Capitulos de este wiki
  1. 1 El universo de Marshall McLuhan (I)
  2. 2 El Universo de Marshall McLuhan (II)
  3. 3 Bibliografía

¿Quién teme a Marshall McLuhan? - El Universo de Marshall McLuhan (II)

2 - El Universo de Marshall McLuhan (II)

Artículo creado por Jorge Lozano. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero18/mcluhan.html
04 de Septiembre de 2006

La cultura oral, al basarse sólo en las técnicas mnemotécnicas que se basan sobre el ritmo y la repetición es, según Ong:

  • Paratáctica en vez de hipotáctica (coordina el discurso con breves proposiciones independientes o unidas por conjunciones simples, en vez de organizar arquitecturas complejas con abundancia de subordinadas). Ejemplo de estilo oral paratáctico es el relato de la creación en el Génesis (1: 1?5) que si bien es un texto escrito mantiene reconocible su estructura oral.

  • Agregativa en vez de analítica (sobre el plano de los contenidos pone juntos fenómenos según un principio análogo: unir en serie más que atender a la complejidad de los vínculos), Ejemplo: uso de fórmulas como auxilios mnemotécnicos: clichés usados como denuncia política, el "enemigo del pueblo"...

  • Redundante en vez de económica.

  • Tradicionalista más que innovadora.

  • De tono agonístico.

  • Enfática y participativa más que objetiva y distanciada.

  • Homeostático (equilibrio que elimina memorias sin relevancia para el presente).

  • Situacional más que abstracta.

De la proximidad entre el padre Ong y McLuhan dan cuenta estas palabras del primero:

"Hablo de comunicación oral y de la transformación tecnológica de la palabra a través de la escritura, la imprenta y la electrónica, siendo consciente de cómo los seres humanos interioricen sus tecnologías convirtiéndolas en parte de sí mismos. Hemos interiorizado la escritura y la imprenta tan profundamente que no nos damos ya cuenta de que son componentes tecnológicos de nuestros procesos mentales"

Sobre la dicotomía oralidad y escritura aparecerá en Understanding Media (1964) su más famoso y manoseado eslogan "el medio es el mensaje", que significa, según sus palabras, que las consecuencias individuales y sociales de cualquier medio, es decir, de cualquiera de nuestras extensiones (o prótesis) resultan de la nueva escala que introduce en nuestros asuntos cualquier extensión o tecnología nueva. Pone como ejemplo la luz eléctrica, que es información pura; un medio sin mensaje. Tamañas aserciones fueron tildadas de determinismo tecnológico: no sólo se privilegia el solo componente tecnológico como mero (y único) causante de la influencia de los mass media en los destinatarios, sino que, al mismo tiempo y por ello mismo, niega otros elementos en el proceso de información y comunicación, y, más en concreto, el contenido de los mensajes.

El abandono del contenido, que irritara tanto a las escuelas críticas de comunicación, supone no sólo reducir el proceso (y el sistema) de comunicación a una simple relación técnica (telemática o tecnotrónica) entre media y destinatarios, sino que además supone, en tanto que considera a los media como extensiones de la corporeidad, confundir los clásicos (discutidos e incluso discutibles) conceptos de "canal", "código" y "mensaje" surgidos en el seno de la teoría de la información (donde, por cierto, "contenido" en esta teoría no es lo que se dice" sino el número de elecciones binarias para decir algo). La objeción es, era, clara: si son igualmente media el aire, un vestido, una escritura, entonces no hay diferencia entre canal (aire), mensaje (vestido) y código (lengua escrita).

En aquellos años Eco, que se refirió al pensamiento del parusiaco McLuhan como cogito interruptus, le reprochó que, al considerar la luz como medium, no podía distinguir entre la luz como señal (transmisión de impulsos para significar mensajes particulares), la luz como mensaje (la luz encendida en la ventana del amante significa "ven"), o la luz como canal de otra comunicación (la luz de la lámpara permite leer). Tras estas sin duda pertinentes observaciones, cabe recordar también, por otro lado, que la etimología de información en su uso habitual deriva del griego morphé (formar) y donde in-formare equivale a dar forma —o estructura— a materia, energía o relación. Definición ésta no extraña a aquella aristotélica según la cual una información es algo que sirve para dar una forma, para hacer precipitar al receptor en un nuevo estado. O como dirían Bateson o Luhman, entre otros, "una diferencia que hace una diferencia".

