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¿Qué es la deuda externa? - ¿Cómo se ha llegado esta situación?

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CopyLeft Artículo de Alejandro Teitelbaum - 14 de Septiembre de 2005
2. ¿Cómo se ha llegado esta situación?
En julio de 1944, la Conferencia Monetaria y Financiera de Bretton Woods acordó la creación del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRD). Estas instituciones "...tenían como finalidad fomentar tipos de cambio estables, estimular el crecimiento del comercio mundial y facilitar la circulación internacional de capitales...Hubo una falta de atención casi inevitable a los intereses de los países en desarrollo. La mayoría de éstos eran aún colonias y por lo tanto no estuvieron representados en Bretton Woods...En general se soslayó al Tercer Mundo y poco se tomaron en consideración sus intereses" (1).

Ya en 1943, cuando comenzaba a vislumbrarse el fin de la Segunda Guerra Mundial, los estadounidenses y los ingleses comenzaron a discutir las bases de la organización de la economía mundial en la posguerra. John Maynard Keynes, encargado por las autoridades británicas de participar en las deliberaciones, propugnaba la creación de una cámara de compensación mundial (Clearing Union) que permitiría hacer todas las transacciones internacionales a un tipo de cambio fijo referido a una moneda internacional emitida por la Clearing House, el "bancor". Se trataba de un verdadero sistema monetario internacional regulador de las finanzas internacionales, que conservaba la simetría entre las partes, con mecanismos de control y eventualmente de financiación para los países deficitarios y una participación de cada país en función de sus capacidades financieras. Sería una especie de Banco a escala internacional en el que los "clientes" serían los Estados. Pero esta propuesta no fue aceptada por los Estados Unidos, en ese momento en la cumbre de su poderío económico como único gran beneficiario de la Segunda Guerra Mundial, que impuso en Bretton Woods sus puntos de vista: un sistema de cambios fijos (con una elasticidad del uno por ciento en más o en menos sobre la paridad establecida entre las monedas) y la paridad establecida en relación con el oro o con el dólar de los Estados Unidos (artículo IV de los Estatutos del FMI, antes de la reforma de 1978). Y en lugar de un Banco o "Clearing House" internacional, un Fondo en el cual los países miembros depositan una suma (cuota), en parte en oro y en parte en moneda nacional. Cuando un país miembro se encuentra en dificultades financieras tiene derecho a recibir en diversas monedas una suma equivalente a su cuota en oro, sin condiciones. Para recibir una suma superior, debe ajustarse a las condiciones que le impone el Fondo en materia de política económica, monetaria y presupuestaria.

Así es como en la práctica se institucionalizó el dólar como moneda internacional, obligando a todos los países a acumular reservas en dólares para hacer frente a las fluctuaciones de sus respectivas monedas, resultante del estado de su balance de pagos. Con este sistema, la Reserva Federal de los Estados Unidos no tiene necesidad de defender el dólar ("un dólar siempre es un dólar") pues los Bancos Centrales de los otros países tienen que hacerlo para mantener la paridad de su moneda respecto del dólar.

"El Banco Central de los Estados Unidos no tiene que defender el tipo de cambio del dólar: los otros lo hacen en su lugar. Esto sigue siendo cierto en caso de déficit del balance de pagos estadounidense? Absolutamente. En caso de déficit muy importante? Lo mismo. En caso de déficit ilimitado? También. Qué ocurre si los Estados Unidos están en déficit? En primer lugar, ellos pagan a sus acreedores en dólares, mientras que los otros países en general no pueden pagar con su moneda nacional. Pero esto no es lo importante. Si el acreedor exige que se le pague en marcos, el Banco estadounidense venderá dólares contra marcos. Lo importante es que los dólares destinados a pagar el déficit pesarán sobre el tipo de cambio dólar-marco, dólar-yen, dólar-franco, etc. Esta presión bajará la cotización del dólar por debajo de la paridad oficial, y cuando se llegue al punto de intervención obligatoria del Banco Central interesado, éste comprará dólares con su moneda nacional. El déficit estadounidense puede, literalmente, ser ilimitado. Por convención, por regla de juego, los dólares emitidos para financiarlo deben ser adquiridos a tipo de cambio fijo por los Bancos centrales de los países que tienen un excedente frente a los Estados Unidos" (2).

