Paracelso - Paracelso, el príncipe de los alquimistas
No hubo rama del saber médico en la cual no fuera un adelantado a su tiempo. A su destacado lugar en la historia de la ciencia añade el mérito de ser una de las mayores personalidades de la tradición ocultista occidental.
En su concepto del mundo la magia es la llave maestra que nos permite acceder a otras d imensiones de una Creación con múltiples niveles de realidad, en la cual los principios y fuerzas espirituales presiden el universo material y permiten explicarlo.
Artículo de ABEL MARTÍN ILLÁN aparecido en el núm. 118 de Año / Cero.
Phillipus Aureolus Teofrasto Bombasto eligió de entrada la vocación profética de la denuncia y la pugna con los poderes de su tiempo. Laadopción del nombre con que firmaba sus obras, Paracelso (alternativa a Celso) fue ya toda una declaración de principios. Por si no alcanzara, el día inaugural de su cátedra en Basilea empezó por subirse a la palestra paraquemar las obras de las autoridades intocables de la Medicina de su tiempo: Celso, Rhazes, Avicena y Galeno.
Su guerra contra el orden establecido se expresó siempre de la forma más radical: dictaba sus lecciones en alemán vulgar, desdeñando el latín académico y declaraba que sus colegas torturaban y mataban a los pacientes con terapias inadecuadas. Tampoco le ayudó a hacer amigos su afirmación de que había aprendido más de las curanderas y barberos sacamuelas que de los médicos y profesores en las aulas.
Para desesperación de sus enemigos, este místico iluminado de carácterapasionado fue una de las mentes científicas más vigorosas de su tiempo, un investigador infatigable de la naturaleza y un iniciado de primera línea.
Experto en alquimia, cábala y astrología también alcanzaría un lugar de privilegio en la tradición mágica europea.
Paracelso nació en 1493 en Einsiedeln, cerca de Zúrich. La casa familiar, junto al río Sihl, se conserva y aún puede ser visitada. Su padre, Guillermo Bombasto de Hohenheim, ejercía la medicina y su madre murió durante el parto o poco después del nacimiento de su único hijo. Muy pronto, el médico viudo empezó a hacerse acompañar por el niño en sus visitas diarias y, en sus ratos libres, también le enseñó los rudimentos del latín y la ciencia de las plantas. De los nombres recibidos en el bautismo, nunca usará el primero (Felipe), aunque sí el de Teofrasto (etimológicamente, «el que da a conocer a Dios»). El nombre por el cual pasará a la posteridad (Paracelso) lo eligió de estudiante, como signo de su oposición a la tradición médica que veía en Celso a una autoridad intocable. También utilizó el pseudónimo de «Helvetius Ercinita». Sus admiradores le llamaban «Lutero de la Medicina», y sus
detractores «Cacofrasto».
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