Resistencias mundiales - Síntesis histórica y debate
Artículo creado por Maximiliano Martínez. Extraido de: http://www.lainsignia.org
14 de Septiembre de 2005
Historia, Pensamiento y política
3 - Síntesis histórica y debate
Para poder comenzar el análisis debemos reseñar brevemente en qué instancia histórica comienza a conformarse éste movimiento antimundialización. Y es a principios del año 1997, cuando la asociación estadounidense Global Trade Watch comienza a difundir los borradores del Acuerdo Multilateral de Inversiones (AMI), un tratado internacional ideado exclusivamente para proteger a las inversiones extranjeras en desmedro de la capacidad regulatoria de los Estados.
Esta nueva Biblia del capitalismo mundial (así calificado por sus detractores) no daría otro resultado más que el de acentuar la hegemonía del capital transnacional. Con la impostergable difusión de lo que primero había sido una negociación secreta, comenzó a construirse una primera campaña en contra de la concreción del AMI, llevada adelante por un conjunto de ONGs, asociaciones ecologistas, de derechos civiles y de lucha contra las corporaciones monopólicas. Los meses de febrero, abril y octubre de 1998 marcaron el camino de lo que hoy es considerado por sus ideólogos como la primer victoria del movimiento antineoliberal: la postergación y suspensión del proceso de negociaciones para la conclusión del AMI. En febrero, más de 600 ONG y organizaciones sociales lanzaron una campaña de denuncia y presión contra el acuerdo. En abril, ante una reunión en París convocada por la Organización para el Comercio y el Desarrollo ( OCDE, motor de la negociación) para supuestamente aprobar el proyecto, activistas de más de 30 países se dieron cita en las protestas. La OCDE decidió finalmente postergar la sanción del AMI para luego en octubre, tras una intensificada campaña en su contra, suspender las negociaciones.
Sin ingresar en un derrotero innecesario, será de utilidad exponer los momentos que el libro que nos ocupa presenta como puntos más destacables: la movilización en contra de la reunión de la OMC en Seattle, en 1999, y el Foro Social Mundial de Porto Alegre a principios del año en curso.
En el primer caso, el escenario comenzó con una lista difundida por Internet bajo el título "Paremos la ronda de la OMC". Se organizaron debates y seminarios en los que comenzó a dibujarse la idea de conformar un bloque de protesta en el momento en que se llevara a cabo la reunión . Dice el texto: "El escenario estaba pronto. Los torrentes subterráneos de rechazo al liberalismo económico estaban listos para desembocar en Seattle y demostrar al mundo, y a los desprevenidos funcionarios gubernamentales que comenzaban a llegar a la ciudad el 26 de noviembre, la silenciosa pero pujante fuerza que se había ido construyendo". El resultado final: el 30 de noviembre la marcha reunió a alrededor de 50 mil personas de un origen por demás diverso. Activistas de derechos humanos, ecologistas, campesinos, feministas y otros tantos interrumpieron el paso en las calles y obtuvieron como respuesta una feroz represión policial. Estos hechos se repitieron a lo largo de tres días. Con éste escenario, la OMC suspendió su encuentro y bloqueó todas las reuniones en los hoteles. Los diarios expresaron que Seattle había sido la protesta más importante de los Estados Unidos desde los años de las manifestaciones contra la guerra de Vietnam.
En el desarrollo de los acontecimientos posteriores a Seattle, varios hechos de menor envergadura ( al menos en cantidad de manifestantes) se mostraron a los ojos del mundo: la protesta por la reunión del Foro Económico Mundial en Davos, Suiza (enero de 2000); movilizaciones en Washington en ocasión a la reunión del Fondo Monetario Internacional (abril de 2000); protesta ante la reunión de la OEA (junio de 2000). La concreción de una instancia de debate entre quienes habían participado de éstas marchas se vió materializada en el Foro Social Mundial de Porto Alegre (Brasil), llevado a cabo en enero de 2001, en simultáneo con la reunión del Foro Económico Mundial de Davos.
