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No solo el fuego de Benjamín Prado. La venganza de la memoria - Características narrativas de "No solo el fuego"

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CopyLeft Artículo de Eva Navarro Mar - 12 de Septiembre de 2006
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1. Características narrativas de "No solo el fuego"

Benjamín Prado apareció con su primera novela en 1995, después de haber publicado algunos libros de poemas. Con esta novela, titulada Raro, y más tarde con su segunda, Nunca le des la mano a un pistolero zurdo, publicada en 1996, el escritor madrileño fue encuadrado en un grupo de escritores (también jóvenes), que aparecían por esa fecha en el panorama literario español con novelas de características semejantes (por lo menos a grandes rasgos). Se trataba del grupo de la llamada Generación X, en la que se incluyó una amplia nómina de escritores que aparecieron en las letras españolas con una apariencia y una actitud poco usual para un escritor, hasta entonces. Aparte de esto, es en sus novelas donde se encuentran las verdaderas causas que hicieron englobarlos en una generación. Estas fueron, en resumen: el haber nacido en los años 60 y principios de los 70, la introducción de un ambiente eminentemente urbano (generalmente Madrid) en el que los principales escenarios son bares, discotecas o autopistas, y unos protagonistas jóvenes de quienes, prácticamente la única actividad que se muestra -aparte de algunos estudios o irregulares trabajos- es la de salir de por la noche, meterse todo tipo de drogas o huir de la familia o la policía. A estos temas se le añade, la inclusión de un lenguaje totalmente novedoso para la literatura, extraído de la calle y lleno de neologismos y marcas publicitarias, además de muchos ingredientes de la vida contemporánea como el cine, nombres de famosos -especialmente actores o músicos- e incluso fragmentos de letras de canciones. En Raro y Nunca le des la mano a un pistolero zurdo, Benjamín Prado hace uso de estos elementos, aunque lo haga manteniendo una cierta línea que le es característica desde el principio y que se traduce en el tratamiento de unos temas recurrentes en su mundo literario y un estilo muy poético a la hora de narrar.

Sin embargo, en No sólo el fuego (1999) se aprecian cambios sustanciales en su técnica narrativa, así como en algunos de los temas y recursos estilísticos que utilizaba frecuentemente en las anteriores. Su prosa, aunque sigue manteniendo ese mismo tono personal que nos recuerda siempre su faceta de poeta, da un giro en cuanto a algunos aspectos que antes eran ejes fundamentales. En las otras novelas los personajes en los que se centraba eran principalmente jóvenes que se movían dentro del mundo de la música rock, los amigos y, en muchas ocasiones, dentro de un núcleo familiar más o menos conflictivo, y quienes además, no se entendían muy bien con el resto de la sociedad (especialmente con generaciones mayores). También sus anteriores obras están plagadas de elementos extraídos de la realidad y la cultura cotidianas como: marcas publicitarias, títulos de películas, etc. y la sintaxis que usa (como sucede también con Ray Loriga) se basa en frases cortas, que incluso a veces parecen versos.

En No sólo el fuego se pueden notar cambios que hacen que Prado quedara fuera de los márgenes de ese grupo en el que fue englobado en los primeros años de sus publicaciones, antes de que lo hicieran algunos de sus “compañeros de generación”. Es, por tanto, una de las obras de los autores jóvenes de los noventa que primero cierra la tendencia narrativa referida, y con la cual irrumpieron en las letras españolas. En primer lugar, en No sólo el fuego no se describe únicamente a una generación de chicos jóvenes, sino a cinco generaciones de una familia, con cuya problemática se lleva a cabo un recorrido por la historia más reciente de España. Si en las anteriores novelas sólo teníamos una idea de la época en que la historia estaba ambientada por las referencias culturales: el cine, las marcas publicitarias y los grupos musicales, en esta obra el tiempo y los espacios son concretos: Madrid a finales del siglo XX, (también son reconocibles otros escenarios y los acontecimientos que se cuentan como pasados). Las marcas, los nombres de grupos de rock u otros estilos musicales escasean en comparación con las dos primeras, (aunque no obstante, en la anterior novela Alguien se acerca se podía palpar el inicio de este cambio). Tampoco la literatura -que antes era un tema omnipresente- es ya el eje de la narración o la temática y sirve únicamente como recurso para tratar a uno de los personajes.

