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Nietzsche: el contraespíritu del cristianismo - El Dios de los filósofos es un Dios escondido

Artículo creado por Víctor M. Alarcón Viudes. Extraido de: http://serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/contenidos.html
11 de Junio de 2006
FilosofíaPensamiento y política

3 - El Dios de los filósofos es un Dios escondido

El Dios de los filósofos es un Dios escondido (Deus absconditus). El Dios de Nietzsche está íntimamente anclado en la concepción metafísica de lo real-universal in toto. Pero éste es un Dios que no se manifiesta, que no está «ahí», a-la-mano. Un dios que exige fe ciega en él pero que no muestra un signo, una señal. Todo el pensamiento metafísico y teológico de Occidente sobre Dios lucha con esta paradoja. Todo el intelecto de los pensadores se resuelve en un intento de encuentro con ese Deus absconditus. En ese intento es donde se produce el alejamiento del ser, que es para Nietzsche, el alejamiento de la vida y de la prístina voluntad de poder. Para Nietzsche es identificable el ser con la vida, y esta con la voluntad de poder. Ese Dios que se esconde es un Dios alejado, extraño a las fuentes de la vida. Un Dios que «gusta de ocultarse»20:

«Un Dios omnisciente y omnipotente que no se cuida siquiera de que sus intenciones sean comprendidas por sus criaturas, ¿será un Dios de bondad? Un Dios que deja subsistir durante millares de años innumerables dudas y vacilaciones, como si no tuvieran importancia para la salvación de los hombres y que, sin embargo, amenaza con las consecuencias más terribles en el caso de que nos engañemos acerca de la verdad, ¿no sería un Dios cruel, que poseyendo la verdad podía asistir fríamente al espectáculo que ofrece la humanidad atormentándose cruelmente a causa de ella? ¿Será, sin embargo, un Dios de amor y consistirá todo en que no pudo explicarse más claramente? ¿Le faltará ingenio para ello o elocuencia? […] Un creyente desesperado […] sería verdaderamente disculpable, si la compasión hacia Dios afligido estuviera más a su alcance que la compasión hacia el prójimo, porque los demás hombres no serían ya sus prójimos si aquel gran solitario [Dios] fuese el más afligido de todos, el que tuviera mayor necesidad de consuelo.»21

El mundo griego se ha derrumbado y en su lugar ha surgido el mundo cristiano con su constelación de ángeles (ángel significa «mensajero»), santos, vírgenes, &. «Según Nietzsche, el momento en que surge la metafísica en Grecia es un momento de la decadencia de la vitalidad. El pueblo griego se ha debilitado interiormente y no se siente seguro en el mundo real. Entonces se crea un mundo imaginario, produciéndose así una escisión del mundo en un mundo real y un mundo ideal. El mundo real es un mundo en el tiempo: el mundo del nacer y el perecer, de las contradicciones, del dolor y de la muerte; el mundo de las ideas, en cambio, es un mundo fuera del tiempo, eterno, perfecto donde no existe el dolor ni la muerte, al que huye por no poder resistir más el mundo real. “Platón —dice Nietzsche—es un cobarde frente a la Realidad; por eso huye a lo ideal.”»22

Una nueva filosofía se encumbra y se hace fuerte impregnado todo atisbo de realidad, todo instante del tiempo histórico, todo devenir en forma de Espíritu (Hegel: Espíritu Absoluto, Espíritu Objetivo). El Dios de los filósofos también se ha impregnado de la teología natural y ha sucumbido a esa idea mesiánica del mundo que conforma el existir de nuestra realidad; lo que nosotros somos en el proceso de la Historia. Una nueva heurística hecha de exégesis bíblica impera por doquier. El mundo se transforma e incorpora una nueva esencia, un nuevo fundamento. Lo que critica precisamente Nietzsche es justamente la «transvaloración de todos los valores» que la nueva visión del mundo ha creado. Los valores cristianos, su sistema valorativo ha invertido la realidad.

En lugar del mundo de aquí, el único mundo existente, ha colocado el mundo del «más

allá»; un mundo irreal formado por entes inconcebibles para la razón pero que son aceptados merced a un acto fideísta, de fe, que se ejerce desde el interior de las mentes

humanas gracias a la posibilidad que ésta tiene de fabricar una imaginería divina.