"El Foro Social Mundial fue resultado y expresión de éstos múltiples procesos. La primavera de Porto Alegre se alimentó y dio cuenta tanto del movimiento internacional antineoliberal, de sus experiencias y sus debates", expresan los autores José Seoane y Emilio Taddei. También dicen: "Por primera vez, por lo menos con la amplitud y significación que tuvo la convocatoria en Porto Alegre, el pensamiento único y las fuerzas del capital reunidas en los Alpes suizos confrontaban con la fortaleza, riqueza, diversidad y complejidad del movimiento anti-mundialización neoliberal".
Es indudable que ésta afluencia de manifestaciones en un período relativamente breve no hacen sino confirmar que la crisis del capitalismo genera la irrupción del descontento generalizado allí donde domina: en los países imperialistas con mayor control sobre sus pares del resto del mundo. Y tampoco sería un análisis correcto desconocer que desde sus inicios, éstos movimientos han ido sumando adeptos que conforman hoy un fenómeno social cuyos pasos deberán ser seguidos con atención en la búsqueda de construir una alternativa para el cambio. Pero se debe remarcar que ésta posibilidad debe contar con un estudio minucioso de las propuestas políticas y económicas que arrastran los portavoces de éstos movimientos. Son en su mayoría tibias inclinaciones hacia un capitalismo sano que intentan canalizar la fuerza que ésas protestas llevan en sí mismas para contener el desborde que podrían ocasionarle al sistema. De ésta manera actúan con una doble intención de aprovechar el heterogéneo y disperso origen de los grupos que encabezan las marchas para luego cooptar ese descontento en beneficio de postulados de una burguesía industrial que vé con ojos entrecerrados la posibilidad de cambio en las relaciones de poder actual. Estos ideólogos de posiciones indefinidas rechazan toda interferencia de capitales transnacionales en la economía de sus países con el mismo fervor que lo harían frente a una posible irrupción de las masas populares ( canalizadas en un frente antimperialista) en la toma de decisiones. El libro que proponemos para la discusión consta de varios capítulos que sustentan éstas convicciones.
Sería lidiar con lo imposible dedicarle un espacio en éstas páginas a todos los autores del texto mencionado, pero sí es necesario abordar aquellos cuyas propuestas sobre cuál es la alternativa para el cambio y cómo canalizar ésta fuerza social hacen a la columna vertebral del libro. Para ello, comenzaremos por el planteo de Atilio Borón, Secretario ejecutivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO).
Es compartido el análisis con el que el autor comienza en relación a la dominación financiera de las multinacionales: "La estructura de poder internacional encuentra en su cúspide a unas 200 megacorporaciones cuyo volumen combinado de ventas es superior al producto bruto nacional de todos los países del mundo a excepción de los nueve mayores". Luego expresa: "La íntima conexión entre los oligopolios transnacionales y los diversos gobiernos nacionales sólo puede pasar desapercibida para espíritus ofuscados por el fundamentalismo neoliberal y sus peregrinas tésis de un capitalismo sin fronteras ni estados".
Lo que el autor parece obviar es que éstas megafusiones que instalan el predominio de la especulación por sobre la producción conforman la única vía de escape que encuentra el imperialismo para tratar de sostener su paulatino grado de deterioro. Así como lo hizo tras el final de la Segunda Guerra Mundial con la instauración del Estado de bienestar (luego volveremos a ésta discusión ), hoy se aboca más que nunca a la destrucción total de los mercados periféricos.
Otro punto que suscita la reflexión es el planteo de que ésta hegemonía del capital transnacional ataca a la democracia. Es objetivamente inviable contraponer dos situaciones que, para subsistir a lo largo de la historia, han sido funcionalmente necesarias. La concepción capitalista de la maximización de la ganancia individual como fundamento único de su desarrollo, necesitó encontrar su más alto grado de legitimidad con la democracia burguesa. Marx supo preveerlo con exactitud al revelar cuál sería la función histórica de las instituciones liberales: "El poder del Estado moderno no es más que el comité encargado de administrar los negocios comunes de toda la burguesía" (3). El artículo de Borón se diluye así en posiciones pseudo-populares que sólo deambulan por la senda idealista. Con la propuesta del autor de aplicar la Tasa Tobin, que es, en pocas palabras, un impuesto a las transacciones financieras, se puede observar el intento de enmascarar con números supuestamente alentadores la idea implícita de no cuestionar las estructuras de poder. Ese impuesto, sostiene Borón, generaría un volumen de ganancia para que cada país combata la pobreza. Esto es, que los pobres dejen de serlo ( algo que además no es objetivamente factible que suceda ) pero que los que dominan el mundo sigan siendo los mismos.
