



A lo largo de este trabajo hemos intentado dar cuenta de las distintas figuras de lector que podemos encontrar a partir de las obras de Marcel Proust.
Para realizarlo se ha tenido en cuenta tanto la clasificación de las distintas figuras de lector que nos ofrece la teoría como, también, se ha considerado el contexto sociocultural de producción y recepción de dichos textos a partir de dos épocas claramente diferenciadas, a saber, principios del siglo XX y principios del siglo XXI.
Sobre la base de este análisis que por razones de espacio ha sido breve, podríamos afirmar que los lectores que se encuentran con Por el camino de Swann actualizan los contenidos de esta obra a partir de su competencia, de su enciclopedia.
Probablemente, un lector superficial se aburriría, en tanto que en la medida que poseamos lecturas suplementarias podríamos ubicar el texto en un contexto más amplio. Evidentemente, quien conozca la obra de Bergson o Hegel entre otros autores podrá hacer una lectura más enriquecedora de esta novela.
Cada sociedad produce un determinado modelo cultural. Dentro de este modelo los textos se ubican coincidiendo o divergiendo respecto a él. Esto nos ha servido como punto de partida para el análisis de la figura del lector en la obra de Proust ya que de ninguna manera podemos asimilar al lector actual con el lector contemporáneo al momento de producción de En Busca del tiempo perdido.
Desde su formación estética o ideológica el lector ordena el texto. Puede, de esta manera, seguir sus indicaciones y leerlo según la imagen de lector que el texto incluye o puede relacionarse con la obra desde una práctica de lectura que ésta no predetermina.
Así como Proust sostiene que “(...) nuestra personalidad social es una creación del pensamiento de las demás” (2000: 31) podríamos trasladar esto al acto de interpretación homologando la situación y diciendo que éste, también, es resultado de la creación del lector al cual, en todo caso, el texto le pone un límite.
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