El sistema de Bretton Woods estableció pues un privilegio exorbitante a favor de los Estados Unidos en materia de pagos internacionales, que en los hechos, sirvió para que el resto del mundo financiara su déficit presupuestario. "La creación de dólares está al servicio de la política económica estadounidense, sin tener en cuenta su impacto sobre las relaciones internacionales"(3). Los Estados Unidos tenían en 1992 una deuda neta de 521 mil millones de dólares y una deuda bruta de más de 2 billones 500 mil millones de dólares (total de los dólares transferidos a no residentes) que corresponde a una creación de moneda internacional por los Estados Unidos, que ha progresado a un ritmo anual del 14 por ciento de 1978 a 1992 (4). "Si los Estados Unidos importan más de lo que exportan, es porque consumen más de lo que producen, gastando un ingreso que no han ganado...Es así como el país más rico se alimenta del ahorro de los otros, incluido el de los países en vías de desarrollo, cuando estos llegan a reembolsar una parte de su deuda" (5). Esta fue la base de un desorden creciente del sistema monetario internacional que se institucionalizó en 1975 con el abandono del sistema de tipos de cambios fijos (reforma del artículo IV de los Estatutos del FMI, vigente desde 1978), que un economista especializado definió con la frase: "usted puede hacer todo lo que quiera con la condición de avisar con una nota al cuartel general del FMI" (Pascallon, citado por Lelart). Es decir, se abandonó un principio ordenador del sistema monetario (el sistema de cambios fijos) pero se mantuvo en los hechos al dólar como moneda internacional, de manera que todo el resto del mundo continuó subvencionando la economía del los Estados Unidos, pues los Bancos centrales de los otros países siguen interviniendo para evitar la baja del dólar.

Es cierto que las intervenciones de los Bancos centrales son cada vez más inocuas, pues poco pueden hacer frente a las sumas fenomenales puestas instantáneamente en juego en el mercado financiero internacional para especular con las monedas nacionales. La UNCTAD en su informe anual publicado en setiembre de 1995 se refirió a los "riesgos sistémicos de los productos financieros derivados"y "el peligro que encierran de provocar una crisis que podría desorganizar completamente el sistema financiero"... (6).

El abandono del sistema de tipos de cambio fijos (unido a la inconvertibilidad del dólar en oro resuelta por los Estados Unidos en 1971) refleja la declinación de la hegemonía absoluta de este país en el mundo capitalista y el surgimiento y consolidación de los polos japonés y eurooccidental, por un lado y la acentuación de la tendencia a la mundialización de la economía y de las finanzas, por el otro, con tres centros principales: el asiático, el eurooccidental y el estadounidense y periferias de jerarquías diferentes: integradas al centro, explotadas como colonias o simplemente libradas a su suerte (7).

Este es el sistema financiero – cuyas ideas centrales son la desregulación y la libre circulación de capitales- que acompañó un cambio profundo de la economía mundial a partir del decenio de 1970, momento que marca el fin del estado de bienestar, caracterizado por la producción de masa y el consumo de masa, impulsado este último por el aumento tendencial del salario real, de la seguridad social y de otros beneficios sociales. Es lo que los economistas llaman el modelo "fordista", de inspiración keynesiana. El agotamiento del modelo estado de bienestar obedeció a varios factores entre los que cabe citar que la expansión económica iniciada con la reconstrucción de la posguerra encontró sus límites, el consumo de masas tendió a estancarse lo mismo que los beneficios empresarios y al mismo tiempo entraron en escena las innovaciones tecnológicas (robotización, microelectrónica, etc.). Se hizo necesario entonces incorporar la nueva tecnología a la industria para dar un nuevo impulso a la economía y eso requirió grandes inversiones de capital. Se inicia así la época de la austeridad y de los sacrificios (congelación de los salarios y aumento de la desocupación) que permitirán la reconversión industrial. Al mismo tiempo, la revolución tecnológica en los países más desarrollados impulsó el crecimiento del sector servicios y se produjo el desplazamiento de una parte de la industria tradicional a las países periféricos, donde los salarios eran –y son- mucho más bajos.

