Hay varias recapitulaciones que hacer. De un lado hay que incidir en los problemas que nos plantea el 'constructo' de "personalidad" dada su complejidad y su polimorfismo semántico en las diversas teorías psicológicas. En segundo lugar, entendemos que la educación no puede ni debe solucionar esa complejidad conceptual, sino que su proceder ha de perfilarse a tenor de las utilidades que le pueden proporcionar puntos de la Psicología de la Personalidad aplicados a su quehacer diario. Esos puntos claves se incardinan en dos claves de máxima potencia, a saber:
I.La interacción en los procesos de enseñanza-aprendizaje II.El pensamiento en los procesos de enseñanza-aprendizaje.
La interacción pone en relación el escenario, los procesamientos calibratorios y los propios contactos interpersonales surgidos de aquella. Resalta, con el escenario, la estabilidad relativa de tiempos y espacios, así como el ajuste a ellos. Los procesos de calibración, distinguen los niveles de ajuste y de representación, tanto a nivel global o general, como a nivel particular o situacional. Ello permite procesos de adaptación ante las mutaciones surgidas en el propio devenir de la interacción. Por último, en la interacción se destaca la influencia que tienen unos comportamientos sobre los modos de pensar y de actuar de otros. Dicha influencia viene referida a la accesibilidad-permisibilidad a una relación intersubjetiva donde compartir protocolos significativos y, en consecuencia, de interacción.
El pensamiento va más allá de la percepción y la integra con procesamientos calibratorios con propósitos, metas y objetivos. Para lo que interesa a los procesos de enseñanza-aprendizaje, existen tres funciones básicas del pensamiento: obtener resultados con un esfuerzo satisfactorio para el interesado (pensamiento económico), cometer los menores errores posibles (pensamiento estadístico) y reflexionar sobre las calibraciones realizadas hasta el momento (pensamiento reflexivo). Producto de esas funciones, se obtienen dos estilos de pensamiento: el pensamiento atributivo y el que no lo es. El pensamiento atributivo exige, llevado a sus últimas consecuencias, un riguroso control de las variables que utiliza; mientras que el que no lo es, no realiza tantos controles para validar sus presupuestos.
Para finalizar, hablar de 'personalidad' en educación es hablar de interacción en los procesos de enseñanza-aprendizaje y hablar del pensamiento en semejantes procesos. Estos parámetros se me antojan inexcusables, pues los enunciados sobre 'personalidad' no se pueden entender en educación sin una vertiente de intervención. Sin duda, las claves están en lo que piensan las personas inmersas en esa intervención y en la dinámica interactiva de ésta. Las funciones del pensamiento -más didácticas que reales- ilustran la funcionalidad por propósitos; mientras que el estilo atribucional y el que no lo es, lo hace con la forma de proceder. La función busca la razón de su propósito y el estilo de pensamiento busca el modo de encontrarlo. Las razones propositivas que se han propuesto son económicas (comida, cobijo...), estadísticas (en orden a las disfunciones y errores de la anterior) y reflexivas (como metafunción de las dos anteriores).