Este planteo de detener cualquier instancia de subvertir el poder queda evidenciado aún más cuando el autor expresa que la idea anteriormente mencionada deberá ser aplicada por los principales centros del imperialismo mundial. En éste punto serían los hechos ocurridos en Seattle o Porto Alegre los que, con su continuo desarrollo presionarían a los centros de poder para llevar adelante la colocación del impuesto. "(...) Deben ceder, ya que sabemos que ellos por su propio interés no lo harán". Esto es, deben tomar éstas medidas reformistas y transitorias para que su poder no sea cuestionado. Se evidencia en los argumentos de Borón el empecinamiento de querer escaparle al debate real: cómo revertir la relación de fuerzas a favor de las mayorías oprimidas y desposeídas.
Y será ésta búsqueda de reencauzar al capitalismo el eje central del libro que nos ocupa. En su intervención, el Director de Investigaciones Sociales de Bangkok, Walden Bello, intenta sanear la lógica del mercado con una redistribución más justa. "(...) Estoy hablando de una reorientación de nuestras economías desde la producción para la exportación hasta la producción para el mercado local; de obtener la mayoría de nuestros recursos financieros para el desarrollo desde adentro, antes que volvernos dependientes de la inversión y los mercados financieros del extranjero; de llevar adelante medidas propuestas tiempo atrás, de redistribución del ingreso y de las tierras; (...) de no dejar las decisiones económicas estratégicas al mercado, sino hacerlas sujeto de una opción democrática; de supeditar al sector privado y al Estado a un constante monitoreo de la sociedad civil (...)". ¿ Cuál es la idea central del pensamiento de éste autor? Es la de buscar el desarrollo industrial interno bajo normas capitalistas con justa redistribución de la riqueza.
Más adelante Bello continúa: "No estamos hablando de algo completamente nuevo. Bajo tal sistema de gobierno económico global más pluralista, (...) algunos países de América Latina y Asia fueron capaces de alcanzar un mínimo de desarrollo industrial en el período comprendido entre 1950 y 1970. Fue bajo tal sistema pluralista, sobre un Acuerdo General de Aranceles Aduaneros y Comercio ( GATT ), que los países del Este y del Sur de Asia fueron capaces de tornarse nuevamente países industrializados, a través de políticas de estado activas que se apartaron significativamente de los sesgos hacia el libre mercado venerados por la OMC".
El crecimiento al que se refiere el autor, no puede ser explicado tomando en cuenta sólo lo ocurrido en ese período de la historia al cual hace mención, sino que debe ser observado como solución necesaria del capitalismo ante el avance de la Unión Soviética y los países del Este tras la Segunda Guerra Mundial. Enfatizamos que éste período bélico fue la, hasta ese momento, última respuesta que encontró el sistema capitalista a su inherente capacidad de producir más mercancías de las que puede vender, lo que condujo a la crisis de superproducción de mercancías y, por lo tanto, crisis de subconsumo. Mediante una respuesta económica basada con firmeza en un cambio de rumbo político, el imperialismo ( entendido como sistema mundial) se vió inmerso en una dura disputa ideológica con el Este europeo, por lo que debió apelar a humanizar la economía dando vía libre a una mayor intervención del estado.
Comenzaría así a instalarse una fuerte campaña para desarrollar una sólida política de servicios públicos y programas sociales. Pero éste período de aumento de la productividad que derivó en elevación del salario y por lo tanto del consumo general, inició su derrumbe en los albores de la década del 70, con el agotamiento en el intento de buscar alternativas humanitarias bajo un régimen que no sobrevive sino siendo absolutamente lo opuesto. A partir de ésta instancia histórica, la crisis se expandió a mayor velocidad y con mayores consecuencias para los países de Asia, Africa y América Latina, que se vieron obligados a endeudarse con el exterior como consecuencia de su incapacidad para asimilar el desborde de mercancías que otra vez comenzó a azotar a los países del llamado Primer Mundo.
