[1] Nadie sabe leer, nadie lee. Porque para leer (...), hay que saber asociar.
PIGLIA, Ricardo. Respiración artificial. Bogotá, Tercer Mundo Editores, 1993. p. 212.
[2] GADAMER, Hans-Georg. Estética y hermenéutica. Traducción de Antonio Gómez Ramos. Madrid, Tecnos, 1998. pp. 300-301.
[3] POL-DROIT, Roger. Carta abierta a Gilles Deleuze. Traducción de Consuelo Pabón. En: Magazín Dominical -El Espectador-.Nº 511- Bogotá, 7 de febrero de 1993. p.9.
[4] DELEUZE, Gilles. Diálogos. Valencia, Pre-Textos, 1980. p.8.
[5] Hermes, el mensajero de los dioses de quien la hermenéutica toma nombre, ejercía una actividad de tipo esencialmente práctico: iba de los dioses a los hombres y viceversa, llevando noticias, advertencias y profecías. En sus orígenes míticos, como posteriormente a lo largo de toda su historia, la hermenéutica como ejercicio práctico-transformatorio se contrapone a la teoría como contemplación de las esencias eternas -una contemplación que no modifica, sino que deja las cosas tal como son, inmutables y no cambiadas por el observador (tipo de ideal que volvemos a encontrar en la pretensión de objetividad de los datos observados en el positivismo y el neopositivismo entre los siglos XIX y XX). A esta dimensión práctica debe precisamente la hermenéutica su calificación tradicional: hermeneutikè téchne, ars interpretationis, Kunst der Interpretation: arte como transformación, y no teoría (o ciencia en sentido metafísico) como contemplación (...). la hermenéutica plantea la centralidad del problema de la lectura.
FERRARIS, Maurizio. La lectura, entre el diálogo y el monólogo. Traducción de Consuelo Vázquez de Parga. En: Revista de Occidente Nº 69. Madrid, Fundación José Ortega y Gasset. 1987. p. 55.
[6] WURTZEL, Elizabeth. Nación Prozac. Traducción: Miguel Martínez-Lage. Barcelona, Ediciones B., 1996. p. 7.
[7] ARTURO, Aurelio. Palabra (Morada al Sur). En: Obra e Imagen. Bogotá, Instituto Colombiano de Cultura, 1977. pp. 71-72.
[8] JABÈS, Edmond. Citado por: DERRIDA, Jacques. La escritura y la diferencia. Traducción de Patricio Peñalver. Barcelona, Anthropos, 1989. p. 91.
[9] Que a diferencia de aquellas que se revisten de un latex hiperracional, entran a operar en el texto sin que las manos se manchen de tinta o de sangre, evitando cualquier riesgo de contaminación:
Como sugiere la fábula de Bradbury, la gran obra de arte es más que un texto. Es la "sangre vital de un espíritu maestro". Don Quijote y Madame Bovary son lectores sin defensas; y siguen conmoviéndonos profundamente es porque somos lectores con demasiadas defensas. Esta gente que está en el libro es gente de libro: las versiones paródicas de nuestro propio deseo de una identificación con actos y vidas ejemplares. Por lo tanto, nuestro esfuerzo por domesticar la poderosa obra de arte mediante la interpretación demuestra su sublime presencia o al menos nuestra casi demoníaca tendencia a la posesión erótica o envidiosa de otras vidas. Esa oscura apropiación de las obras de arte que llamamos interpretación es seguramente tanto una tendencia ciega como un interés objetivo.
HARTMAN, Geoffrey. El destino de la lectura. Traducción de Javier González, Geraint Williams y Mauel Asensi. En: Teoría literaria y deconstrucción. Madrid, Arco/Libros, 1990. p. 226.
[10] CASTANEDA, Carlos. Las enseñanzas de don Juan. Traducción, Juan Tovar. México, F.C.E, 1983. p.108
[11] BURROUGHS, William. El almuerzo desnudo. Traducción de Martín Lendínez. Barcelona, Bruguera, 1980. pp. 165-188
[12] Hablamos un instante de la leche contemporánea: a temperatura ambiental está cambiando, se pica, etc., y entonces una botella, etc., a no ser que, separándola de su mutación convirtiéndola en polvo o refrigerándola (una manera de retardar su vitalidad) (es decir, que los museos y las academias son formas de conservar) temporalmente separamos las cosas de la vida (del cambio) pero en cualquier momento la destrucción puede venir repentinamente y entonces lo que ocurre es más fresco.
