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Realidad y ficción en Juegos de la edad tardía, de Luis Landero - La construcción del narrador

Artículo creado por Antonio Ubach Medina. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero16/landero.html
31 de Agosto de 2006
Historia de la literatura

1 - La construcción del narrador

Luís Landero, nacido en un pueblo de Badajoz (Alburquerque) en 1948, publica su primera novela cuando ya ha alcanzado una cierta madurez. Él mismo ha declarado en numerosas ocasiones que no fue su primera experiencia como escritor, y también que el proceso de elaboración de la obra fue largo y complicado.

En las Jornadas de novela actual, celebradas en la Facultad de Ciencias de la Información en 1990, y también en otros lugares1, ha señalado que una parte importante de su aprendizaje como receptor de historias y como narrador de las mismas se la debe a la tradición oral, personificada concretamente por su abuela, a la que reconoce como maestra en el género. Su novela, por tanto, es deudora de esa oralidad que sabe despertar el interés y mantener la atención del oyente utilizando todos los recursos de la narración.

Juegos de la edad tardía aparece en 19892, cuando en el panorama de la narrativa española se ha producido una diversificación considerable, a partir del final de la novela experimental que suponen la Saga/fuga de J.B (1972), de Torrente Ballester, y La verdad sobre el caso Savolta (1975), de Eduardo Mendoza, con respecto a situaciones anteriores, en las que predominaba una tendencia mayoritaria, cuando no exclusiva. El escritor, por tanto, ya no tiene que aceptar o rechazar un modelo narrativo, sino que puede incorporar elementos diversos en las nuevas obras que van apareciendo.

En una entrevista de 1994 (Prieto, 1994: 9) el autor confesaba su inicial interés por las novelas policíacas:

Quizá pueda pensarse que no es un buen aprendizaje literario, pero ese tipo de novela te enseña mucho, sobre todo a cierta edad. Te enseña a construir una historia, por ejemplo, y a crear ambientes. Son malas novelas, de acuerdo. Pero las malas a veces están bien hechas, del mismo modo que puede haber una buenísima novela mal hecha. Y yo creo que fue allí donde aprendí a contemplar panorámicamente una historia, cómo se manejan el espacio y el tiempo.

Otro descubrimiento importante y temprano fue el del Quijote, que siempre ha considerado un libro divertido, y también el inicio de la modernidad en el sentido de que realidad y literatura son las dos caras de una misma moneda, ya que ambos elementos conforman la idea del mundo del hombre actual, igual que sucede en el caso del personaje de Cervantes. Es a través de los héroes de ficción, dice Landero, y por tanto desde hace un siglo también de los del cine, como el hombre se relaciona con su entorno, hasta el punto de que la literatura se convierte en una parte más de la experiencia vital del individuo.

De ese "universo de papel", como él lo denomina, es de donde parte el escritor a la hora de ponerse a redactar su obra, y de donde en este caso también parte el protagonista de la novela. Pero eso no supone salirse del universo de lo real, puesto que allí, en las obras literarias, también está el mundo tal y como lo conocemos, no solo el del pasado sino también el del presente. Por ello el siguiente comentario a propósito del realismo como movimiento literario, que explica cómo está presente en sus obras:

Diríase que el arte, cuando lo es de verdad, siempre da cuenta de la realidad, pero de esto a veces nos enteramos muchos años después. Quizá porque la verdad, en arte, se expresa siempre a través de caminos insólitos. Y no es solo la verdad objetiva en aquel sentido en que Balzac decía que la novela es la historia privada de las naciones, sino también esas otras verdades que nacen de lo más secreto y profundo de nuestro corazón, y que reafirman el viejo afán del hombre de igualar el sueño, de decir lo indecible (Landero, 1994: 30-31).

La necesidad de aprehender en el lenguaje esos elementos de la realidad que son las emociones, los sentimientos y nuestro propio mundo reconstruido a través del recuerdo son parte del juego y tensión constantes que el escritor mantiene con las palabras para, explotando todos sus significados denotativos y connotativos, conseguir llegar a "decir lo indecible".

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