La exposición de Bello se torna así inviable. El capitalismo ha ingresado ya en una fase de deterioro que no podrá sortear incurriendo en las políticas que desarrolló en otro momento histórico. La otrora combinación regulación estatal más mercado es una de las causas por las que hoy el imperialismo se encuentra empantanado y por eso debe recurrir al control de las economías de los países del Tercer Mundo y su aplazamiento militar a través del Plan Colombia como punto de partida.
Sobre el final de su artículo, Bello propone una significativa reducción del poder de las instituciones dirigidas por las transnacionales ( FMI, OMC ) a través de una combinación de "(...) medidas activas y pasivas, que permitan convertirlas en tan sólo un grupo de actores coexistentes, que son observados por otros organismos internacionales, acuerdos y agrupaciones regionales(...)". El autor no duda en citar al Mercosur, entre otros, como ejemplo próspero a incluir dentro de su propuesta. Con ésta última afirmación, queda sellada su postura: no salir del capitalismo reivindicando a la pequeña y mediana burguesía industrial que cree en la lógica del mercado con justicia social y está en contra del poder del capital financiero transnacional que asfixia sus intereses. Además, no es posible dejar de lado un argumento esencial: el Mercosur fue explícitamente concebido por las burguesías de cada país para el beneficio de las multinacionales y sin ningún resultado concreto que beneficie a las mayorías trabajadoras. No ha dado un solo signo de mejoramiento de las economías regionales de los países que lo conforman por la sencilla razón de que las cúpulas negociantes han sido ( y siguen siendo ) las únicas que acaparan las tenues ventajas.
En otro artículo, el Director del Laboratorio ( no parece casual éste nombre) de Políticas Públicas de Río de Janeiro, Emir Sader, reivindica con unas pocas palabras la postura política del fenómeno: "El Foro de Porto Alegre fue la instancia que reunió a las fuerzas que resisten al neoliberalismo por afuera del centro del capitalismo" (el subrayado es nuestro). La frase es concreta y deja entrever a las claras que para el autor el capitalismo consta de dos lineamientos: uno en el cual convergen la concentración de la riqueza en manos de algunos grupos dueños de los grandes monopolios y otro periférico (con la cual se identifica Sader), en donde el poder económico transnacional se desvanece para dar paso a una mejor distribución de la riqueza llevada a cabo por... los propios estrategas del sistema.
Esta nueva Biblia del capitalismo mundial (así calificado por sus detractores) no daría otro resultado más que el de acentuar la hegemonía del capital transnacional. Con la impostergable difusión de lo que primero había sido una negociación secreta, comenzó a construirse una primera campaña en contra de la concreción del AMI, llevada adelante por un conjunto de ONGs, asociaciones ecologistas, de derechos civiles y de lucha contra las corporaciones monopólicas. Los meses de febrero, abril y octubre de 1998 marcaron el camino de lo que hoy es considerado por sus ideólogos como la primer victoria del movimiento antineoliberal: la postergación y suspensión del proceso de negociaciones para la conclusión del AMI. En febrero, más de 600 ONG y organizaciones sociales lanzaron una campaña de denuncia y presión contra el acuerdo. En abril, ante una reunión en París convocada por la Organización para el Comercio y el Desarrollo ( OCDE, motor de la negociación) para supuestamente aprobar el proyecto, activistas de más de 30 países se dieron cita en las protestas. La OCDE decidió finalmente postergar la sanción del AMI para luego en octubre, tras una intensificada campaña en su contra, suspender las negociaciones.
Sin ingresar en un derrotero innecesario, será de utilidad exponer los momentos que el libro que nos ocupa presenta como puntos más destacables: la movilización en contra de la reunión de la OMC en Seattle, en 1999, y el Foro Social Mundial de Porto Alegre a principios del año en curso.
