenos zapatos. Vería que el ferrocarril es una propiedad privada, de uno o varios empresarios, y que cada uno de ellos no estaría satisfecho con un simple salario en relación con sus servicios. También ellos estarán decididos a exigir de usted hasta el último céntimo. Si hiciese encuestas sobre la cuestión, probablemente encontraría que los verdaderos propietarios del ferrocarril y del barco son compañías de accionistas, y que el interés obtenido en esta etapa sobre los zapatos del mundo pobre va a llenar los bolsillos de ancianas señoras en Torquay, de pródigos en París, de "gentlemen" bien calzados en los clubs de Londres, todos ellos gentes distinguida.

Bueno; por fin su cuero está en Inglaterra; ahora quiere hacer los zapatos, Lo lleva hasta un centro de población, invita a los obreros a venir, instala talleres y máquinas en un terreno inocupado, y se lanza en un furor de industria generosa, a hacer zapatos... ¿Me comprende usted?. He aquí que un propietario se adelanta, reclama este terreno como su propiedad, pide un alquiler, una suma enorme. Y descubre que sus obreros no pueden tener una casa a menos de pagar también un alquiler -cada pulgada del país es propiedad de alguien, y un hombre no puede cerrar los ojos durante una hora sin el consentimiento de algún propietario-. Y el alimento que comen, sus zapateros, los vestidos que llevan, han pagado todos por ello tributo y beneficio a propietarios de tierras, de coches, de casas, tributo sin fin, más allá del justo salario del trabajo que ha sido realizado por ellos...

Podríamos continuar así. Pero usted comienza ahora a ver una parte al menos de las razones por las cuales todos no tenemos buenos y cómodos zapatos. Habría bastante cuero, y ciertamente hay bastante trabajo y suficientes inteligencias en el mundo para organizar esto y una infinidad de otras cosas buenas. Pero la institución de la propiedad privada de la tierra y de productos naturales, el obstáculo de esas reclamaciones que le impiden utilizar el suelo, o de desplazar los materiales, y que es necesario comprar a precios exorbitantes, he aquí lo que obstaculiza el camino. Todos estos propietarios se pegan como parásitos a su negocio y a cada nueva etapa; y cuando tenga estos buenos zapatos en Inglaterra se dará cuenta de que cuestan alrededor de 25 francos el par, un precio fuera de los medios de la mayoría de la gente, Y no le parecerá mi imaginación demasiado extravagante, si le confieso que cuando pienso en todo esto, y miro en la calle los zapatos de los pobres, y los veo cortados, deformes y muy feos, veo también muchos pequeños fantasmas del suelo, propietarios de todas clases, pululando como sanguijuelas bajos sus pobres pies heridos y cansados, cogiendo mucho y no dando nada, y que son única causa verdadera de todas estas miserias.

Y pensamos, ¿es eso una cosa necesaria e inevitable?. He aquí la pregunta clave. No hay ningún otro medio de arreglar las cosas que dejar a estos empresarios exigir lo que reclaman, y chupar de la vida del pueblo común el confort, la fortaleza de ánimo, la dicha. Porque naturalmente no se contentan con que los zapatos sean insuficientes y malos. Las exigencias y los beneficios de los propietarios del suelo y de los inmuebles, son las que hacen nuestras casas tan pesadas, sórdidas y caras, que hacen que nuestras carreteras y nuestros ferrocarriles tan molestos e incómodos, que roen nuestras escuelas, nuestros vestidos, nuestra comida: los zapatos no han sido más que un ejemplo de un mal universal.

Ante esto, mucha gente dice que hay cosas más interesantes que hacer, y que el mundo podría ser infinitamente mejor en todos estos aspectos, más feliz y mejor que nunca ha sido, negando que existe la propiedad privada en todas estas cosas universalmente necesarias. Dicen que es posible que el suelo sea puesto en explotación, y que las cosas comunes y necesarias, como el cuero y los zapatos hechos, sean surtidas, y realizados una serie infinita de otros servicios de interés general, no para el provecho de unos individuos sino para el bien de todos. Proponen que el Estado tome el suelo, los ferrocarriles, los barcos y otras muchas empresas a sus empresarios que no las usan más que para usurpar al pueblo medio para sus estériles gastos privados, y deberían por el contrario administrar estas cosas generosa y esforzadamente, no para la ganancia sino para el servicio. Consideran que la verdadera raíz del mal es esta idea de lucro. Esta penosa aflicción por los zapatos no es más que un símbolo típico para los socialistas y para la gente que tiene la esperanza de llegar a un cambio en el mal estado de las cosas actualmente.
Autor y licencia de 'Miseria de los zapatos - Una posible discusión'
H. G. Wells Extraído de: http://www.lainsignia.org CopyLeft
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