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Pasado y presente de la épica de Nuevo México - Gaspar Pérez de Villagra y Sabine R. Ulibarri (II)

Artículo creado por Juan F. Maura. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero20/nmexico.html
08 de Septiembre de 2006
Estilos literariosHistoria de la literatura

2 - Gaspar Pérez de Villagra y Sabine R. Ulibarri (II)

En cuanto a la mención del caballo como parte indispensable de la épica de Villagrá, aparecerán significativas alusiones a éste en su obra. En este caso el protagonista no será el autor Villagrá, sino el gobernador Juan de Oñate, eje y centro de toda su épica. El caballo del Gobernador Oñate tendrá también, como el caso de Ulibarri, en "Mi caballo Mago" que ser domado por alguien capaz de someter su voluntad sobre la del animal, simbolizando el poder y el control de lo que le rodea. El narrador ya nos avisa de antemano que el jinete ya estaba avituado a montar caballos "sin freno y sin riendas," dice Villagrá:

Y assí el Gobernador, qual Caio César,
Que sin freno y sin rienda gobernaba
La fuerza de caballos bien soberbios,
Assí saltó en un caballo bravo,
De terrible corage, desembuelto...
"Ea, nobles soldados esforzados,
Caballeros de Christo," fue diziendo,
"Este es noble principio conozido
Para que cada qual aquí nos muestre
Si el crédito y valor del importuno
Y pesado trabajo que seguimos
En sí tiene valor y merecen
Aquellos que le siguen gran corona."
Y con estas razones fue bolviendo
Las riendas al caballo poderoso
Y assí se abalanzó al bravo Río,
Y rompiendo las aguas fue bufando
El animal gallardo y desenbuelto.
Y puesto en la otra vanda hijadeando,
Boluio a cortar las aguas, y en la orilla,
Por los ijares bajo, y anchos pechos,
Resollando vertia y derramaua,
Sobre la enjuta arena guijarrosa,
Del hunido licor vna gran copia (Canto 10, 169-70)

Sabine Ulibarri, por otra parte, conocedor del mundo rural en todas sus dimensiones, lo presentará con la sensibilidad del más delicado poeta, no obstante, esa misma cualidad se verá contrastada con un tono varonil e impetuoso. No es el primer caso en la literatura hispana de un representante de las armas y las letras: Garcilaso de la Vega, el infante don Juan Manuel, Jorge ,Manrique, Miguel de Cervantes, José Martí y otros muchos que supieron profesar ambas disciplinas. El joven Ulibarri tuvo la ocasión de probar sus armas en un momento de su vida. A los 23, años el poeta se enlista voluntariamente en el grupo de bombarderos destinados a castigar posiciones vitales dentro del territorio alemán durante la Segunda Guerra Mundial. El puesto de Ulibarri era el de ametrallador. Corrían los años 1942, 1943 y en cierta misión de rutina el joven artillero, a bordo de un avión tetramotor B-17 del ejército norteamericano, se internó en territorio alemán. Pronto se vieron sorprendidos por un grupo de cazas alemanes siendo violentamente atacados. La posición de Ulibarri correspondía a la burbuja ametralladora situada en la panza del avión. Como toda protección tenían los artilleros, unas camisas blindadas que no llegaban a proteger integralmente todo el cuerpo. Uno de los compañeros de Ulibarri, además del piloto, fue terriblemente acribillado muriendo instantáneamente. Dos motores del avión quedaron totalmente inservibles, con peligro además de la pérdida de una de las alas. Milagrosamente pudieron cruzar el canal de la Mancha y aterrizar en territorio inglés. Todavía cuenta Ulibarri que fue un vaso lleno de whisky lo primero que le ofrecieron nada más aterrizar y lo que más agradeció en esos momentos. Este episodio de su vida no es más que una de las 35 misiones de combate que tuvo en escenarios europeos. Posteriormente el escritor nuevo mexicano sería distinguido con la medalla "Flying Cross Medal".

Pasaremos a comentar uno de sus cuentos del libro Tierra Amarilla, publicado en Ecuador en 1964, donde el elemento épico se combina magistralmente con el lírico, pese a estar escrito en prosa.

En "Mi caballo mago" encontramos un protagonista que funciona como eje a lo largo de todo el cuento: Un adolescente. Todo el relato está cargado de una fina sensibilidad en las descripciones. Existe una simbiosis de épica y lírica de principio a fin —nada extraño si se tiene en cuenta la biografía del escritor.

La trama del cuento que nos lleva a la consagración definitiva del protagonista es en su mayor parte ascendente: la tensión del relato irá aumentando a medida que el autor nos va presentando las enormes dificultades por las que tendrá que pasar un muchacho para poder llegar a enfrentarse al "caballo mago", punto climático del cuento. Una vez tomada posesión del símbolo mítico, se apreciará un descenso en la tensión de la trama. Esta parte corresponde al deleite que supone el objeto poseído y el poder mostrarlo por el pueblo. El muchacho afirma al principio del relato:

Participaba de la obsesión de todos, ambición de lotería de algún día ponerle yo mi lazo, de hacerlo mío, y lucirlo los domingos por la tarde cuando las muchachas salen a paseo por la calle (Tierra Amarilla 5).

