La relevancia es un concepto ligado al acto comunicativo que, en ningún caso, debe considerarse en términos absolutos. Por eso, Sperber y Wilson establecen una analogía entre el funcionamiento de la comunicación y el funcionamiento de la economía, de acuerdo con los parámetros de coste y beneficio y en un doble sentido:
- La productividad depende del tamaño de la empresa pero parece difícil admitir que una empresa es productiva cuando la producción es muy pequeña.
- Por otro lado, la producción no depende únicamente del valor de los bienes producidos, ya que hay que tener en cuenta los costes de producción. Cuanto menores sean éstos, mayor será la productividad[i].
La relevancia comunicativa, al igual que la productividad económica, depende de estos dos factores, y es productiva o relevante en mayor o menor grado. Pero antes de obtener una conclusión, conviene aclarar algunas cuestiones sobre el planteamiento de Sperber y Wilson, en especial, aquellas que se puedan relacionar con la comunicación organizacional.
Una dicotomía de gran interés -cuyo origen se halla en la teoría de Grice sobre el principio de cooperación y que se distancia del modelo clásico de comunicación- es la que se establece entre intención informativa e intención comunicativa, que se distinguen por su finalidad: la intención informativa informa al oyente de algo, mientras que la intención comunicativa informa al oyente de nuestra intención. En este sentido, es interesante hacer notar el giro comunicativo que se introduce a través de esta distinción. El emisor pierde su papel jerárquico en el proceso comunicativo y la información se transmite en función del receptor; a quien le corresponde tanto la recepción de la información como la interpretación de la intención del emisor. El éxito comunicativo queda en manos del receptor y el emisor debe tratar de asegurarse de que su mensaje pueda ser interpretado adecuadamente.
El papel del receptor se completa –y, en parte, es debido- a la fuerza que adquiere el contexto en la teoría de la relevancia. El contexto no se refiere solamente a la situación física en la que se produce la comunicación sino que se extiende a los procesos cognitivos, de manera que el contexto es elegido por el receptor para interpretar la información transmitida por el emisor. Así se puede explicar por qué una información es relevante para un receptor pero no para otro e igualmente se puede entender por qué la dificultad para acceder un contexto –un contexto académico o demasiado técnico– hace que la comunicación falle en tanto que el receptor no puede interpretar la información ni la intención del emisor adecuadamente.
Recogemos, pues, las condiciones de relevancia tal y como las formulan Sperber y Wilson:
Condición de grado 1: Un supuesto es relevante en un contexto en la medida en que sus efectos contextuales en dicho contexto sean grandes.
Condición de grado 2: Un supuesto es relevante en un contexto en la medida en que el esfuerzo requerido para su procesamiento en dicho contexto sea pequeño[ii].
En otras palabras, la relevancia depende de los efectos contextuales y del esfuerzo de procesamiento, o en términos económicos, depende del beneficio y del coste comunicativo. El efecto contextual será grande si supone una modificación en los supuestos del receptor y el esfuerzo de procesamiento será menor si el receptor dispone de acceso al contexto para interpretar la intención del emisor.