Con la incorporación de las nuevas tecnologías la productividad aumentó enormemente, es decir que con el mismo trabajo humano la producción pasó a ser mucho mayor. Se abrieron entonces dos posibilidades: o se incitaba el consumo de masa de los bienes tradicionales y de los nuevos bienes a escala planetaria con una política salarial expansiva, una política social al estilo del Estado de bienestar, se reducía la jornada de trabajo en función del aumento de la productividad para tender a una situación de pleno empleo y se reconocían precios internacionales equitativos a las materias primas y productos de los países pobres, o se tendía a aumentar los márgenes de beneficios manteniendo bajos los salarios, el nivel de ocupación y los precios de los productos de los países del tercer mundo..

Se eligió esta última alternativa, con lo que se cerró la puerta a la posibilidad de aumentar significativamente la inversión productiva, aumentar así la producción en general y facilitar la colocación de ésta aumentando la capacidad adquisitiva global de los consumidores. Hay que precisar que esta opción tuvo como rasgo dominante acentuar las desigualdades sociales en el interior de cada país y a nivel internacional. Con lo que creó una neta diferenciación en la oferta y demanda de bienes y servicios. La producción y oferta de bienes se orientó no a la gente en general sino a los llamados "clientes solventes". Fue así que la oferta de bienes de lujo aumentó enormemente y la oferta de nuevos productos como ordenadores y teléfonos portátiles encontró una gran masa de clientes en los países ricos y muchos clientes en la primera periferia no demasiado pobre. Los bienes esenciales para la supervivencia (alimentos , salud, medicamentos) quedaron prácticamente fuera del alcance del sector más pobre de la población mundial. La idea de servicio público y de un derecho irrevocable a los bienes esenciales para vivir con un mínimo de dignidad , fue reemplazada por la idea de someter todo a las leyes del mercado.

La distribución geográfica de estas desigualdades es compleja, pero se podría esquematizar diciendo que está formada por círculos concéntricos con un centro que consume hasta el despilfarro (aunque en él hay áreas más o menos grandes de pobreza) y sucesivos círculos exteriores en los que la satisfacción de las necesidades básicas por parte de la mayoría de la población es cada vez menor ( y las áreas de pobreza y extrema pobreza son cada vez mayores) hasta un círculo final que es un verdadero océano de extrema pobreza en los que hay pequeños islotes de riqueza (e incluso de enorme riqueza).

Se optó entonces por ritmos de crecimiento económicos bajos, a causa de que un mercado relativamente estrecho imponía límites a la producción y surgió el fenómeno de las grandes masas de capitales ociosos (incluidos los petrodólares), puesto que no podían ser invertidos productivamente. Pero para los dueños de dichos capitales (personas, bancos, instituciones financieras) no era concebible dejarlos arrinconados sin hacerlos fructificar. Es así como el papel tradicional de las finanzas al servicio de la economía , interviniendo en el proceso de producción y del consumo (con créditos, préstamos , etc.) quedó relegado por el nuevo papel del capital financiero: producir beneficios sin participar en el proceso productivo, a través de la especulación financiera, la especulación con divisas, con los llamados productos derivados, con las tomas de participación de los fondos de pensiones, de fondos de compañías de seguros, etc., en industrias y servicios, etc.

El dinero comenzó a reproducirse sin ayudar a crear valor o, como en el caso de las participaciones en industrias y servicios, obteniendo una renta muy elevada fundada en la degradación de las condiciones de trabajo en esas industrias y servicios. Es bien conocido el fenómeno de que cuando una empresa anuncia despidos sus acciones suben. Era la única manera de que el capital en general mantuviera una alta tasa de beneficios con un crecimiento económico lento y un mercado restringido, pese a las enormes posibilidades de expansión económica y bienestar social creadas por las nuevas tecnologías y los enormes capitales disponibles. Pero el problema es que el dinero no es un valor sino que representa un valor . Y que el valor se crea sólo en la producción y que el dinero por sí mismo no puede generar valor y producir beneficios.