En el primer caso, el escenario comenzó con una lista difundida por Internet bajo el título "Paremos la ronda de la OMC". Se organizaron debates y seminarios en los que comenzó a dibujarse la idea de conformar un bloque de protesta en el momento en que se llevara a cabo la reunión . Dice el texto: "El escenario estaba pronto. Los torrentes subterráneos de rechazo al liberalismo económico estaban listos para desembocar en Seattle y demostrar al mundo, y a los desprevenidos funcionarios gubernamentales que comenzaban a llegar a la ciudad el 26 de noviembre, la silenciosa pero pujante fuerza que se había ido construyendo". El resultado final: el 30 de noviembre la marcha reunió a alrededor de 50 mil personas de un origen por demás diverso. Activistas de derechos humanos, ecologistas, campesinos, feministas y otros tantos interrumpieron el paso en las calles y obtuvieron como respuesta una feroz represión policial. Estos hechos se repitieron a lo largo de tres días. Con éste escenario, la OMC suspendió su encuentro y bloqueó todas las reuniones en los hoteles. Los diarios expresaron que Seattle había sido la protesta más importante de los Estados Unidos desde los años de las manifestaciones contra la guerra de Vietnam.
En el desarrollo de los acontecimientos posteriores a Seattle, varios hechos de menor envergadura ( al menos en cantidad de manifestantes) se mostraron a los ojos del mundo: la protesta por la reunión del Foro Económico Mundial en Davos, Suiza (enero de 2000); movilizaciones en Washington en ocasión a la reunión del Fondo Monetario Internacional (abril de 2000); protesta ante la reunión de la OEA (junio de 2000). La concreción de una instancia de debate entre quienes habían participado de éstas marchas se vió materializada en el Foro Social Mundial de Porto Alegre (Brasil), llevado a cabo en enero de 2001, en simultáneo con la reunión del Foro Económico Mundial de Davos.
"El Foro Social Mundial fue resultado y expresión de éstos múltiples procesos. La primavera de Porto Alegre se alimentó y dio cuenta tanto del movimiento internacional antineoliberal, de sus experiencias y sus debates", expresan los autores José Seoane y Emilio Taddei. También dicen: "Por primera vez, por lo menos con la amplitud y significación que tuvo la convocatoria en Porto Alegre, el pensamiento único y las fuerzas del capital reunidas en los Alpes suizos confrontaban con la fortaleza, riqueza, diversidad y complejidad del movimiento anti-mundialización neoliberal".
Es indudable que ésta afluencia de manifestaciones en un período relativamente breve no hacen sino confirmar que la crisis del capitalismo genera la irrupción del descontento generalizado allí donde domina: en los países imperialistas con mayor control sobre sus pares del resto del mundo. Y tampoco sería un análisis correcto desconocer que desde sus inicios, éstos movimientos han ido sumando adeptos que conforman hoy un fenómeno social cuyos pasos deberán ser seguidos con atención en la búsqueda de construir una alternativa para el cambio. Pero se debe remarcar que ésta posibilidad debe contar con un estudio minucioso de las propuestas políticas y económicas que arrastran los portavoces de éstos movimientos. Son en su mayoría tibias inclinaciones hacia un capitalismo sano que intentan canalizar la fuerza que ésas protestas llevan en sí mismas para contener el desborde que podrían ocasionarle al sistema. De ésta manera actúan con una doble intención de aprovechar el heterogéneo y disperso origen de los grupos que encabezan las marchas para luego cooptar ese descontento en beneficio de postulados de una burguesía industrial que vé con ojos entrecerrados la posibilidad de cambio en las relaciones de poder actual. Estos ideólogos de posiciones indefinidas rechazan toda interferencia de capitales transnacionales en la economía de sus países con el mismo fervor que lo harían frente a una posible irrupción de las masas populares ( canalizadas en un frente antimperialista) en la toma de decisiones. El libro que proponemos para la discusión consta de varios capítulos que sustentan éstas convicciones.
Sería lidiar con lo imposible dedicarle un espacio en éstas páginas a todos los autores del texto mencionado, pero sí es necesario abordar aquellos cuyas propuestas sobre cuál es la alternativa para el cambio y cómo canalizar ésta fuerza social hacen a la columna vertebral del libro. Para ello, comenzaremos por el planteo de Atilio Borón, Secretario ejecutivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO).