Los valores del mundo de la Antigüedad son transvalorados y colocados a la inversa. Esa transvaloración (Umwertug) coloca la pirámide natural de la realidad situada boca abajo y lo que antes eran los valores preponderantes ahora son los valores antagónicos. Los conceptos de fuerza, vida, energía, poder, & se invirtieron y en lugar de ellos se colocaron otros valores propios de la psicología del rebaño, de los pobres y desamparados, de los enfermos y débiles que han creado una constelación religiosa e ideológica que le es beneficiosa. La psicología aristocrática, la psicología de los poderosos de la tierra, ha sido invertida por la psicología de «los muchos». El hombre adocenado, el hombre medio, incapaz de la lucha por la existencia, se ha fabricado un mundo de realidad que él habita, consolándolo de los esfuerzos de la existencia, de los dolores de la vida. La condición salvífica de la nueva religión permite un cosmos, un sistema de creencias que actúa como placebo psíquico para hacer soportable la existencia.

El hombre fuerte ha sucumbido; ha sido debilitado y enfermado. Hasta el mundo germánico y escandinavo sucumbe ante el avance arrollador del cristianismo:

«Que las fuertes razas de la Europa nórdica no hayan rechazado de sí el Dios cristiano es algo que en verdad no hace honor a sus dotes religiosas, para no hablar del gusto. Tendrían que haber acabado con semejante enfermizo y decrépito engendro de la décadence. […] ese deplorable Dios del monotono-teísmo cristiano!, ¡ese híbrido producto decadente, hecho de cero, concepto y contradicción, en el que tienen su sanción todos los instintos de la décadence, todas las cobardías y cansancios del alma! — —»23

La cosmovisión cristiana24 otorga pleno poder a un sistema que ya no es meramente psicológico-religioso-ideológico sino que se inscribe en la Historia y en las estructuras sociales y políticas del nuevo mundo que está emergiendo. El «orden moral del mundo» se ha transvalorado. El cristianismo como sistema, en trance de alcanzar una arquitectura ideológica consolidada, se va constituyendo con el mismo proceso de crecimiento y se afianza de forma importante cuando Teodosio, en el año 380 d. C. hace religión oficial del Estado a la religión cristiana. A partir de entonces, el cristianismo irá penetrando en la estructura política de los estados hasta conformar una cosmovisión plena que dota de características particulares a la cultura europea asegurándole un fuerte sentido religioso unificado por una creencia y por un Dios monoteísta. El «hombre fuerte» de la Antigüedad, dueño y señor de la tierra y de las almas, es sustituido en parte por un nuevo tipo humano cuyas características difieren claramente del hombre engendrado por la cultura grecolatina. El subsistema religioso del cristianismo pasa a ser un subsistema capital para la topología social y cultural de Occidente25

Toda la historia del cristianismo puede ser entendida como una psicogénesis o psicodrama de la Humanidad a partir de dos mil años atrás26 . Tiene que existir un profundo sentido de la «culpa» para que los seres humanos hayamos creado una religión de ese tipo. El ser humano tiene que ser consciente de su maldad intrínseca manifestad en la Historia para fabricar una religión como el cristianismo. Algo funciona mal en la realidad ontológica-antropológica del ser humano para que se produzca esto. El hombre debe reconocerse como «malvado» en la Historia para que surja una religión de la culpa y de la redención (psicosociología amplia de la Humanidad)27. ¿Qué es lo que funciona mal en el hombre?: su maldad natural, su violencia congénita (¿el «mono asesino»?), su agresividad consustancial, su ser enemigo para los otros, tanto dentro del grupo de pertenencia (intragrupo), como fuera de él (intergrupos). Esto es algo que sucede desde los orígenes de la hominización en la familia hominidae. Una vez que esto se desenvuelve de este modo, el genio religioso crea la posibilidad de la expiación, la redención, la salvación (lo salvífico) a través de la «renuncia» al yo violento, &. Pero la Iglesia para incorporar su visión tuvo que constituirse en autoridad. Entonces las formas del poder se organizaron de otra manera; en otro modelo: el triunfo de los débiles y enfermos sobre los fuertes originales:

