Siguiendo los consejos del FMI y del Banco Mundial, muchos países han introducido reformas a sus políticas fiscales, que han tenido por consecuencia el aumento de los impuestos al consumo, que paga por igual toda la población y afecta especialmente a los más pobres, y la disminución de los impuestos al patrimonio, a la fortuna y a las transacciones financieras.
El FMI se congratula de lo que llama "un enfoque radical de la reforma fiscal en la Argentina" a la que califica de "una de las más revolucionarias de América Latina", que ha consistido, según se explica, en suprimir impuestos a las transacciones financieras y a la exportación y en concentrarse en la TVA (impuesto al consumo), convirtiendo a éste en un impuesto sumamente remunerador (36).
En el mismo artículo figura un cuadro donde se puede ver la evolución de la composición de la recaudación fiscal en Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Guatemala, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Uruguay y Venezuela, tomados en conjunto, entre 1980-85 y 1992. Allí se muestra que en el total de la recaudación fiscal, los impuestos al consumo aumentaron del 34,4% al 43,5% y los impuestos al patrimonio y a la fortuna disminuyeron del 19,1% al 12,2%.
Es decir que el FMI promueve una política fiscal que en lugar de contrarrestar, contribuye a acentuar la tendencia generalizada a la concentración de la riqueza en pocas manos por un lado y a la extensión de la pobreza, por el otro, que incluye la desgravación de la especulación financiera.