Es compartido el análisis con el que el autor comienza en relación a la dominación financiera de las multinacionales: "La estructura de poder internacional encuentra en su cúspide a unas 200 megacorporaciones cuyo volumen combinado de ventas es superior al producto bruto nacional de todos los países del mundo a excepción de los nueve mayores". Luego expresa: "La íntima conexión entre los oligopolios transnacionales y los diversos gobiernos nacionales sólo puede pasar desapercibida para espíritus ofuscados por el fundamentalismo neoliberal y sus peregrinas tésis de un capitalismo sin fronteras ni estados".
Lo que el autor parece obviar es que éstas megafusiones que instalan el predominio de la especulación por sobre la producción conforman la única vía de escape que encuentra el imperialismo para tratar de sostener su paulatino grado de deterioro. Así como lo hizo tras el final de la Segunda Guerra Mundial con la instauración del Estado de bienestar (luego volveremos a ésta discusión ), hoy se aboca más que nunca a la destrucción total de los mercados periféricos.
Otro punto que suscita la reflexión es el planteo de que ésta hegemonía del capital transnacional ataca a la democracia. Es objetivamente inviable contraponer dos situaciones que, para subsistir a lo largo de la historia, han sido funcionalmente necesarias. La concepción capitalista de la maximización de la ganancia individual como fundamento único de su desarrollo, necesitó encontrar su más alto grado de legitimidad con la democracia burguesa. Marx supo preveerlo con exactitud al revelar cuál sería la función histórica de las instituciones liberales: "El poder del Estado moderno no es más que el comité encargado de administrar los negocios comunes de toda la burguesía" (3). El artículo de Borón se diluye así en posiciones pseudo-populares que sólo deambulan por la senda idealista. Con la propuesta del autor de aplicar la Tasa Tobin, que es, en pocas palabras, un impuesto a las transacciones financieras, se puede observar el intento de enmascarar con números supuestamente alentadores la idea implícita de no cuestionar las estructuras de poder. Ese impuesto, sostiene Borón, generaría un volumen de ganancia para que cada país combata la pobreza. Esto es, que los pobres dejen de serlo ( algo que además no es objetivamente factible que suceda ) pero que los que dominan el mundo sigan siendo los mismos.
Este planteo de detener cualquier instancia de subvertir el poder queda evidenciado aún más cuando el autor expresa que la idea anteriormente mencionada deberá ser aplicada por los principales centros del imperialismo mundial. En éste punto serían los hechos ocurridos en Seattle o Porto Alegre los que, con su continuo desarrollo presionarían a los centros de poder para llevar adelante la colocación del impuesto. "(...) Deben ceder, ya que sabemos que ellos por su propio interés no lo harán". Esto es, deben tomar éstas medidas reformistas y transitorias para que su poder no sea cuestionado. Se evidencia en los argumentos de Borón el empecinamiento de querer escaparle al debate real: cómo revertir la relación de fuerzas a favor de las mayorías oprimidas y desposeídas.
Y será ésta búsqueda de reencauzar al capitalismo el eje central del libro que nos ocupa. En su intervención, el Director de Investigaciones Sociales de Bangkok, Walden Bello, intenta sanear la lógica del mercado con una redistribución más justa. "(...) Estoy hablando de una reorientación de nuestras economías desde la producción para la exportación hasta la producción para el mercado local; de obtener la mayoría de nuestros recursos financieros para el desarrollo desde adentro, antes que volvernos dependientes de la inversión y los mercados financieros del extranjero; de llevar adelante medidas propuestas tiempo atrás, de redistribución del ingreso y de las tierras; (...) de no dejar las decisiones económicas estratégicas al mercado, sino hacerlas sujeto de una opción democrática; de supeditar al sector privado y al Estado a un constante monitoreo de la sociedad civil (...)". ¿ Cuál es la idea central del pensamiento de éste autor? Es la de buscar el desarrollo industrial interno bajo normas capitalistas con justa redistribución de la riqueza.
Más adelante Bello continúa: "No estamos hablando de algo completamente nuevo. Bajo tal sistema de gobierno económico global más pluralista, (...) algunos países de América Latina y Asia fueron capaces de alcanzar un mínimo de desarrollo industrial en el período comprendido entre 1950 y 1970. Fue bajo tal sistema pluralista, sobre un Acuerdo General de Aranceles Aduaneros y Comercio ( GATT ), que los países del Este y del Sur de Asia fueron capaces de tornarse nuevamente países industrializados, a través de políticas de estado activas que se apartaron significativamente de los sesgos hacia el libre mercado venerados por la OMC".