En contraste, una vez que se ha hecho posesión del objeto deseado, dice:

"Por delante y por las huellas de antes lo dirigí hacia el pueblo. Triunfante. Exaltado. Una risa infantil me brotaba. Yo varonil, la dominaba. Quería cantar pero callaba. Era un manojo de alegría. Era el orgullo del hombre adolescente. Me sentí conquistador" (13).

Contradictoriamente, estas líneas de exaltación del dominio de sí mismo y del dominio del "noble bruto" se ven contrastadas con otras que vendrán a continuación, de una piedad y compasión que están por encima de su control. Ulibarri es capaz de dominar su risa y su alegría. No obstante unas líneas más abajo se cuestiona la necesidad de pasar el caballo por el pueblo —como si no fuese este uno de los motivos de mayor orgullo— y por otro no puede dominar el llanto:

"Fue necesario pasar por el pueblo. No había remedio. Sol poniente. Calles de hielo y gente en los portales. 'El mago' lleno de terror y pánico por la primera vez. Huía y mi caballo herrado lo detenía. Se resbalaba y caía de costalazo. Yo lloré por él. La indignidad, la humillación. La alteza venida a menos. Le rogaba que no forcejeara, que no se dejara llevar. ¡Cómo me dolío que le vieran así los otros"!(13)

¿Hasta qué punto se pueden considerar sinceras estas alusiones al animal conquistado? En este caso no tienen otra función que la de ensalzar más aún al protagonista: "La alteza venida a menos del caballo" frente a la "nueva alteza" de su posesor.

La veracidad del cuento en sí no deja lugar a dudas, narrado en su mayor parte en primera persona, da categoría testimonial a los hechos presentados. Más tarde llegué a saber por medio del propio autor, que este relato es autobiográfico. El rojo, la violencia del encuentro con la vida misma, la pérdida de la inmaculada pureza que se ve ahora manchada, quedan plasmadas en la simbología utlizada por el autor. Podemos leer al final del relato: "Había manchas rojas en la nieve y gotitas rojas en las huellas del otro lado de la cerca..."(15)

Dentro de la estructura del cuento, cobra gran interés la presentación del "caballo mago", que va a correr paralela a la del adolescente y a los atributos adjudicados a éste. Sin la exaltación del elemento a conquistar o dominar, la narración perdería su carácter épico, que en suma es lo que se pretende. La sucesión de calificativos y ensalzamientos del noble animal aparece en el primer momento. Obsérvese como se hace la presentación medio legendaria, medio auténtica del caballo.

"Era leyenda. Eran un sin fin de historias que se contaban del caballo brujo. Unas verdad, otras invención. Tantas trampas, tantas redes, tantas expediciones. Todas venidas a menos. El caballo siempre se escapaba, siempre se burlaba. Siempre se alzaba por encima del dominio de los hombres" (5).

Nótese el uso que se hace del adverbio siempre. Al caballo "mago" nadie le había podido conquistar todavía, por eso era tan blanco, tan puro. Uno de los momentos de más belleza de todo el relato es la descripción del caballo: es este pasaje un ejemplo de la tremenda fuerza lírica que posee la prosa de Ulibarri. Así podemos leer: "Hecho estatua, hecho estampa. Línea forma y mancha blanca en fondo verde. Orgullo, fama y arte en carne animal. Cuadro de belleza encendida y libertad varonil. Ideal invicto y limpio de la eterna ilusión humana"(7). Unas líneas más abajo aparecerá: "reto trascendental que sube y rompe la tela virginal de las nubes rojas. Orejas lanzas. Ojos rayos. Cola viva y ondulante, desafío movedizo. Arrogante majestad de los campos"(7). La sucesión de imágenes y frases metafóricas hacen que la prosa de Ulibarri se eleve a la categoría de poesía. En cuanto al aspecto lírico, se destaca el uso continuado del sustantivo "blanco" que aparece en 19 ocasiones, en su mayoría funcionando como adjetivo, no obstante, de presentarse algunas veces en la forma del sustantivo "nieve". Este aspecto cromático que domina la mayor parte del relato es el que ofrece la particularidad de dar a los hechos presentados una cierta inocencia e ingenuidad adolescente. El protagonista del cuento lo confirma: un muchacho de 15 años. Este dato es crucial ya que todo el desarrollo del cuento en sí no va a ser otra cosa que el paso de la adolescencia a la confirmación definitiva como "hombre". Como el mismo protagonista del cuento dice: "Reto trascendental que sube y rompe la tela virginal de las nubes rojas..."(7) El paso de una realidad de ensueño, fantasía y mito al rompimiento del cascarón, del himen de la realidad.

