Redes P2P: la exaltación de un nuevo tejido cultural - Redes P2P: la exaltación de un nuevo tejido cultural
Artículo creado por UnedHistoria. Extraido de: http://www.kriptopolis.com
23 de Agosto de 2005
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1 - Redes P2P: la exaltación de un nuevo tejido cultural
En la supervivencia del bazar de cultura distribuida que son las redes de intercambio de archivos (redes Peer-to-Peer) nuestra sociedad se juega mucho más de lo que podamos imaginar a primera vista, y mucho más de lo que la mayor parte de los medios son capaces de entrever o están dispuestos a comentar. El asunto se reduce normalmente a una cuestión de pérdidas económicas para la industria cultural en las portadas de los diarios o en los titulares de la televisión, pero el fenómeno de las redes P2P debe entenderse como la lucha por dos concepciones 'extremas' de nuestra cultura.
Dos concepciones defendidas, de un lado, por una industria que se encamina al oligopolio global, y del otro, por una legión informal de grupos y usuarios que conviven en la Red. La primera entiende la cultura como un producto empresarial que se puede apropiar y comercializar hasta extraer de él todo su valor económico, aunque eso implique sacrificar el bien de la sociedad. El bien que supone acceder y utilizar la cultura de forma justa, de compartirla dentro de unos límites, etc. La maximización del beneficio particular -de la empresa- es el fin único que olvida el interés de la sociedad. La otra concepción 'extrema' sostenida por hackers, algunas gentes provenientes del software libre, etc, persigue la libre distribución de los contenidos, identificando en ocasiones erróneamente libre con gratis, y la supresión del copyright y los derechos de autor. La maximización del bien social es el fin que sustenta esta postura que olvida completamente el interés de los creadores. Quizá exista un camino intermedio.
Lo importante es reconocer que la batalla por las redes P2P es sólo una de las muchas que se libran en nuestra sociedad por el derecho a un acceso justo al conocimiento. El resultado de esta lucha alcanzará nuestros ámbitos más íntimos porque determinará qué podemos hacer con la cultura en el ámbito privado de nuestro hogar, en qué medida la cultura cristalizada en objetos como un libro, una obra musical o una película puede ser usada, compartida con aquellos que nos rodean....
La nueva infraestructura de los 'peers' simboliza la lucha por construir un nuevo tejido cultural que restituya a los usuarios al lugar que les corresponde: el centro de la cultura.
Quien crea que la cultura está hecha únicamente lo que las editoriales editan, las discográficas venden y las productoras de cine producen está equivocado. Nosotros, quienes leemos lo que se edita, quienes escuchamos lo que venden y vemos lo que proyectan somos la piedra angular de la cultura. Nosotros somos la cultura hoy más que nunca.
La cultura es proceso que se construye sobre un tapiz hecho de tecnologías, leyes e intereses económicos de empresas culturales. Han sido estas últimas, las empresas de producción cultural, las que han urdido este tejido durante los últimos cinco siglos. Nosotros no hemos tenido ninguna posibilidad para intervenir. Se nos ha excluido de participar en el diseño de la tecnología, no se nos ha escuchado cuando se han redactado las leyes y no hemos participado en la creación ni la distribución de la cultura, papel reservado a unos cuantos 'ungidos' con el don de la creatividad.
Durante los últimos cinco siglos hemos estado aletargados en el extremo de la cadena de información, limitados al papel de consumidores pasivos. Las elecciones al alcance de nuestros padres, de los padres de nuestros padres y al alcance de sus padres... se reducían a sintonizar una emisora, seleccionar un canal o elegir un título.
Dos concepciones defendidas, de un lado, por una industria que se encamina al oligopolio global, y del otro, por una legión informal de grupos y usuarios que conviven en la Red. La primera entiende la cultura como un producto empresarial que se puede apropiar y comercializar hasta extraer de él todo su valor económico, aunque eso implique sacrificar el bien de la sociedad. El bien que supone acceder y utilizar la cultura de forma justa, de compartirla dentro de unos límites, etc. La maximización del beneficio particular -de la empresa- es el fin único que olvida el interés de la sociedad. La otra concepción 'extrema' sostenida por hackers, algunas gentes provenientes del software libre, etc, persigue la libre distribución de los contenidos, identificando en ocasiones erróneamente libre con gratis, y la supresión del copyright y los derechos de autor. La maximización del bien social es el fin que sustenta esta postura que olvida completamente el interés de los creadores. Quizá exista un camino intermedio.
Lo importante es reconocer que la batalla por las redes P2P es sólo una de las muchas que se libran en nuestra sociedad por el derecho a un acceso justo al conocimiento. El resultado de esta lucha alcanzará nuestros ámbitos más íntimos porque determinará qué podemos hacer con la cultura en el ámbito privado de nuestro hogar, en qué medida la cultura cristalizada en objetos como un libro, una obra musical o una película puede ser usada, compartida con aquellos que nos rodean....
La nueva infraestructura de los 'peers' simboliza la lucha por construir un nuevo tejido cultural que restituya a los usuarios al lugar que les corresponde: el centro de la cultura.
Quien crea que la cultura está hecha únicamente lo que las editoriales editan, las discográficas venden y las productoras de cine producen está equivocado. Nosotros, quienes leemos lo que se edita, quienes escuchamos lo que venden y vemos lo que proyectan somos la piedra angular de la cultura. Nosotros somos la cultura hoy más que nunca.
La cultura es proceso que se construye sobre un tapiz hecho de tecnologías, leyes e intereses económicos de empresas culturales. Han sido estas últimas, las empresas de producción cultural, las que han urdido este tejido durante los últimos cinco siglos. Nosotros no hemos tenido ninguna posibilidad para intervenir. Se nos ha excluido de participar en el diseño de la tecnología, no se nos ha escuchado cuando se han redactado las leyes y no hemos participado en la creación ni la distribución de la cultura, papel reservado a unos cuantos 'ungidos' con el don de la creatividad.
Durante los últimos cinco siglos hemos estado aletargados en el extremo de la cadena de información, limitados al papel de consumidores pasivos. Las elecciones al alcance de nuestros padres, de los padres de nuestros padres y al alcance de sus padres... se reducían a sintonizar una emisora, seleccionar un canal o elegir un título.
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