El crecimiento al que se refiere el autor, no puede ser explicado tomando en cuenta sólo lo ocurrido en ese período de la historia al cual hace mención, sino que debe ser observado como solución necesaria del capitalismo ante el avance de la Unión Soviética y los países del Este tras la Segunda Guerra Mundial. Enfatizamos que éste período bélico fue la, hasta ese momento, última respuesta que encontró el sistema capitalista a su inherente capacidad de producir más mercancías de las que puede vender, lo que condujo a la crisis de superproducción de mercancías y, por lo tanto, crisis de subconsumo. Mediante una respuesta económica basada con firmeza en un cambio de rumbo político, el imperialismo ( entendido como sistema mundial) se vió inmerso en una dura disputa ideológica con el Este europeo, por lo que debió apelar a humanizar la economía dando vía libre a una mayor intervención del estado.
Comenzaría así a instalarse una fuerte campaña para desarrollar una sólida política de servicios públicos y programas sociales. Pero éste período de aumento de la productividad que derivó en elevación del salario y por lo tanto del consumo general, inició su derrumbe en los albores de la década del 70, con el agotamiento en el intento de buscar alternativas humanitarias bajo un régimen que no sobrevive sino siendo absolutamente lo opuesto. A partir de ésta instancia histórica, la crisis se expandió a mayor velocidad y con mayores consecuencias para los países de Asia, Africa y América Latina, que se vieron obligados a endeudarse con el exterior como consecuencia de su incapacidad para asimilar el desborde de mercancías que otra vez comenzó a azotar a los países del llamado Primer Mundo.
La exposición de Bello se torna así inviable. El capitalismo ha ingresado ya en una fase de deterioro que no podrá sortear incurriendo en las políticas que desarrolló en otro momento histórico. La otrora combinación regulación estatal más mercado es una de las causas por las que hoy el imperialismo se encuentra empantanado y por eso debe recurrir al control de las economías de los países del Tercer Mundo y su aplazamiento militar a través del Plan Colombia como punto de partida.
Sobre el final de su artículo, Bello propone una significativa reducción del poder de las instituciones dirigidas por las transnacionales ( FMI, OMC ) a través de una combinación de "(...) medidas activas y pasivas, que permitan convertirlas en tan sólo un grupo de actores coexistentes, que son observados por otros organismos internacionales, acuerdos y agrupaciones regionales(...)". El autor no duda en citar al Mercosur, entre otros, como ejemplo próspero a incluir dentro de su propuesta. Con ésta última afirmación, queda sellada su postura: no salir del capitalismo reivindicando a la pequeña y mediana burguesía industrial que cree en la lógica del mercado con justicia social y está en contra del poder del capital financiero transnacional que asfixia sus intereses. Además, no es posible dejar de lado un argumento esencial: el Mercosur fue explícitamente concebido por las burguesías de cada país para el beneficio de las multinacionales y sin ningún resultado concreto que beneficie a las mayorías trabajadoras. No ha dado un solo signo de mejoramiento de las economías regionales de los países que lo conforman por la sencilla razón de que las cúpulas negociantes han sido ( y siguen siendo ) las únicas que acaparan las tenues ventajas.
En otro artículo, el Director del Laboratorio ( no parece casual éste nombre) de Políticas Públicas de Río de Janeiro, Emir Sader, reivindica con unas pocas palabras la postura política del fenómeno: "El Foro de Porto Alegre fue la instancia que reunió a las fuerzas que resisten al neoliberalismo por afuera del centro del capitalismo" (el subrayado es nuestro). La frase es concreta y deja entrever a las claras que para el autor el capitalismo consta de dos lineamientos: uno en el cual convergen la concentración de la riqueza en manos de algunos grupos dueños de los grandes monopolios y otro periférico (con la cual se identifica Sader), en donde el poder económico transnacional se desvanece para dar paso a una mejor distribución de la riqueza llevada a cabo por... los propios estrategas del sistema.
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