



En Occidente, la tecnología está entrando tan rápidamente en nuestra realidad cotidiana que nos es difícil discriminar lo que es tecnología de lo que no lo es. Muchos ya nos hemos acostumbrado a operar con nuestro bando, el supermercado o la universidad desde casa. Compramos los billetes de metro en expendedores automáticos, enviamos mensajes SMS desde los móviles y hacemos los trámites más diversos con las administraciones. Y si algunos aún no lo hacen no es porque no se pueda, sino porque "la tecnología es tecnología sólo para los que han nacido antes que ella", como nos recordó Alan Kay hace unos años. Para el resto de la población, la tecnología forma parte de su paisaje vital. En Occidente, he empezado diciendo, pero también, y puede que con más fuerza, en algunas zonas del mundo, como ciertos países de Asia.
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Pero aún queda mucho por llegar. Primero tuvimos una red de redes, donde la protagonista era la tecnología por sí misma. Después hemos tenido una red con mucho impacto en la forma e actuar de las empresas (una red volcada hacia dentro de las empresas). Ahora estamos descubriendo los poderes sociales de las redes, aunque sólo sea para conectar personas y hacer actos espontáneos (flash-mobs) o acciones constructivas colaborativas (como enciclopedias en wikipedia.org). Y muy pronto, de lo que más hablaremos será de la evidencia de la red de cosas, billones de objetos con su propia dirección IP, controlables a distancia y comunicables entre sí.
De todas estas redes, la que más intereés me suscita personalmente es la de personas. Porque por primera vez en la historia disponemos de una herramienta de comunicación a bajo precio sin que su coste se a obstáculo. Disponemos de mecanismos para trabajar simultáneamente estando en continentes diferentes, y aun coste ridículo.
El impacto de esto representará en el intercambio de experiencias (la práctica real versus las teorías), en la mejor explotación de los recursos (lo que te sobra a ti, me sirve a mi), en el equilibrio de los tiempos (yo tengo tiempo para mandarte) y en el intercambio de conocimientos es, ciertamente, difícil de imaginar.
Ya hay ejemplos en el mundo de estos usos de las tecnologías para el intercambio útil de recursos e ideas para un futuro mejor en el mundo. Desde los bancos de ideas de organismos internacionales (por ejemplo, el Global Ideas Bank) a bancos de recursos que movilian activos físicos (como ordenadores usados) o personales (como voluntarios, VolunteerMatch) de un muno al otro, o espacios de conocimientos en los que expertos de un país expliquen cómo realizar una innovación en un procedimiento quirúrjico a médicos en países menos desarrollados (ver por ejemplo Interplast).
Hasta en occidente hay iniciativas sorprendentes como CorpAngelNetwork, que utiliza los asientos vacíos de los jets corporativos privados para trasladar a niños enfermos de cáncer.
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Y es que las tecnologías para conectar a las personas, para el intercambio de sus experiencias, ya existen.
Al menos en la parte desarrollada del mundo. Pero nos fantan más ganas de compartir lo que sabemos y lo que tenemos. Es la focalización de nuestros recursos para fines positivos lo que nos falta. Hasta en nuestros países, desarrollados como son, se está produciendo una división digital entre los que usan las tecnologías y los que no. Ahora no nos damos cuenta, pero, en mi opinión, esta separación entre los qe saben utilizar las tecnologías y los que las menosprecian será una causa de tensión considerable en el futuro, en el que el discurso de las prouctividad y la innovación, apoyados sobre los poderes transformadores de las tecnologías, estará en medio del debate público.
Para los países en desarrollo este discurso puede ser que quede muy lejano. ¿O no? Porque resulta que ahora disponemos de tecnologías de comunicación, como las inalámbricas, que tienen un coste de instalación que es, dicen, sólo una décima parte del equivalente en infraestructuras fijas. Esto permite, por ejemplo, poner telefonía allí donde los cables no llegarían normalmente. Y si esto no es suficiente, disponemos de tecnologías de auto-generación eléctrica que permiten, por ejemplo, tener un aparato de radio, de cuerda, en cualquier sitio (ver FreePlay). Esto implica que podemos llevar información allí donde antes no era posible. Y que podemos permitir la comunicación entre quieres necesitan un conocimiento y quienes lo tienen. Suponiendo, como supongo positivamente, que hay gente en el mundo que quiere hacer una diferencia. Y que quiere acabar el día pensando que todo esto en lo que estamos juntos tiene un sentido.
Obviamente, muchos países necesitan muchas cosas antes que información y conocimiento (por ejemplo, sin salud no hay economía posible). Pero las redes nos pueden permitir conectar a quien tiene ganas de compartir lo que sabe con quien necesita este conocimiento. Y esto puede ser de una extraordinaria utilidad en un mundo que ha de resolver sus desequilibrios o, simplemente, morir.
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