Como consecuencia de la violencia que atraviesa a la sociedad, las organizaciones deben estar preparadas para enfrentar situaciones en las que el compromiso personal, hace la diferencia. Así opina la Lic. Felisa Vinderman, Psicopedagoga, Docente Universitaria, Consultora de Empresas, Especialista en Intervención Psicológica en Situaciones de Crisis y Stress Comunitario.
“No podemos impedir que las aves de la tristeza vuelen sobre nuestras cabezas, sin embargo podremos evitar que construyan su nido en nuestra cabellera”
(Antiguo proverbio chino)
La violencia urbana es un fenómeno que atraviesa a la sociedad en su conjunto, de la cual, los lugares de trabajo no están exentos. Asaltos, atentados, accidentes, incendios, catástrofes naturales y producidas por la mano del hombre, involucran a las personas que trabajan. Hay sin embargo algunas áreas de trabajo, como la de vigilancia y la de seguridad e higiene, entre otras, que están constantemente expuestas y en contacto con situaciones de riesgo, real o posible.
¿Qué recaudos toman las organizaciones para prevenir y abordar las situaciones de stress y erosión psíquica que produce la exposición prolongada y sistemática a estas situaciones? ¿Cómo se evalúa y se significa el alto número de suicidios entre, por ejemplo, vigiladores? ¿Se puede hacer algo más que curar heridas, rescatar del siniestro y justificar inasistencias por accidente de trabajo, con las personas afectadas por este tipo de suceso? ¿como se mide el costo de estas afecciones?
La experiencia de estar expuesto; de diversa forma; a situaciones traumáticas, deja profundas huellas por largo tiempo, no solo en quien la vivió en su propio cuerpo, sino también en los que, por distintos motivos, se encuentran en cercanía física y/o afectiva.
Hay dos tipos fundamentales de consecuencias: el síndrome del “stress post-traumático” y la erosión psíquica, que dependen del tipo de exposición a acontecimientos traumáticos a que se está expuesto.
Llamamos ”stress post-traumático” a estos efectos que se producen en nuestro psiquismo cuando atravesamos situaciones que no podemos elaborar. La situación de stress es un estado de emergencia, en el cual actúan al unísono todos los mecanismos físicos y psíquicos en un inmenso esfuerzo, a fin de sobreponerse a la sensación de un peligro que se avecina. Esta reacción de emergencia que ayudó al hombre primitivo a sobrevivir en sus condiciones, puede llegar a ser perjudicial, dado que a consecuencia de ella, el organismo queda exhausto y expuesto a enfermedades.
Algunas de sus manifestaciones son: hipertensión, palpitaciones, rubor o palidez, contracciones estomacales, sequedad en la boca, aumento de la transpiración, miedo, ansiedad, ira, sentimiento de culpabilidad, agresividad, tartamudeo, distorsiones perceptivas, pérdida de memoria, distracción, insomnio y/o pesadillas.
Consideramos la erosión psicológica como resultado de una presión emocional constante y repetida, asociada a una involucración intensa con personas, durante periodos prolongados de tiempo. Esta involucración está presente en todas aquellas profesiones en que se trata de brindar algún tipo de asistencia (médica psicológica, etc.) a personas que han resultado víctimas o afectadas por distintas tragedias y/o catástrofes. Podemos definirla como un n proceso gradual de agotamiento psíquico, físico y emocional, asociada con un compromiso intenso con los receptores de la actividad profesional, durante prolongados periodos de tiempo y producto de nuestra dificultad para confrontarnos adecuadamente con situaciones de stress. (Inbar 1980,1983). Este fenómeno, que existe en potencia en la mayoría de las profesiones, afecta sobre todo, a aquellas vinculadas con servicios asistenciales, donde hay un proceso continuo de entrega profunda por parte del profesional hacia otras personas de las cuales se sienten responsables por la situación de vulnerabilidad a la que se encuentran expuestos.
La erosión psicológica afecta no solo al profesional, sino también a aquellos que son beneficiarios o receptores de su actividad, los cuales podrían llegar a convertirse en “víctimas” de las actitudes y conductas que son características de las condiciones de stress y que van en desmedro de la calidad del servicio profesional que están prestando. No nos referimos aquí a conductas conscientes ni voluntarias ni a prácticas de mala fe, sino a un proceso patológico, ajeno a la voluntad e inconsciente y por lo tanto , n i siquiera percibido por la persona afectada.
Estudios realizados al respecto indican que la erosión psicológica influye en la actitud y la conductas del individuo y esta puede manifestarse como pérdidas progresiva del interés por su tarea, y el desarrollo de sentimientos de rencor y hostilidad hacia los receptores de su tarea. La iniciativa, la honestidad, la seriedad y la vocación de servicio que caracterizan a estos profesionales en el comienzo de su trabajo, pueden llegar a ser reemplazados por la indiferencia, la rutina y el distanciamiento emocional.