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Vale recordar una de las afirmaciones fundantes de la sociocrítica: "se dirige al texto" (Duchet, 1991, pp.43). ¿Qué sucede con lo que acabamos de plantear, habida cuenta de la necesidad de varios pluralismos en los estudios de la literatura? La noción de texto ha variado en el tiempo, provocando una historia disciplinaria conflictiva, que explicamos al comienzo. Pero esto ha sucedido en parte por cambios epistémicos que las comunidades científicas han hecho prevalecer, ahora concibiéndolo ya no como el objeto en sí, sino como el motivador de los objetos. Es decir, renovando las teorías (en especial las categorías y sus correspondientes definiciones convencionalizadas) se renuevan las propiedades del texto y así se llega al retorno a las vinculación entre el texto y su sentido social/ cultural. Esto implica involucrar otra vez, ahora en contextos de observación más amplios, sin temor a atravesar límites teóricos, las tres dimensiones que conforman al texto como un organismo: subjetividad, ideología, literatura (Malcuzynski, 1991, pp.15). La observación, la intervención y la evaluación otorgarían al programa de la sociocrítica los criterios flexibles que incidan en la conformación de una "perspectiva" de los estudios literarios capaz de indagar en sí misma en la búsqueda de la superación de las limitaciones que la propia literatura genera por definición.
En tal proyecto, el pluralismo axiológico y metodológico es una necesidad, de hecho, la sociocrítica halla su lugar en el campo disciplinario gracias a ellos, al establecer un núcleo axiológico compartido con otras perspectivas contemporáneas.
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