Dentro de los elementos exteriores, el paisaje rural forma una parte principal. Las reses, el bosque, el sol, la noche y las estrellas. Hay que hacer mención que en el cuento, solo se mencionan dos estaciones del año: el verano donde empieza la narración, y el invierno, tiempo en que se realizará la conquista. El paso del verano al invierno está exento de cualquier mención del otoño, como si existiese prisa, necesidad, ansias de enfrentarse en singular combate: "Pasó el verano y entró el invierno" (7). En esta sola frase se resume el cambio de estaciones. Esta prisa continúa casi como un presentimiento. No sólo va a afectar al paso de las estaciones sino también al protagonista que espera el encuentro, el momento de la verdad que está cerca. Ni siquiera tendrá tiempo de ir a misa ni de desayunar.

"Domingo. Apenas rayaba el sol de la sierra nevada. Aliento pavoroso. Caballo tembloroso de frío y de ansias. Como yo. Salí sin ir a misa. Sin desayunarme siquiera. Sin pan y sin sardinas en las alforjas. Había dormido mal y velado bien. Iba en busca de la blanca luz que galopaba en mis sueños"(9).

La tensión va subiendo de tono hasta llegar a su punto climático en el enfrentamiento. Aquí triunfa el poeta frente al narrador. Pese al patetismo de la circunstancia, la prosa está empapada de poesía, de fuerza épica y lírica. Veámos la descripción del encuentro: "Vértigo de furia y rabia. Remolinos de luz y abanicos de transparente nieve. Cabestro que silva en la teja de la silla. Guantes violentos que humean. Ojos ardientes en sus pozos. Boca seca. Frente caliente. Y se acaba la larga zanja blanca en un ancho charco blanco" (11).

Es a partir de esta escena y una vez que el muchacho se ha hecho dueño del caballo, poseedor del mito que "estaba por encima de los hombres", que se burlaba de ellos, lo que hace la consagración definitiva, heroica del adolescente hecho hombre. ¿Quién mejor que el padre del muchacho para darle la enhorabuena aunque solo fuese de una manera implícita?.

"Mi padre me vio llegar y me esperó sin hablar. En la cara le jugaba una sonrisa y en los ojos le bailaba una chispa...Me estrechó la mano un poco más fuerte que de ordinario y me dijo: 'Eso son hombres'. Nada más. Ni hacía falta. Nos entendíamos mi padre y yo muy bien...(14/15)"

La imagen paterna vuelve a aparecer esta vez en las últimas líneas del cuento. En esta ocasión, el encuentro es de hombre a hombre. Sobraban las palabras. De la misma manera que el rey posa la espada en el hombro del caballero, el padre le poso el brazo en el hombro. El rito de iniciación estaba cumplido.

En cuanto a descripciones de mujeres "fuertes" Ulibarri nos deja el siguiente retrato de su abuela materna sacado del cuento "Mi abuela cobraba interés". Escribe Ulibarri sobre ella:

"Le gustaba el dinero, y le gustaba gastarlo. Supo ganárselo primero e invertirlo después. Le encantaban las cosas finas y elegantes, y se pasó la vida gozándolas. Le atrajo el reto del comercio y ganó y venció en ese ruedo. Necesitaba el trajín social, la comadrería, y disfrutó. Sobre todo, odiaba el quehacer casero y rutinario y no se dejó esclavizar. En todo esto se ganó el afecto y el respeto de cuantos la conocieron, y fueron muchos. Estoy seguro que murió contenta. Fue libre, fue alegre, fue suya... No, no hay que lamentar su muerte. Hay que celebrar su vida. Se llamaba Gertruditas Armijo de González, y era de Cerro Gordo( The Best of Ulibarri 107).

Tanto en el caso de Villagrá como en el de Ulibarri tenemos dos polos de una literatura testimonial, hecha desde un mundo fronterizo, un mundo de difícil supervivencia hasta el día de hoy. La épica de estos hechos y estos personajes a través del Río Grande no ha terminado todavía. La frontera cultural y geográfica de Nuevo México sigue ahí. El futuro del mundo hispano fronterizo se salvará si somos capaces de reconocer la riqueza de nuestras diferencias. Termino con estas palabras pronunciadas por Ulibarri en 1971 en una de sus ponencias sobre este particular:

The "We are Americans" and "This is America" crowd keeps fighting a pluralistic society and promoting a monolingual citizenry in the most narrow minded and short-sighted way. Their beliefs appear to be that being different is un-American, that homogeneity (as in milk), that mass production (as in doughnuts), is the great American purpose. I submit that ignorance and stupidity are criminal and infinitely more un-American. Human beings are not refrigerators and cannot be forced into the same mold. ¡Viva la diferencia! (The Best of Ulibarri ix-x).

En conclusión, los temas que relacionan la trayectoria temática de estos autores, son el paisaje nuevomexicano como escenario de un enfoque real de la historia, las mujeres fuertes como mantenedoras de la pervivencia de una cultura viva hasta el presente y el caballo desafiante como símbolo de la épica americana.

Sabine Ulibarri, ya no monta a caballo pero todavía tiene su pluma y con esta sigue luchando y cabalgando por los campos del amor a una cultura tan americana como la primera épica escrita sobre los Estados Unidos y tan auténtica como los pueblos que fueron y son hoy testigos de los hechos que pasaron hace ya más de 400 años.

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Juan F. Maura Extraído de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero20/nmexico.html CopyLeft
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