Un alumno de quinto año es aplazado trimestralmente. La situación es la siguiente: un alumno al que llamaremos Mariano desatiende a las clases, no entrega los trabajos prácticos en las fechas acordadas (ni grupales ni individuales), se ausenta durante la evaluación y durante el recuperatorio. El día de cierre de trimestres, la profesora no tiene ninguna calificación numérica, excepeto un 1(uno) conceptual que refleja que ha desatendido a las clases y no ha cumplido con los objetivos mínimos. El día de la entrega de notas, Mariano también está ausente. La profesora se ve en la obligación de pasar la nota, aún sin hablar con él.
A la semana siguiente, mientras la profesora está dando clase en otro curso, un grupo de compañeros de Mariano amenaza a la profesora respecto a que revise la calificación trimestral. La profesora responde que no es el momento de hablar de eso. Se produce una situación violenta y de descontrol. Los alumnos, se masifican y comienzan a gritar. No hay autoridades. La docente logra hacerlos salir del aula y retomar la clase con el otro grupo. Pero finalmente, arrojan un papel por la ventana con un mensaje: “si no le sacás el uno a Mariano, la vas a pasar mal”.
Cabe destacarse que Mariano no estaba dentro del grupo masificado, y que la petición tenía el tono jocoso de una broma pesada, entre chicos de un quinto año. Sin embargo, la nota anónima enviada por escrito, hizo que la situación pasara a mayores.
Naturalmente, Mariano fue el primer sospechoso. Sin embargo, había razones para considerar que la irracional demanda no había sido iniciativa de él, sino por el contrario un actitud inmadura de parte del grupo que, impulsado por la impunidad que otroga el anonimato, no supo medir consecuencias.