



[1] Una primera versión de este trabajo fue leída en el congreso internacional de la Latin American Studies Association en septiembre de 2001, Washington DC, USA. Hago la salvedad, entonces, de que este texto fue escrito con anterioridad a los acontecimientos vividos en Argentina durante las jornadas del 19 y 20 de diciembre de ese mismo año (que pusieron punto final a la presidencia de Fernando de la Rúa) y los posteriores a esa fecha.
[2] El énfasis me pertenece.
[3] El subrayado es mío.
[4] En un artículo mío aparecido en Objeto visual (2000) recurrí a similares claves analíticas al trabajar con el estatuto representacional del cuerpo y el terror en el cine argentino de la postdictadura.
[5] Para revisar algunos de los estudios que, entre otras numerosas cuestiones, se ocupan de establecer conexiones entre el Discurso del método de Descartes y la segunda parte de la novela de Piglia, véanse, por ejemplo, Berg (1994) y Avelar (1995, 1999). Demaría (1999), por su parte, hace referencias a la desaparición del cuerpo y la resistencia del mismo (incluso elabora la distinción presencia-voz/ausencia-cuerpo), pero no se detiene en la relación que lo vincula con Descartes y el racionalismo.
[6] Para esta parte de mi trabajo acudí a los aportes filosóficos de López Gil en El cuerpo, el sujeto, la condición de mujer y de Subirats en Metamorfosis de la cultura moderna que me obligaron a repensar estas relaciones de la literatura con el sujeto cartesiano.
[7] Esta noción de “particularidad de personas y hechos” la tomo de Silvestri (18) quien, al referirse a un artículo de Paola di Cori, la utiliza en relación al trabajo de la memoria que viene construyéndose en Argentina mediante la incansable labor de numerosas organizaciones civiles dedicadas a los derechos humanos.
[8] En todas las citas del texto de Mercado las letras en bastardilla pertenecen al original.
[9] Con esta propuesta retomo lo expuesto en el artículo ya nombrado de Objeto Visual donde --en relación al cine argentino de los noventa-- apelo a la misma noción de fuerza que nos habita. Moreiras (1999) también establece una conexión entre el texto de Mercado y esos lazos comunales, pero no lo hace a partir de la mencionada persistencia en lo corporal, sino desde la posibilidad restitutiva de la escritura misma: “Sólo esa escritura [“escritura del futuro”] podrá, incluso desde la mayor y más profunda destitución, o precisamente desde ella, restituir la noción misma de comunidad cuya pérdida fue el logro más estable de los años del Proceso” (396).
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