Una estrategia de izquierda para hoy debe combinar, desigualmente, el trabajo en tres campos: el nacional-local, el regional y el internacional. La estrategia de un “nuevo internacionalismo” debe intervenir de forma compleja, interactuando sobre estos tres planos que es donde se define y se organiza el poder. Lo que hay detrás de esta interrelación es un proceso de creación y distribución del poder que articula nuevos sujetos, erosiona el margen de maniobra de los estados nación, concede un protagonismo especial a lo que un autor ha llamado estados privados sin fronteras (Las Corporaciones Transnacionales) y donde aparecen nuevos impulsos en favor de una democracia cosmopolita.
En esa redefinición territorial del poder, la izquierda tiene que actuar. Lo que estamos debatiendo sobre el ALCA, nos demuestra, paradójicamente, que para recuperar márgenes de autonomía macroeconómica, para recuperar soberanía, tendríamos que impulsar procesos de regionalización de la economía-mundo capitalista para acumular poder real de negociación frente a los gringos y para medirnos con esos estados privados sin fronteras, que son el auténtico sujeto constituyente del nuevo poder mundial organizado a partir de los años setenta.