



El propósito de Llull al escribir este libro fue el de multiplicar la devoción entre los ermitaños, a quienes quería "enamorar de Dios".
Ramón Llull, en efecto, empieza el libro presentádonos al ermitaño Blanquerna que reza todo el día y lee diariamente la Sagrada Escritura o el Libro de contemplación (libro escrito por el propio Llull). Blanquerna rezaba con tal devoción y fervor que cuando dormía le parecía estar con Dios. Un día, un ermitaño que estaba en Roma visitó a Blanquerna y le encargó que escribiera un libro para poder mantener en contemplación y devoción a los demás ermitaños enclaustrados en Roma. Blanquerna pensó mucho en cómo y sobre qué escribiría el libro y tras meditar y entregarse a la oración se propuso escribir el Libro de Amigo y de Amado, en el cual el amigo era el fiel cristiano y el Amado era Dios. Blanquerna recordó que, cuando era Papa, un sarraceno le había contado que los sufíes, entre los sarracenos o musulmanes, eran los más religiosos y que con palabras de amor y ejemplos abreviados despertaban la devoción en el hombre. El personaje de Llull, Blanquerna, decidió entonces escribir el libro al modo de los sufíes.
El afán de Llull por expandir la fe cristiana no sólo se refleja en sus libros, sino también en su propia vida; en efecto, los últimos años de la vida de Llull estarán consagrados, como dice Miquel Batllori, a "la acción misionera y a poner en peligro la vida del Amigo por amor del Amado".
La prosa de Ramon Llull, así como su pensamiento, actúan de puente entre el mundo latino y el mundo árabe, como bien señala, Miquel Batllori, en su introducción a las obras completas de Llull: "con una alternancia de frases periódicamente subordinadas, según el espíritu de la lengua latina, y de otras coordinadamente yuxtapuestas, al modo arábigo.[…] Derivadas directamente de la influencia árabe, confesada de modo explícito por el propio Llull, son la prosa rítmica del Llibre d'Amic e Amat y la prosa rimada de las Oraciones de Ramon".
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