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En ese punto se producirá el «efecto del centésimo mono»: una onda vibratoria de energía iluminadora avanzará por el planeta entero y su población, erradicando las formas de pensamiento y ámbitos astrales inferiores, disolviendo los velos que separan a los humanos de experimentar interiormente la esencia y la verdad divinas. La población entera de la Tierra sentirá esta ola de iluminación que empapará toda la existencia del planeta. En ese momento se activará la iluminación planetaria y el propósito, inherente al alma, de la evolución espiritual. Si los liranos, los annunaki, Lucifer, los Hermanos Oscuros y los humanos que se han alineado con la Oscuridad eligen rendirse espiritualmente en ese momento, se unirán a la ascensión planetaria y quedarán libres del pasado.
Quienes no escojan la luz experimentarán la destrucción del planeta y se encontrarán a sí mismos en una especie de centro galáctico de recuperación. Se les dará la oportunidad de evolución y alineamiento divino, pero sin obligarlos. Si piden ser libres para explorar la Oscuridad después de cierto tiempo, serán enviados a otra galaxia en la cual aún sea posible esa opción.
Incluso si algo extremo como una explosión planetaria ocurriera en ese momento, los ciento cuarenta y cuatro mil o más Seres de Cristo se limitarían a entrar en sus cuerpos de ascensión, llevándose con ellos a los demás recién despertados de la Tierra. Cuando se alcance el punto crítico de ciento cuarenta y cuatro mil el efecto de estos Seres de Cristo en la población será tan intenso que cada uno de ellos tendrá la capacidad de elevar a otros ciento cuarenta y cuatro mil humanos a los planos superiores de la conciencia. En otras palabras, los ciento cuarenta y cuatro mil Seres de Cristo crearán un salto cuantitativo para veinte mil setecientos treinta y seis millones de humanos. El velo oscuro, o la «red», como se la ha llamado, que rodea la alta atmósfera terrestre, se disolverá. Esto permitirá a los códigos galácticos impulsar plenamente a la Tierra a través del Sol. No quedará ningún plano astral inferior y todos tendrán una experiencia de «luz blanca» o shaktiput, después de la cual se encontrarán en una Tierra nueva que sea más bella y más limpia que aquella que dejaron. Estarán en la Tierra, pero en la cuarta dimensión. Quienes ya ascendieron en vidas anteriores avanzarán directamente a la quinta dimensión o incluso a otra superior.
Las escuelas de formación ya estarán preparadas para acoger a estos nuevos seres espirituales que se vuelvan tetradimensionales. Estos seres conocerán sus propias creaciones del pasado, el origen de su alma y sus objetivos, así como las enseñanzas espirituales apropiadas para ese ni¬vel de evolución. Un período de gracia de mil años envolverá a la Tierra, durante el cual prevalecerá la paz y una preocupación por la evolución espiritual. En otras pala¬bras, las escuelas mistéricas serán el centro de toda actividad durante esos mil años. Al final de ese tiempo, la Tierra asumirá oficialmente el papel galáctico de hogar de las Ciudades de Luz y escuela mistérica de otros planetas tridimensionales.
Os convertiréis en guardianes y maestros de formas de vida tridimensionales, así como nosotros, los pleyadianos, lo hemos sido para vosotros. Si tenéis éxito, en lo cual creemos, emanará de la galaxia entera una ola gigante de amor y alegría a partir de la unión de la conciencia colectiva superior con la conciencia de la tercera dimensión y de la cuarta. Esta ola de iluminación transmutará instantá¬neamente en luz pura el karma y las energías astrales inferiores que queden en vuestro anillo solar, a la vez que la ola de iluminación planetaria actuará sobre la Tierra y su población. El poder de esta ola se dejará sentir e influirá sobre la galaxia entera y toda la existencia.
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