¿Existen concordancias o paralelismos entre las profecías de Jesús, las visiones apocalípticas de San Juan el teólogo y las tendencias de nuestra época? Dos mil años después de haber sido escritos, los Evangelios no han perdido su fuerza original. Hay mensajes esenciales y descripciones que nos siguen afectando sin importar el tiempo; más aún, algunos pasajes sólo en esta época comienzan a cobrar un significado inquietante.
Jesús, a diferencia de la profusión de detalles que proporciona San Juan, sintetiza en pocas frases el final de una era signada por múltiples conflictos:”Mas cuando oyereis de guerras y de rumores de guerras, no os turbéis porque conviene que a si sea; mas aun no será el fin. Porque se levantar nación contra nación, y reino contra reino; habrá terremotos en muchos lugares y habrá pestilencias y alboroto pero será solo el principio de los dolores (Marcos 13, 7 y 8 ) “Y muchos falsos profetas se levantarán y engañaran a muchos. Y por haberse multiplicado la maldad la caridad de muchos se resfriará” (Mateo 24, 11 y 12) “porque se levantaran falsos cristos y falsos profetas y darán señales y grandes prodigios; de tal manera que engañaran aun a los escogidos”. (Mateo 24 ,24) “Y habrá entonces grande aflicción, cual no fué desde el principio del mundo hasta ahora no la habrá” (Mateo 24,21).
Lo que Jesús describe son conflictos teñidos por un falso mesianismo religioso realizado en su nombre para arrastrar a los pueblos. El Anticristo disfrazaría así su vocación de dominio terrenal absoluto con el manto de una tramposa “cruzada religiosa”.
En los desgarradores y confusos testimonios de la visión de San Juan el teólogo hay una propuesta semejante. El amor, la compasión, la caridad y la solidaridad no tienen peso en las páginas del Apocalipsis; aun el Cristo que retorna para librar el combate final contra lo demoníaco es un príncipe vengador. La sombra del Anticristo ya se ha introducido en ese relato visionario que describe detalles singulares de un proceso de destrucción cuya duración no establece.
Si se descomprime esa información vemos cómo se anuncia la aniquilación de la tercera parte de los animales, la tercera de los bosques y hierba verde, la tercera parte de las criaturas del mar y el envenenamiento de la tercera parte de los ríos y fuentes de agua. Esta aniquilación precede a la batalla final en la que morirá la tercera parte de los seres humanos. Juan describe a las huestes de Abbadón, el ángel exterminador que rige un ejército de 200 millones de combatientes, montados sobre extrañas criaturas que esparcen la muerte: “Y el parecer de las langostas era semejante a caballos aparejados para la guerra (...) Y tenían corazas como de hierro, y el estruendo de sus alas, como el ruido de carros...”. “(...) Y así vi a los caballos en visión, y los que sobre ellos estaban sentados tenían corazas de fuego, de jacinto y de azufre.” “(...) De estas tres plagas fue muerta la tercera parte de los hombres.” “(...) Porque su poder está en su boca y en sus colas, porque sus colas eran semejantes a serpientes, y tenían cabezas y con ellas dañaban." (Apocalipsis ); 3-19).