Hace pocos días, el 26 de junio para ser exactos, el Sr. Sergio Tchuruk, presidente de Alcatel, una gran sociedad transnacional francesa, anunció su intención de crear una empresa sin fábricas. Comentando esta declaración en el diario francés Le Monde del 3 de julio, el señor Jean-Marie Harribey, profesor de ciencias económicas y sociales de la Universidad de Bordeaux IV, decía que la frase de Tchuruk era la expresión más exacta de la utopía capitalista actual, que teoriza sobre la creación de valor por el accionista. Tales empresas no son una utopía del Sr. Tchuruk sino que ya existen en la realidad: son las que guardan para sí la actividad financiera y subcontratan o controlan la actividad productiva que realizan otras empresas. El profesor Harribey dice que tales empresas son las que se dice que crean valor por el accionista, que no es otra cosa que el valor creado por la economía real del que se apropian las empresas financieras. Esa apropiación de valor, dice Harribey, adopta dos formas. La primera corresponde a un empeoramiento de las condiciones de empleo (bajos salarios, horarios de trabajo flexibles , empleos precarios, desocupación) lo que permite que el aumento de la productividad no beneficie a los trabajadores y solo redunde en el aumento de la ganancia del capital.

La segunda forma en que se produce esa apropiación de valor es a través de una repartición desigual entre el capital productivo y el capital financiero, en beneficio de este último. Pues los gestores de capitales financieros que tiene participaciones en actividades productivas exigen un plafond mínimo de renta que en muchos casos no pueden obtenerse manteniendo condiciones decentes de trabajo y una distribución equitativa entre el capital productivo y el capital financiero. Hace unos meses que se viene hablando de que la economía norteamericana ha perdido impulso por no decir que ha entrado en un período de recesión. Las cifras de desocupación o de paro parcial han comenzado a aumentar, incluso en las industrias de tecnología de punta. Pero lo curioso es que, por ahora, el consumo popular no se estanca ni disminuye (Le Figaro Economie, Paris , 7-8 de julio 2001). Se puede suponer que ello se debe a que una parte de la población de Estados Unidos completa sus ingresos con el beneficio de acciones u otros productos financieros colocados en industrias extranjeras. Es decir, para decirlo de manera esquemática , que una parte de las familias de Estados Unidos mantienen su nivel de consumo recibiendo parte del valor producido por los trabajadores de industrias europeas, por ejemplo. Es decir que, como citábamos hace un rato, el país más rico del mundo se alimenta del ahorro de los otros.

En síntesis, queremos decir que el capital financiero transnacional está funcionando como una bomba aspirante del valor y las riquezas producidas por el trabajo en todo el mundo, riqueza que de esta manera se concentran en pocas manos y en ciertas regiones del planeta. La deuda externa forma parte de este mecanismo de captación parasitaria de las riquezas.

La deuda externa del Tercer Mundo llegaba en 1982 a 780 mil millones de dólares, continuó creciendo los años subsiguientes hasta llegar a un billón trescientos mil millones en 1987, se mantuvo estacionaria hasta 1989 y volvió a crecer desde 1990, llegando en 1993 a un billón seiscientos mil millones de dólares en 1993 . Actualmente se estima la deuda externa de los países del Tercer Mundo en algo más de 2 billones de dólares.

En 1993 la deuda externa representaba el 40,6% del PNB en América Latina, el 29,4% en Asia y el 71,4% en Africa (el 107,3 en Africa subsahariana) y los servicios de la deuda el 30,0; 8,6 y el 21,6 por ciento respectivamente, de las exportaciones . La relación relativamente baja servicios de la deuda-exportaciones en Africa se explica porque los países de la región tienen importantes atrasos en el pago de los servicios.

La deuda externa tiene como resultado una transferencia neta de recursos del sur hacia el norte: en 1999 los 41 países pobres más endeudados (PPME) transfirieron al norte 1.680 millones de dólares más de los que recibieron y en el mismo año el conjunto de los países del Tercer Mundo realizaron una transferencia neta de recursos al norte de 114.600 millones de dólares

Los mecanismos específicos del crecimiento acelerado de la deuda a partir del decenio de 1980 fueron básicamente cinco:

1) La oferta indiscriminada de créditos por parte de los Bancos transnacionales, que disponían de gran liquidez a causa de la acumulación de petrodólares y de que los Estados Unidos inundó con sus dólares todo el mundo para que éste subvencionara su economía.
2) El continuo deterioro de los términos del intercambio, que obligó a muchos países del Tercer Mundo a solicitar préstamos para pagar sus importaciones;
3) La inflación;
4) El aumento de la tasa de interés de los préstamos;
5) Las políticas proteccionistas de los países desarrollados, que han mantenido cerradas sus fronteras a muchos productos de los países del Tercer Mundo.