Su atención a la forma ("No soy un 'crítico cultural porque no estoy interesado en clasificar formas culturales. Soy un metafísico interesado en la vida de las formas y en sus sorprendentes modalidades") le llevó a proclamar en varias ocasiones con tono conminatorio no exento de histrionismo: "¡Mirad la forma, mirad la forma; no vendáis vuestra alma por un plato de mensajes!" Creo no equivocarme si veo en su escritura una concreción de su interés por la forma. Atento lector de poesía, había escrito alguna vez que la forma poética puede tener una tendencia visiva más que auditiva, como por ejemplo en la poesía de Wordsworth. Y cuando apareció La galaxia Gutenberg invitó a leerlo como un mosaico ("ni hay que leerlo todo ni en secuencia particular: los párrafos no son simples referencias, son estructuras que incorporan formas espaciales de percepción y de conciencia"). El mosaico, decía, puede ser visto como una danza, pero no está estructurado visualmente ni es una extensión del poder visivo. El mosaico, de hecho, no es uniforme, continuo o repetitivo. Es discontinuo, oblicuo y lineal.

Para McLuhan, "el medio es el mensaje" quiere decir también que, más allá de los contenidos transmitidos cada vez, es la misma tecnología de los medios de comunicación la que constituye per se un impulso comunicativo fuerte y determinado.

No sé cuánto haya leído McLuhan a Heidegger, de quien dice en La galaxia Gutenberg: "Heidegger hace esquí acuático sobre la ola electrónica tan triunfalmente como Descartes cabalgó la ola mecánica". Pero sí me arriesgo a encontrar similitudes con la conferencia que el filósofo alemán dictara el 18 de noviembre de 1953 en Munich, La pregunta por la técnica, en donde afirmaba taxativamente "la técnica no es lo mismo que la esencia de la técnica". En ese texto Heidegger afirma que la técnica no es meramente un medio; es un modo de desocultar; es el ámbito del desocultar, es decir, de la verdad (aletheia). Recuerda Heidegger que técnica deriva de tekné, que forma parte del producir, de la poiesis, es algo, dice, "poietico". (En un reciente libro sobre televisión, Silverstone, imbuido de ese espíritu heideggeriano, dirá: "la tecnología pasa a ser una cuestión que atañe más a destrabar, transformar, almacenar, distribuir, modificar y regular conocimiento y prácticas)".

Atendiendo al impulso comunicativo fuerte y determinado, McLuhan estableció su clasificación técnica de los medios, que dividió entre 'fríos" y "calientes" (los "calientes" saturan un canal sensorial con una fuerte densidad de información, no favorecen la interacción, son "cerrados" e inducen pasividad: prensa, radio, cine ... ; los 'fríos" se dispersan entre varios canales sensoriales o tienen escasa densidad informativa; inducen a la participación, la actividad, la interacción: televisión, teléfono, conversación).

Como se sabe, no tuvieron mucho éxito "exploraciones" de este tipo. Si ya nos hemos referido a las críticas a McLuhan por el abandono del "contenido" no tuvo mejor fortuna su propuesta del estudio sobre el medium. Sin embargo, poco antes de su muerte apareció un importante libro sobre un medium, en este caso la prensa, que le daría la razón. Nos referimos al libro de Elisabeth L. Einsenstein The Printing Press as an Agent of Change: Communications and Cultural Transformations in Early Modern Europe (1979), en donde, como se sabe, demuestra de modo convincente cómo la prensa revolucionó la Europa Occidental alimentando la Reforma y el desarrollo de la ciencia moderna.

McLuhan, refiriéndose a la tecnología de la escritura y a sus efectos múltiples, a menudo opuestos, dice: "Si el rígido centralismo es una característica importante de la alfabetización y de la imprenta, no menos importante es la apasionada afirmación de los derechos individuales", y se refiere también a las feroces guerras de religión de los siglos XVI y XVII causadas por el descubrimiento. Elisabeth Eisenstein, por su parte, escribe:

"Es difícil imaginar cómo alguien pudiera considerar una auténtica bendición la reproducción más eficiente de los textos religiosos. Saludada por todos como un arte pacífico, la invención de Gutenberg contribuyó probablemente, mas que otra denominada arte de la guerra, a destruir la concordia cristiana y a desencadenar la guerra religiosa".

Si McLuhan y Eisenstein, pero también Ong, Havelock o Goody, pueden inscribirse en aquella teoría del medium que considera que la tecnología es formadora de cultura y, creadora de ambiente, también Walter Benjamin, no ciertamente próximo a McLuhan, sostuvo tesis análogas. En un texto sobre Karl Krauss sostiene Benjamin:

"¿Es la prensa un mensajero? No, el evento. ¿Un discurso? No, la vida. La prensa sugiere que los verdaderos sucesos sean las noticias sobre los sucesos, pero provoca también esta siniestra identidad, de donde surge siempre la apariencia que los hechos deban ser referidos primero y después realizados, y a menudo también tal posibilidad".

