Refracción del código del lenguaje - Fractura del lenguaje. Ruptura con el logos: Concha García

3 - Fractura del lenguaje. Ruptura con el logos: Concha García

Artículo creado por Tina Escaja. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero29/tescaja.html
20 de Octubre de 2006

“De no ciudad, no pasos
no rabillo del ojo, humor, olor,
instante bajo el Rialto;
ni foto ni grabado,
…………………..
Nidos de nada
en la nuca agua sin más.”
Noni Benegas (“Venecia” 1-4, 17-18 )

“Entonces
las horas que permanecí
dentro de la duración
fantaseé titubeos,
lugares del no.”
Concha García

Junto a la palabra poética como símbolo de insuficiencia y como reflejo de preocupaciones previas, aparecen también en autoras de esta generación expresiones de ruptura con la palabra heredada, negaciones y cuestionamientos de los códigos del lenguaje. Esther Zarraluki ya lo había planteado en su poema “Las pescateras.” Otras autoras refractarias ampliarán esa noción, incidiendo en la fractura y el enfrentamiento como estrategia metalingüística de afirmación de un pronunciamiento personal y unívoco que revele una subjetividad genuina y de mujer.

En “Venecia,” un texto escrito por la autora argentina asentada en Madrid, Noni Benegas, compiladora a su vez de la importante antología Ellas también cuentan, la poeta rompe con la estética novísima al subvertir las imágenes de decadencia y extenuación simbolizadas por los novísimos en la ciudad italiana:

No palomas, no arcos
corceles de mar, rumor, islas;
no tren, partidas, hotel
…………………..
Nidos de nada
en la nuca agua sin más. (12-14, 17-18)

Por su parte, Concha García expresa con efectividad su planteamiento de romper con las estructuras falologocéntricas del lenguaje heredado. La propia autora lo manifiesta en su “Poética”: “Desde mis primeros libros he intentado subvertir el lenguaje. ¿Cómo? Cambiando la sintaxis, alterando el orden gramatical, y mediante el empleo de neologismos y la fracturación de los finales” (228). Esta estrategia ha sido estudiada con acierto por Sharon Keefe Ugalde, y responde asimismo a una estética de alteridad que impregna no sólo el planteamiento lingüístico de la autora sino también su entramado personal y lírico.

La trayectoria poética de Concha García se inicia principalmente con Otra Ley, primero de un tríptico de poemarios que continuará Ya nada es rito y Desdén. Este tríptico aparece anticipado en Por mi no arderán los quicios ni se quemarán las teas, reimpreso a su vez en la última sección de Otra ley.4

Por mi no arderán los quicios ni se quemarán las teas es un libro marcado por la exploración sexual del cuerpo y los genitales de la mujer, hábilmente indagados por medio de un lenguaje preciosista teñido de elementos expresionistas. La indagación sexual, que en ocasiones explicita una relación lésbica, aparece introducida por una afirmación en el segundo poema del libro: "Ya he vendido los volantes y las ramplonas medias" (14). Con esa afirmación, García se desprende de las convenciones femeninas que representan las marcas performativas de género, para sumergirse de lleno en su propia propuesta sexual y personal. Esta declaración de principios se reiterará en ciertos poemas de sus libros inmediatos. Así en "Confirmación," del poemario Otra ley, en el que la poeta antagoniza y se libera de la tradición que la madre representa e impone:

Soy una larga espalda inclinada hacia el sur.
Que mi madre me dio leche, ya lo sé. Que me
hincó la uña con cierta parsimonia bajo los cojines
y edredones y su femenino amor tuvo que darme
osamenta y cutis. . . . (35, 1-5)

Otra ley es un libro impresionista en sensaciones y retórico en las secuencias sincopadas. El rechazo al falocentrismo en favor de una alternativa de experiencia vivencial y poética de mujer se explora y propone ya desde el título del poemario. La otredad propuesta es la del sujeto poético que se desdobla en perspectivas y en posturas, que se averigua en sordideces y en rupturas semánticas, y que se reconoce también en la sexualidad de pareja. Esa “otra ley” huidiza y provocativa deriva en la certeza de que “Ya nada es rito,” título del poemario que continúa el tríptico. La ruptura de valores en Otra ley da paso entonces a la certeza de la ausencia de los ritos convencionales y a la necesidad de crear ritos nuevos y desprendimientos lingüísticos, proponiendo alternativas subversivas: “Ya no le digo te quiero a nadie, / he perdido el sur del vestido y las / costuras se abren, parezco una tela / inflexionada, una rota lana.”