CAGE, John. Ese momento está cambiando siempre. Traducción de Wade Matthews. En: Revista de Occidente. Nº 151. Diciembre de 1993. pp. 9-11.
[13] GARAVITO, Edgar. Roland Barthes: una filosofía del placer. En: Escritos escogidos. Medellín, Universidad Nacional de Colombia, 1999. pp. 17-21.
[14] PERETTI DELLA ROCCA, Cristina de. Jacques Derrida: texto y deconstrucción. Barcelona, Anthropos, 1989. p. 152.
[15] El libro de Maupoil sobre la geomancia en la Costa de los Esclavos nos da todo un conjunto nuevo de mitos, que están vinculados a los diversos golpes de suerte, al modo como caen las medias nueces del collar de Ifa (Yoruba) o de Fa (Fön). Sin embargo, no habría que imaginar que estos mitos constituyen una mitología diferente, independientemente de la primera. Pues tienen dos sentidos y pueden así traducirse de una mitología a otra, aunque ese sistema de correspondencias, que pertenece al saber esotérico de los babalawos, todavía nos sea bastante mal conocido. Pase lo que pase con este punto que ha quedado oscuro, los dos sistemas están igualmente vinculados por las leyendas relativas al origen de la divinización: el culto de Ifa o de Fa está estrechamente ligado al de Eschú (Yoruba) o al de Legba (Fön). Cierto es que Eschú y Legba se identifican, pero los yorubas han insistido sobre todo en el carácter malicioso de esta divinidad, que la vincula a esos dioses-bufones de que tan a menudo hemos hablado, y los fön parecen haber puesto en primer plano su carácter fálico. Pero uno y otro son esclavos, servidores o mensajeros suyos y, por consiguiente, mediadores obligados entre ellos y los humanos; por eso se les hacen los primeros sacrificios, preliminares a toda ceremonia, para que abran el camino entre lo sagrado y lo profano, y por ello también aportan "la palabra" de los dioses a los hombres, es decir, que fundan las bases mismas de la actividad adivinatoria. En otro tiempo, los hombres, olvidadizos, ya no adoraban a sus divinidades, y en vista de eso los Orischas enviaron a la tierra a su recadero para que los hombres reanudasen sus ofrendas. Él fue a ver a Orugán: "Los dioses tienen hambre. Es preciso que los dieciséis dioses tengan algo que les dé satisfacción, le dijo Orugán. Conozco algo de ese género. Es una gran cosa que está hecha de dieciséis nueces de palma. Cuando hayas logrado reunir dieciséis nueces de palma y sepas lo que significan, podrás reconquistar a los hombres". Eschú fue a buscar las nueces, aprendió sus significados, y así es como aportó la religión de Ifa, pues Ifa, hijo del dios supremo, había sido metamorfoseado en palma, y las nueces que traen las palabras divinas no eran sino los retoños de la palma milagrosa. Pero se conocen también otros mitos que manifiestan la lucha de los babalawos y de los demás sacerdotes, consagrados al culto de los Orischas: a veces, Eschú, está considerado como el esclavo de un viejo, Ifa, a quien se ve obligado a ceder al arte de adivinación, mientras que a veces es Ifa quien ha poseído ese arte antes, y su esclavo Eschú, como se muere de hambre ante la casa de su señor, que recibe regalos principescos de sus consultantes, hace una huelga impidiendo con astucias o mentiras que los pretendientes entren en casa de Ifa: éste se ve así obligado a ceder a su servidor una parte de sus conocimientos: se guarda para él las nueces, pero permite a Eschú leer el porvenir a través de las conchas (cauris).
El círculo del este. En: Mitologías. De las estepas, de los bosques y de las islas. Volumen 4. Barcelona, Planeta, 1982. p. 245.
[16] CORDERO, Luis. Diccionario Quichua-Español. Español-Quichua. Quito, Casa de la Cultura Ecuatoriana. 1955. p. 48.
TORRES FERNÁNDEZ DE CÓRDOVA, Glauco. Diccionario Kichua-Castellano. Yurakshimi-Runashimi. Cuenca, Casa de la Cultura Ecuatoriana (Núcleo de Azuay), 1982.
[17] TÉLLEZ, Freddy. La ciudad interior. Madrid, Orígenes, 1990. p.13.