En Comprender los medios de comunicación. Las extensiones del ser humano, McLuhan se refiere al mito griego de Narciso (de narcosis, entumecimiento) según el cual el joven Narciso confundió su reflejo en el agua con otra persona ("esta extensión suya insensibilizó sus percepciones hasta que se convirtió en el servomecanismo de su propia imagen extendida o repetida"). Con esta imagen sostendrá que cualquier invento o tecnología es una extensión o autoamputación del cuerpo físico, y, como tal extensión, requiere, además, nuevas relaciones o equilibrios entre los demás órganos y extensiones del cuerpo, y concluirá afirmando: "En la edad eléctrica llevamos a toda la humanidad como nuestra piel". No parece que el efecto de narcosis de tantos usuarios de Internet, por ejemplo, no fuera anticipado por McLuhan; toda la literatura sobre cyborgs, ciberespacio o cibercuerpo deberían reconocerlo; y nadie podría negar que la oveja Dolly tiene que ver más con el mito de Narciso que con el mito de Edipo.

Recientemente, Derrick de Kerckhove ha propuesto, con el término de psicotecnología (cualquier tecnología que imita, extiende o amplía los poderes de nuestra mente), considerar la televisión como nuestra "imaginación colectividad" (otros dirían "mente pública") proyectada fuera de nuestros cuerpos, que se galvaniza en una teledemocracia electrónica. Más allá de los análisis sobre la "neotelevisión", o del anuncio de su fase implosiva o terminal, la televisión continúa, como quisiera McLuhan, ejerciendo el efecto narcótico, como aquella escena en que Woody Allen le dice a Diane Kcaton mientras viajan en un taxi: "Estás muy guapa, difícilmente puedo mantener mis ojos sobre el taxímetro".

Años después de la muerte de McLuhan, director desde 1963 del Centro para la Cultura y la Tecnología de la Universidad de Toronto, apareció un notable libro del profesor J. Meyrowitz, No sense of place (1985), que se ocupa, corno reza el subtítulo, del impacto de los medios electrónicos sobre el comportamiento social; uno de cuyos efectos lo sugiere el título, es la modificación del sentido del lugar: ha disminuido el significado social de las estructuras fisicas que, en otro tiempo, dividían la sociedad en numerosos espacios ambientales de interacción. Reconoce Meyrowitz que en los estudios sobre la teoría del medium faltan también tentativas concretas de vincular el análisis de las características de los medios con el análisis de las estructuras y de las dinámicas de la interacción social cotidiana, de ahí su título. Meyrowitz se preguntaba: "¿Por qué y cómo las tecnologías que crean nuevos vínculos entre lugares y personas pueden llevar a un cambio fundamentalmente en la estructura de la sociedad o en el comportamiento social?" Si para analizar la interacción social cotidiana se apoya en Goffman, para analizar los media se apoya con todas las reservas en McLuhan, a quien reconoce la importancia de su discurso sobre "el equilibrio sensorial".

Más recientemente, D. de Kerckhove, en sus libros, siempre deudor de su maestro McLuhan, ha propuesto bajo el concepto de "brain frame" que las tecnologías de elaboración de información "enmarcan" nuestro cerebro en una estructura y que cada una de ellas lo desafía a proporcionar un modelo diverso, pero igualmente eficaz de interpretación. Dicho con sus palabras, el cerebro humano es un ecosistema biológico en constante diálogo con la tecnología y la cultura. ("las tecnologías basadas sobre el mensaje como la radio y la televisión pueden "enmarcar" el cerebro, ora fisiológicamente sobre el plano de la organización neuronal, ora psicológicamente sobre el plano de la organización cognitiva; otras tecnologías ?los satélites y las redes telefónicas? se han convertido en prolongaciones del cerebro y del sistema nervioso central. Estas tecnologías, dice, crean estructuras que "enmarcan" el ecosistema).

Decía McLuhan en 1964:

"Situando nuestros cuerpos físicos en el centro de nuestros sistemas nerviosos ampliados con la ayuda de los medios electrónicos, iniciamos una dinámica por la cual todas las categorías anteriores, que son meras extensiones de nuestro cuerpo, incluidas las ciudades, podrán traducirse en sistemas de información".

Es fácil imaginarse la reacción que en aquellos años pudo provocar esta aserción. Mas debemos reconocer con De Kerckhove que en este pasaje McLuhan se anticipó a la realidad virtual unas tres décadas antes de que la idea filera siquiera considerada: "McLuhan no necesitó ver un sistema para saber que el propósito de la informatización era convertir el hardware en software, que el pensamiento tomara las riendas del poder físico".

Entonces, podemos concluir, este señor tan extravagante ¿era un profeta?, ¿era una especie de Julio Verne de la comunicación electrónica? Fuere lo que fuere, sí habrá que darle razón cuando repetía: 'Para ser un buen profeta no se debe predecir nada que no haya ocurrido ya".

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