A esa necesidad de alternativas responde el largo poemario con que finaliza el tríptico: Desdén. En Desdén se perfila lo cotidiano como formador de sensaciones y esencias individuales. El cuerpo amado, sus gestos, cifran la identidad del sujeto poético que lo recrea y se recrea a sí mismo desde la soledad. Las cadencias lésbicas se disuelven en evocaciones sin género, donde la sensación del momento predomina y la fractura sintáctica se impone sobre el preciosismo poético de sus primeros textos: “El hedor. O te necesito. Te ne- / cesito aquí quien aúpa este / bobo enlentamiento de mis / facciones. . . .” (84, 1-4).

El siguiente libro, Pormenor, incide en la experiencia de la soledad principalmente desde lo cotidiano, en un tono amargo, a menudo sórdido, donde se inscribe el desamor: “Todas las bocas que me han mirado, ahora no me miran / porque estoy sola...” (72, 1-2). Los objetos inmediatos, las secuencias de bares y amores perdidos, cifran la reflexión existencial de lo efímero. El ritmo se presenta rápido y entrecortado, en quebradas sincopaciones irresueltas. Ese ritmo deriva en melancolía hacia el final del poemario que anticipa sus trabajos inmediatos. La desazón dará paso entonces a la nostalgia que transcribe la memoria vaciada de eventos y la inmediatez del paisaje y vivencias urbanas, en apariencia simples, que revelan su irrealidad: “. . . A mí me gusta / el encantamiento de ciertas tardes, cuando / lo evidente no es real.” (56, 8-10). La única verdad posible parece ser la de la soledad, desde un sujeto que se afirma femenino y en esencia solo, una temática que se desarrolla con brillantez en Ayer y calles.

Ayer y calles madura y culmina la trayectoria de Concha García. Galardonado con el prestigioso premio Jaime Gil de Biedma, Ayer y calles incide en los residuos del tiempo al que se integra un sujeto poético desmultiplicado, mimetizado en las cosas inmediatas, en el paisaje urbano y la memoria fragmentada. La acumulación de registros observados revela su repetición e imposibilidad en ese “. . . afán / de querer escribir todo cuanto veo. / No lo que miro, sino lo que veo." (13, 24-26). La multiplicación del yo contrasta y construye al mismo tiempo el sentimiento desolado, a veces dolorosamente solo, que deambula por la memoria y las calles. Es el sitio de la soledad y el cigarro, de la ropa tendida y los reflejos de luz. Es una búsqueda irresuelta de la verdad y del deseo desde la certeza de la fugacidad: “Recuerdo dos horas seguidas. / Luego un abatimiento. Se filtraba / la luz, pero anochecía. Yo era otra” (11, 1-3).

El proceso de alienación con la palabra escrita no se resuelve en el volumen Cuántas llaves, donde se mantienen los registros de soledad, des-integración y ruptura angustiada. Pero el mecanismo de expresión de la experiencia íntima enfatiza en este libro sus pautas de fractura. Como concluye Manuel Vázquez Montalbán en su pórtico al libro, la poeta-mujer-personaje “mira las manos llenas de llaves. . . . claves absurdas que comunican con nada y el nadie” (10). La fractura se muestra sistemática, expresándose en discontinuidades, diálogos fracturados, variaciones tipográficas, sintaxis quebradas, semántica que altera la evocación literal con el hermetismo, la descripción inmanente con la poeticidad trascendente, el sentimiento de náusea con el de plenitud:

¿hay senderos? ¿esto es real?
.............................................
¿Qué es lo que se olvida? Una arcada
de asco, un día en pendiente.
Galeones, como sombras de un alma
que ya no se cree en lo fugaz.
Galeones que se olvidan con todo su volumen.
Galeones tus ojos. („Galeones“ 14-15, 13, 44-49)

¿Y aquel encuentro? Ahora que no estás yo.
No te... viajaremos este verano.
Vayamos al lugar. Árboles frutales,
tú la fru... te vivo en la azotea.
Cuando quebró. ¿Quién creería?
Tu compañía me endul... me rompe
el mar. („¿Qué es lo que cae?“ 27, 15-21)

El cuerpo, como la identidad fragmentada de la hablante, aparece asimismo truncado: “me vi en un espejo ovalado: no estaba entera”(35, 15); “Un olor inverosímil / recoge lo que queda de mí” (36, 1-2). Pero también la hablante se multiplica y bifurca, a veces en un tú al que apela: “Te bifurcaste, allí una sombra” (62, 29).