Además, el origen de una parte de la deuda, es total o parcialmente ilícito: algunos préstamos fueron ficticios y sólo sirvieron para disimular maniobras financieras irregulares realizadas de común acuerdo entre los Bancos acreedores y los supuestos deudores.

Así en Argentina , las repatriaciones de fondos depositados en exterior (por ejemplo para financiar un negocio) se hacían aparecer como préstamos, de común acuerdo entre el propietario de los fondos y el banco extranjero. Aparecía así una deuda particular ficticia. Estas deudas privadas ficticias y otras reales terminaron estatizándose por medio de diversas mecanismos (seguros de cambio, etc.). Es decir que distintas maniobras que permitieron el enriquecimiento de unos pocos, terminaron convirtiéndose en una deuda pública que tiene que pagar todo el pueblo con su trabajo.

Además, los gastos y las comisiones por la negociación de los préstamos alcanzaron cifras desproporcionadas y también los acreedores impusieron a los deudores cláusulas contractuales que comportaron vicios del consentimiento, como por ejemplo la renuncia a la jurisdicción nacional del deudor para las cuestiones litigiosas que se pudieran suscitar, etc.

Por otra parte, se establecieron intereses usurarios, muy por encima de la tasa del mercado financiero internacional: mientras la tasa de interés efectivo a largo plazo en seis países industrializados fue, como promedio, en el periodo 1985-1989, del 4,35 %, la tasa de interés efectivo sobre la deuda externa pagada como promedio por seis países deudores en el período 1980-1985, fue del 16,8 % . Y cuando los deudores comenzaron a estar en mora, los intereses adeudados se acumularon al capital, de modo que los acreedores comenzaron a cobrar intereses sobre los intereses, lo que en la legislación de algunos países es ilegal.

En algunos países (Brasil, México) los préstamos se utilizaron, por lo menos en parte, en inversiones productivas, pero en la mayoría de ellos se utilizaron en la especulación financiera, en la acumulación de enormes fortunas personales en Bancos extranjeros (Marcos, Mobutu, Duvalier, etc.) en inversiones suntuarias e improductivas y, por supuesto, en el pago de los intereses usurarios, comisiones y amortizaciones de la misma deuda.

En materia de transferencia de capitales del Sur al Norte, a fines de 1985, el valor de los activos que poseía el Sur en el Norte ascendía a 511.000 millones de dólares, de los cuales 278.000 millones correspondían a países con problemas a causa de la deuda externa (8).

Según el Morgan Guaranty Trust Co., entre 1977 y 1987, los cinco países más endeudados del área latinoamericana transfirieron a Bancos extranjeros más de 210.000 millones de dólares en depósitos privados. Los mayores montos correspondieron a México (84.000 millones) Venezuela (58.000 millones) y Argentina (46.000 millones)(9). Según la misma fuente, si no hubiera habido fuga de capitales, la deuda externa de Argentina sería de sólo unos 1.000 millones de dólares.

Desde 1984 hasta 1990 la transferencia neta de recursos financieros Norte-Sur fue negativa para el Sur. Pero en 1991 y 1992 se invirtió la tendencia, con un flujo neto favorable al Sur del orden de los 50 mil millones de dólares (sin tener en cuenta el intercambio desigual: materias primas y productos del Tercer Mundo baratos por productos, tecnología y servicios caros de los países altamente industrializados. Teniendo en cuenta este aspecto, el balance siguió siendo desfavorable para el Sur).

Pero discriminando por región se advierte que la mayor parte de las transferencias financieras (siete octavos) en 1991 fueron a Asia occidental especialmente a Kuwait y Arabia Saudita, a fin de hacer frente a los gastos de la guerra del Golfo y a la reconstrucción de Kuwait. El conjunto de Africa, en cambio, tuvo en 1992 una transferencia negativa de 1600 millones de dólares (Africa subsahariana tuvo un saldo positivo de 10000 millones) y América Latina y el Caribe una transferencia positiva de 6900 millones (10).

El saldo positivo de 6900 millones en América Latina y el Caribe se explica por las privatizaciones. Dichas privatizaciones (aconsejadas por el FMI) que se hacen en condiciones extremadamente desfavorables para el patrimonio nacional de los países donde tienen lugar (se venden empresas y fuentes de recursos naturales a precios muy por debajo de su valor real), cuentan con el asesoramiento técnico y la financiación del Banco Mundial.