«La Iglesia primitiva luchó, en efecto, como es sabido, contra los “inteligentes” a favor de los “pobres de espíritu”: ¿cómo aguardar de ella una guerra inteligente contra la pasión? — La Iglesia combate la pasión con la extirpación, en todos los sentidos de la palabra: su medicina, su “cura” es el castradismo. No pregunta jamás: “¿cómo espiritualizar, embellecer, divinizar un apetito?” — en todo tiempo ella ha cargado el acento de la disciplina sobre el exterminio (de la sensualidad, del orgullo, del ansia de dominio, del ansia de venganza). — Pero atacar las pasiones en su raíz significa atacar la vida en su raíz: la praxis de la Iglesia es hostil a la vida…».28

El poder29 sigue subsistiendo en otra forma y con ello la violencia, la agresividad y la dominación de unos sobre otros y de determinada nueva clase —la clase que emerge

alrededor de la Iglesia— social con respecto al resto de clase sociales: «La Iglesia ha querido siempre la aniquilación de sus enemigos: nosotros, nosotros los inmoralistas y

anticristianos, vemos nuestra ventaja en que la Iglesia subsista…»30. La Iglesia se instituye en la cosmocéntresis de los nuevos poderes que están emergiendo. La vieja aristocracia primero y luego la burguesía van asociándose al poder clerical. Se modifican estructuras antiguas de poder para adaptarse a la nueva realidad. El cosmocentrismo de la Iglesia atrae hasta sí toda una panoplia de nuevas formas de poder que están interesadas en las ventajas que la nueva centralidad del poder que la iglesia ofrece. Con ello, la topología de la nueva forma civilizatoria, cultural y social queda definida durante siglos y alcanzará la mayor preponderancia en los mil años de Edad Media. En ellos se olvida el gran legado de la edad griega que queda relegado meramente a los depósitos de los monasterios y a la tradición filosófica del mundo islámico. Los grandes pensadores del Islam serán los que, retomando el pensamiento griego, sobre todo de Aristóteles, mantengan viva la llama de la gran tradición de pensamiento engendrada por Grecia aproximadamente quinientos años antes del cristianismo.

En realidad la religión cristiana se sostiene ideológicamente en un reconocimiento implícito o tácito —por parte de la Iglesia— de la maldad consustancial del Hombre. Se pretende cambiar el «orden natural» de las cosas (el poder y sus formas) sustituyendo, «transvalorándolo» por otro orden cultural-ideológico. Sabemos que lo que en verdad

acontece es un cambio de poder por otro al tiempo que no se resuelve el problema de la

supuesta maldad congénita del hombre. Todas las «filosofías de salvación» (Marx, Freud,

Nietzsche, Krishnamurti, &); también gran parte de la sociología, tratan de salvar al hombre del hombre (Hobbes: «homo homini lupus»). Con lo cual se reconoce el carácter malvado, oscuro y terrible de «animal asesino» en que consiste el hombre. Se trata de un escapismo del reino de «lo que es» al reino de «lo que debe ser». Los fuertes, la moral del hombre fuerte de la antigüedad del paganismo o de los aristocráticos germanos, ha sido sustituida por la moral de los débiles y cansados de la vida. Se somete al fuerte a una enfermedad (el pecado); se le dice: «ser fuerte es un pecado» y con ello se le debilita y enferma: «Dicho fisiológicamente: en la lucha con la bestia el ponerla enferma puede ser el único medio de debilitarla. Esto lo entendió la Iglesia: echó a perder al hombre, lo debilitó, — pero pretendió haberlo “mejorado”…»31

Pero en definitiva lo que se hace es intercambiar un tipo de poder por otro. El poder, en su ontología, persiste. También en las nuevas formas de relación humana. Esto se debe a la estructura ontológica de lo real-universal. Una «antropoontología» del hombre: su maldad consustancial, según la Iglesia. En realidad toda la tradición intelectual humanística pretende resolver este problema. Forma parte de la filosofía y es esencial en la antropología filosófica. Las formas tradicionales de intentar resolver este problema han sido: i) la religión, ii) la política, iii) las ideologías, iv) algunos tipos de filosofía, v) sociología, antropología, vi) psicología y psicología social.32

Las religiones han fracasado en su intento salvífico. El hombre sigue siendo lo mismo que hace miles de años y se corre un peligro fatal con respecto a las estructuras sociales y a la conciencia que las mantiene: in girum imus nocte et consumimur igni.

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Víctor M. Alarcón Viudes Extraído de: http://serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/contenidos.html

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