La hablante construye su identidad en el desajuste, en el desencuentro, en un diálogo a trozos que a veces se muestra como autodiálogo. Es el triunfo de la afirmación desde la retórica de la negación. Es un decirse desde el desdecir y la discontinuidad, o como se expresa en el título de uno de sus poemas de Cuántas llaves, “El desencuentro desvela otro encuentro”(53). El poema “Conjeturas” (60) encapsula esa dinámica de construcción desde la deconstrucción por el lenguaje:

Solo [sic] lo sabe el fragmento. Lo demás no es vivir,
es acercarse a muebles donde el no está escrito
en un curioso silabeo con eco
que tiene un sonido de sí. Pero es no.
........................................................
La apariencia de un amor ideal duplica la tarde
como una manera insólita
de prestarle fuerza a un reloj. (6-9, 14-16)

La estricta reflexión sobre el lenguaje facilitará esa creación de un espacio personal, verbal y físico: “Las rarezas salen de la boca, pero por dentro / el discurso original se construye con dialectos. / Palabras de aquí y de allá. Los cuerpos / parecen significar con realeza pero tampoco / dicen nada. Dice el no decir” (24, 2-6); “Una boca que niega, una lengua / rota, palabreos. Luego entereza” (62, 41-42).

A partir de la destrucción del lenguaje convencional, Concha García logra construir un espacio personal y unívoco. La retórica del no sirve a esa propuesta de desajuste y quiebra que se ultima en la afirmación, en el autoexpresar. El resultado es la construcción de un lenguaje “otro,” de un lenguaje propio que refracta, fracturándolo, el lenguaje heredado. Concha García logra construirse de este modo desde la destrucción del lenguaje y desde ese “no decir “que propone de forma sistemática, en oposición a un “sí” impuesto y desabrido: “... Me eduqué en la quimera / del sí a todo. El poema es un tragaluz” (26, 19-20). La vida acaba imponiéndose, más allá de sus variables: “Estoy viva” (46, 1).

La propuesta de la multiplicación y el dialogismo se presenta como proyecto estético y retórico en la trayectoria de Concha García. El compromiso vital, que pretende neutralizar posiciones de género, se determina sin embargo por la imposición de un sujeto femenino íntimo y reflexivo en continuo desdoblamiento. Esa persona velada se reconoce también en la continua ruptura y asedio a las convenciones desde la apropiación y subversión misma de elementos tradicionalmente asociados al universo masculino, entre los que se encuentran el afán de soledad y el cigarro, el amor a la mujer, el desprecio a los anaqueles estáticos donde se acumula el saber falologocéntrico.5

Sharon Keefe Ugalde ha sido la voz más certera en aproximarse a la estética de la autora. Con el concepto de “estilo fracturado,” la crítica norteamericana define la ruptura del lenguaje en que incurre García en sus versos y que logra dos objetivos. Por una parte, cuestiona al tiempo que se libera de la estructura patriarcal subyacente en el lenguaje; por otra, la presunta “dureza” del lenguaje en los textos de García deconstruye la asociación romántica de escritura de mujer, para hacer el texto impenetrable, y en último término, facilitar la reacción del lector, su entrega (123-24). La ruptura con el Logos, cuya unidad determina lo que en términos psicoanalíticos se interpreta como unidad al Falo, implica una determinación subversiva y provocadora “donde rige ‘otra ley’,” afirma Keefe Ugalde (124), un universo alternativo dominado por la expresión y el código de mujer.

En esa renuncia al Falo, en la persistencia en inscribir su universo personal al margen de las convencionas, en el asedio a la ficción cultural que conforma identidades inapresables, se sitúa la persona de Concha García. La alteridad, la fluidez, y el amor a la mujer son algunas de sus marcas, por encima de categorizaciones. Su poema “Visión,” del libro Cuántas llaves, ejemplifica esa capacidad última de mostrar/se en un lenguaje que se resuelve íntimo y veraz:

... El agua de los conductos de toda una ciudad,
con restos de saliva se va al mar esta noche.
Vivo cerca de la desembocadura, sé que ayer
estuviste aquí y me asomo a la ventana
imaginándome el agua con la que te enjuagaste
en una ola. (59, 5-10)

2 opiniones

estupid

eres estupid porque eres maricon
caca

adios

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