[18] El lectoescritor es decir investigador, pensador, creador comprometido con la lectoescritura de su propio destino y el destino del mundo que le rodea. Investigador infatigable de las posibilidades, pensador nómade, creador incansable. Lectoescritor arquitecto de su vida, diseñador de vida, porque su vida se convierte, mediante este proceso, en una obra de arte que es necesario lectoescribir permanentemente, incansablemente, abriendo siempre líneas de fuga al corral de lo establecido, a los muros del saber dogmático y autoritario (...). Lectoescritor: médico de las enfermedades físicas y espirituales; músico, poeta, líder espiritual y político de la sociedad, capaz de escribir la historia de su comunidad. Es aquél que se ha enfrentado al miedo y ha renacido con la suficiente energía para escribir con su canto, para escribir con su palabra, para escribir con su gesto, para lectoescribir con su silencio... Lectoescritura Danza. "Lo más profundo es la piel", lectoescribir las páginas blancas de la piel cuerpo, libro-piel, piel del mundo, mundo-piel-libro...
RODRÍGUEZ ROSALES, Jairo. El cuidado de sí: el arte de lectoescribir (fragmentos de una propuesta inconclusa). En: Nómade Nº 6. Revista del Departamento de Humanidades y Filosofía - Universidad de Nariño. Pasto, junio de 1999. pp. 57-59.
[19] CASTRO GÓMEZ, Santiago. Teoría tradicional y teoría crítica. En: Universitas Humanística. Nº 49. Año XXVIII. Enero-junio de 2000. Bogotá, Pontificia Universidad Javeriana. Facultad de Ciencias Sociales. Fundación Fumio Ito. p. 33.
[20] PANERO, Leopoldo María. Entender la poesía. En: Y la luz no es nuestra. Madrid, Libertarias/Prodhufi, 1993. p.21.
[21] PRIGOGINE, Ilya. ¿Una nueva racionalidad? (prólogo). En: El fin de las certidumbres. Traducción: Pierre Jacomet. Santiago de Chile, 1996. p. 15.
[22] NOTHOMB, Amélie. Higiene del asesino. Traducción de Sergio López. Barcelona, Circe, 1996. p.56.
[23] Se advierte que Szondi sostiene que la reanudación de la cuestión de la "écriture" aparece, en el área francesa, sobre la base de una tradición "derivada ciertamente de Mallarmé"; es decir, de una escritura considerada no como simple transmisión de ideas y depósito mnemónico de palabras, sino como actividad eminentemente poético-expresiva, con intenciones revolucionarias. Enfatizar la escritura significa, para Mallarmé, criticar toda una tradición artística y comunicativa; él usa - como ha escrito Benjamin - "la escritura para competir con la música".
FERRARIS, Maurizio. Jacques Derrida. Deconstrucción y ciencias del espíritu. En: Teoría literaria y deconstrucción. Traducción del texto de Ferraris de Carmen Pastor y Manuel Asensi. Madrid, ARCO/LIBROS, 1990. p. 361.
[24] CORTÁZAR, Julio. Salvo el crepúsculo. México, Nueva Imagen, 1984. p. 34
[25] "¿Qué comunica el lenguaje? Comunica su correspondiente entidad o naturaleza espiritual. Es fundamental entender que dicha entidad espiritual se comunica en el lenguaje y no por medio del lenguaje. No hay, por tanto, un portavoz del lenguaje, es decir, alguien que se exprese por su intermedio. La entidad espiritual se comunica en un lenguaje y no a través de él. Esto indica que no es desde afuera, lo mismo que la entidad lingüística . La entidad espiritual es idéntica a la lingüística sólo en la medida de su comunicabilidad; lo comunicable de la entidad espiritual es su entidad lingüística. Por lo tanto, el lenguaje comunica la entidad respectivamente lingüísticamente de las cosas, mientras que su entidad espiritual sólo trasluce cuando está directamente resuelta en el ámbito lingüístico, cuando es comunicable.
El lenguaje transmite la entidad lingüística de las cosas, y la más clara manifestación de ello es el lenguaje mismo. La respuesta a la pregunta: ¿qué comunica el lenguaje?, sería: cada lenguaje se comunica a sí mismo (...) y para ser más precisos: cada lenguaje se comunica a sí mismo en sí mismo; es, en el sentido más estricto, el "medium" de la comunicación.
BENJAMIN, Walter. Sobre el lenguaje en general y sobre el lenguaje de los humanos. En: Para una crítica de la violencia y otros ensayos. Traducción de Roberto Blatt. Madrid, Taurus, 1991. pp. 60-61.
[26] PANERO, Leopoldo María. Entrevistado por Fernando Sánchez Dragó. TVE. 1999.