De las cinco generaciones que Prado describe en su obra, la primera está formada por un matrimonio de republicanos que, después de la guerra, tienen que malvivir en la miseria y con la lacra de ser considerados malditos por el régimen de Franco; la segunda generación está representada por el hijo de estos, Truman, y refleja al grupo de exiliados republicanos en Latinoamérica. Una tercera está formada por el hijo de Truman, Samuel, y su mujer, Ruth, en este caso se trata de la última generación del franquismo, la de los “progres” que vivieron la época final de la dictadura y lucharon activamente contra ella. La cuarta es la de Marta, la hija de éstos, perteneciente a una generación nacida ya después del franquismo y ajena a estos problemas; la quinta y última es la del hijo menor: un niño al que le cae un rayo. De todas estas, Prado se detiene especialmente en dos de las generaciones: la más inmediata al final de la guerra: la de los exiliados -representada por el abuelo Truman- y la de los últimos años del régimen. El hilo conector de la novela es la historia de Ruth y Samuel: un matrimonio fracasado que no ha obtenido de la vida lo que esperaba de ella. Su problema se trata a lo largo de la obra, dando al lector la sensación de que quizá habrá un desenlace que cambié la situación; sin embargo, el final solo cerrará un marco circular que deja a los personajes dentro de esta historia, ya que la novela termina igual que empieza.

Los personajes de No sólo el fuego forman una familia “convencional” (aunque peculiar en sus problemas también). El padre, Samuel, es uno de los llamados “progres”, cuya principal característica es que se ha convertido en un hombre materialista y ahorrador hasta la ruindad. Abandonados los grandes ideales que defendía en su juventud, la lucha para él consiste ahora en el trabajo diario de ir a la oficina. Su rutinaria y aburrida cotidianidad, que para él es el único logro de su vida, será el motivo de reproche de su familia, especialmente de su mujer, y lo que conduzca su relación al fracaso. Samuel es un hombre que no se esfuerza en comprender a los que le rodean, y que vive en un mundo que él ha construido con la idea de que ésta es la mejor opción.1 Su mujer, Ruth, es una persona igualmente desengañada de los valores por los que había apostado; su opinión del hombre con el que vive es que un absoluto mediocre, que no guarda nada del chico luchador y “líder” del que ella se enamoró y de quien, en el fondo, sigue estándolo. El personaje de la hija, la única protagonista joven (además de sus amigos) no esta muy bien definido y tampoco se profundiza demasiado en su problemática. Imaginamos, de hecho, la edad que tiene por orden de edad dentro de la familia. Solamente por el tipo de música que escuchan en una fiesta descrita en la novela, podemos suponer de qué generación se trata ya que hay muy poco en su lenguaje o modo de actuación que la identifique con jóvenes de su edad. Por último, el hijo menor, tiene como único interés o función en la obra -además de que le caiga un rayo, lo cual no tiene mucha relevancia para la trama novelesca- servir de interlocutor a las historias que su abuelo le cuenta sobre su pasado. No obstante, ninguno de los personajes que aparecen en esta obra es multiforme sino que todos están tratados desde uno de sus problemas solamente.

En este artículo me centraré en los temas de la novela que me parecen más importantes, no sólo por el giro que suponen en la narrativa de Prado sino por lo que pueden tener de referente a la realidad social en la España de la última mitad del siglo XX y sobre todo en las tres últimas décadas. Uno de los elementos fundamentales de esta obra es el tema de la huida: una de las claves de la obra de Prado. Aunque era una constante en las anteriores obras, se presenta ahora con una variante: si los personajes de las obras anteriores huían de su situación presente y, especialmente, de su pasado, los de No sólo el fuego van en busca de él, haciendo de su memoria el sitio por excelencia donde desconectar de la vida que tienen y del mundo que los rodea.

Autor y licencia de 'No solo el fuego de Benjamín Prado. La venganza de la memoria - Características narrativas de "No solo el fuego"'
Eva Navarro Mar Extraído de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero21/b_prado.html CopyLeft
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