En Argentina, entre 1989 y 1993 se recaudaron como resultado de las privatizaciones 9910 millones de dólares en efectivo y 13.239 millones en títulos de la deuda, que representan 5270 millones en efectivo (39,8% del valor nominal de los títulos). Si se hubiera utilizado el efectivo también para rescatar títulos de la deuda, ésta tendría que haber disminuido de 57.000 millones de dólares en 1989 a 20.000 millones en 1994. Sin embargo, la deuda externa de Argentina no disminuyó sino que aumentó, pues alcanza actualmente a 150.000 millones de dólares. Es decir que, en los hechos, la deuda externa en Argentina se ha casi triplicado en 12 años.

En el período de acumulación acelerada de la deuda, muchos gobiernos de los países deudores (en no pocos casos dictaduras abiertas o encubiertas) actuaron de manera irresponsable y en el sólo beneficio de minorías corruptas, endeudando a sus respectivos países mucho más allá de su reales posibilidades de reembolso. El Fondo Monetario Internacional, que según el art. 1 de sus Estatutos debe : ..."facilitar el crecimiento equilibrado del comercio internacional contribuyendo de ese modo al fomento y mantenimiento de altos niveles de ocupación y de ingresos reales y al desarrollo de la capacidad productiva", y que de acuerdo con la decisión de su Consejo de Administración del 29 de abril de 1977 debería vigilar que los Estados realicen una política financiera sana que les permita un desarrollo sostenido y socialmente equitativo, cumpliendo al mismo tiempo sus obligaciones internacionales, se abstuvo en esa época de alertar a los gobiernos que se estaban endeudando improductiva y excesivamente. La razón es que el FMI respondió en ese momento -como lo hace siempre- a las estrategias de las grandes potencias y del gran capital, que tenían interés en colocar el excedente de dólares, aunque fuese en condiciones riesgosas.

Para determinar las responsabilidades por ese crecimiento vertiginoso de la deuda que contó con la complicidad por omisión del Fondo Monetario Internacional, como acabamos de ver, en 1982 se presentó una denuncia ante los tribunales argentinos.

En julio del 2000 se dictó sentencia en dicha causa y en las conclusiones el Juez dice: "Ha quedado evidenciado en el trasuntar de la causa la manifiesta arbitrariedad con que se conducían los máximos responsables políticos y económicos de la Nación...Así también se comportaron directivos y gerentes de determinadas empresas y organismos públicos y privados...Empresas de significativa importancia y bancos privados endeudados con el exterior, socializando costos, comprometieron todavía más los fondos públicos con el servicio de la deuda externa a través de la instrumentación del régimen de los seguros de cambio (...) la existencia de un vínculo explícito entre la deuda externa, la entrada de capital externo de corto plazo y altas tasas de interés en el mercado interno y el sacrificio correspondiente del presupuesto nacional desde el año 1976 no podían pasar desapercibidos a las autoridades del Fondo Monetario Internacional que supervisaban las negociaciones económicas"... El juez decide el archivo de las actuaciones porque el único procesado resultó sobreseído por prescripción, pero decide remitir copia de la resolución al Congreso de la Nación a fin de que éste adopte las medidas que estime conducentes en la negociación de la deuda "que ha resultado groseramente incrementada a partir del año 1976"... .

El Fondo Monetario Internacional, impone (bajo distintos nombres) a los países deudores las llamadas políticas de ajuste que son económicamente recesivas y socialmente regresivas, pues el único objetivo real del Fondo es que los deudores paguen los servicios de la deuda a los acreedores. Con tales políticas la espiral de la deuda sigue creciendo porque la economía de los países deudores permanece estancada o crece lentamente, con lo que se les hace aún más difícil cumplir con los acreedores, y deben contraer nuevos préstamos para pagar los servicios de los préstamos anteriores. Así la deuda externa no deja de crecer y se convierte en deuda eterna.
Autor y licencia de '¿Qué es la deuda externa? - ¿Cómo se ha llegado esta situación?'
Alejandro Teitelbaum Extraído de: http://www.lainsignia.org CopyLeft
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