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El Apocalipsis es un relato desordenado donde algunos antecedentes aparecen después de la batalla final. Así nos enteramos más tarde de la existencia de Babilonia la Grande, centro del poder temporal y fuente de la tragedia, donde se asienta el poder de la Bestia, un monstruo conformado por siete cabezas y diez cuernos. Las siete cabezas son siete reinos aliados, uno de los cuales es llamado también el 8, porque concentrará todo el poder. Y los diez cuernos son reinos menores que se sumarán a las huestes de la Bestia pero acabarán por abandonarla y destruirla en las grandes guerras postreras. Son llamados los “Reyes del Oriente”.
La dominación alcanzada por Babilonia la Grande y la Bestia incluiría, según el relato, el control de todos los recursos y las transacciones comerciales de ese mundo futuro: “Y que ninguno pudiera comprar o vender, sino el que tuviera la señal, o el nombre de la bestia, o el número de su nombre, 666” (Ap. 13, 17-18).
¿Simple casualidad?
Durante siglos las profecías de Jesús y el testimonio de Juan parecieron fruto de un delirio, voces que clamaron en el desierto. Hoy adquieren dramáticas significaciones.
Según Jung : Espiritualismo y el materialismo : enemigos intimos Para el psiquiatra suizo C. G. Jung, la enorme tensión espiritual que produjo la doctrina profunda de Jesús, intentando elevar lo humano hacia esferas sobrehumanas, acentuó la división interior en que todos los seres se debaten: el animal biológico que se considera hijo de la Tierra y el alma que aspira a superar y trascender ese nivel. Quizá porque el orden espiritual no posee deseos de dominar la Naturaleza, adquirir poder, esclavizar y explotar a otros seres o conquistar el Universo, la pasión materialista lo ve como su principal enemigo. |
Si nos atenemos a la doctrina de René Guenón, vivimos tiempos de “falsos profetas”: |
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