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Retos de la glocalización para América Latina - La composición del comercio de bienes

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Artículo creado por Alberto Acosta. Extraido de: http://www.lainsignia.org
19 de Septiembre de 2005
Economía internacionalTeoría económica

6 - La composición del comercio de bienes

Una primera aproximación a la estructura de los productos exportados por América Latina estaría demostrando que la región ha dado un salto importante en términos de incorporación de la intensidad tecnológica. De 1985 al 2000, el porcentaje de los productos primarios cayó de un 50% a un 27,3%; las manufacturas basadas en recursos naturales declinaron de 23,5% a 17%; mientras que las manufacturas de baja tecnología (prendas de vestir, p. e.) aumentaron su incidencia del 7,9% al 14%, las de tecnología media (vehículos, p. e.) de 12,1% a 24,6% y las de alta tecnología (equipos electrónicos, p. e.) de 4,3% a 14%.

Mas, si se suman las exportaciones de bienes primarios con las de manufacturas basadas en recursos naturales, se constata que todavía un 45% de las ventas externas depende de actividades primarias. Estos productos, como es ampliamente conocido, tienen una elevada dependencia del mercado mundial y, por lo tanto, de las fluctuaciones de los precios. Por igual están sujetos a una gran gama de restricciones existentes en el mercado mundial, en donde las tendencias neoproteccionistas bloquean el acceso a los mercados, un asunto que merecerá un tratamiento preferencial más adelante. Y en lo que se refiere a muchas de las manufacturas hay que constatar la presencia de procesos productivos caracterizados por una elevada demanda de maquinarias propias de tecnologías maduras o incluso obsoletas.

A pesar de que la región en su conjunto experimentó una disminución relativa de las exportaciones de bienes primarios, hay que anotar que en el contexto mundial incrementó su participación en este tipo de comercio del 7,1% en 1985 a 9,8% en el 2000, aunque con una reducción en la exportación de las manufacturas derivadas de recursos naturales, que pasaron de 5% a 4,6%. Los productos dominantes son el petróleo y sus derivados, el café y sus sucedáneos, frutas frescas y secas, productos del mar, el cobre, el pienso para el ganado, productos del hierro, oleaginosas, entre otros.

Tal como se anotó en el punto anterior, la realidad regional es más compleja y diversificada de lo que aparece a primera vista, como se observa en el cuadro n° 6.

México es el país que aglutina el grueso del avance tecnológico a nivel del comercio exterior, debido casi en su totalidad a su inserción al mercado norteamericano. Así, en el lapso mencionado, el porcentaje de los productos primarios se redujo de un 53,4% a un 11,7%; las manufacturas basadas en recursos naturales declinaron de 10,3% a 5,8%; al tiempo que las manufacturas de baja tecnología crecieron del 5,8% al 14,7%, las de tecnología media de 18% a 38,5% y las de alta tecnología de 9,9% a 25,3%.

Una de las principales explicaciones de esta evolución mexicana se encuentra en la estrategia defensiva desplegada por las empresas automotrices norteamericanas, orientada a asegurar su mercado para su producción. Frente a la creciente competencia japonesa, en el marco del TLCAN se estableció que el 60% del valor de los vehículos debe provenir de sus países miembros: Canadá, EEUU y México. En la actualidad México se encuentra plenamente insertado en las cadenas de valor global de la industria automotriz norteamericana; éste es, no hay duda, un notable caso de glocalización en tanto sólo ciertas líneas productivas y por cierto, regiones de dicho país han sido integradas a la lógica de la economía de los EEUU, mejor sería decir a la lógica de acumulación de las empresas transnacionales. Al finalizar la década de los 90, un 13% de las importaciones de vehículos en los EEUU provenía de México; las exportaciones de vehículos de este país latinoamericano representaron el 14% del total de sus ventas externas, a lo que habría que añadir un 4% por concepto de piezas y accesorios para vehículos. La industria electrónica en México experimentó una evolución similar, por razones comparables a las expuestas para el complejo automotriz. La maquila fue en un inicio el mecanismo a través del cual se inició la fabricación de productos electrónicos destinados al mercado norteamericano, especialmente. Pero posteriormente, con la desaparición de la maquila como figura legal, las grandes empresas electrónicas trasladaron sus lugares de producción a México para poder cumplir con los requisitos regionales del TLCAN denominados como de "producción compartida". También cabría mencionar el auge de la industria textil mexicana, cuyos productos al finalizar la década pasada representaron un 15% de las importaciones estadounidenses, cuando recién al inicio del decenio representaban un 3%.

La contracara de esta realidad es la relativamente escasa interrelación que existe entre las industrias modernas en México y el resto de la economía de dicho país. Por un lado, se mantiene una enorme dicotomía entre el ritmo de crecimiento de las exportaciones y la evolución del producto, por otro lado, parece haberse ahondado aún más la heterogeneidad del aparato productivo mexicano. Si se considera que la calidad de las exportaciones debería estar determinada por las interrelaciones dinámicas y sostenidas con el resto de la economía, de acuerdo a OXFAM, "México falla estrepitosamente" (7). Este país ha logrado un notable crecimiento de las exportaciones de alta tecnología y de tecnología intermedia (es el segundo mayor exportador mundial después de Corea del Sur, seguido por Taiwán), pero no ha logrado sentar aún las bases para un crecimiento más homogéneo y equitativo. Muchos trabajadores mexicanos ganan un sueldo promedio inferior al 12% de los sueldos en los EEUU, en plantas en donde se han incorporado significativos avances técnicos comparables a las existentes en el vecino del norte.

La inestabilidad es otro problema para todos los países, pero lo es aún más de los pobres, quienes no tienen salida de las situaciones de miseria que se producen a raíz de la ausencia de una adecuada regulación del comercio y las inversiones. En México, según la CEPAL, una cuarta parte de los trabajadores no tiene contrato laboral, una situación que afecta a más de una tercera parte de los trabajadores en Brasil, Colombia, Chile y Perú; una tercera parte o más de los trabajadores de América Latina carece de alguna protección social. Además, aun en las áreas donde se ha observado crecimiento, como en el caso de México después del TLCAN, más del 90% de las exportaciones provienen de apenas nueve de los 33 estados mexicanos, que también son los que han recibido el mayor flujo de inversiones directas extranjeras. El 44% del total de las exportaciones ahora se encuentra en el sector de la maquila, con una utilización de menos del 3% de contenidos nacionales.

México no ha conseguido, en otras palabras, mejorar la calidad de sus exportaciones, pues éstas siguen atrapadas por el bajo costo de la mano de obra (sin lograr competir con los bajos salarios de China y de otros países asiáticos, allí las trabajadoras de la confección ganan 1,5 dólares diarios, por ejemplo), por niveles todavía bajos de productividad y por una enorme dependencia de la economía norteamericana. El propio sistema de "producción compartida" tiene algunos efectos colaterales que afectan la incorporación de recursos primarios e insumos locales a la producción industrial, al tiempo que ha desatado lo que se considera como "una guerra de incentivos" para atraer inversiones a la economía mexicana.

El tema de la mano de obra barata en el marco de una creciente competencia por inversiones extranjeras limita las posibilidades de transferir las mejoras de competitividad a los trabajadores, pues cualquier incremento de los salarios, en un ambiente caracterizado por la movilidad de las nuevas tecnologías, hace que las transnacionales encuentren pretextos fáciles para buscar otras regiones en donde asentar su producción (8). Por otro lado, la existencia de plantas de producción industrial basadas en tecnologías avanzadas no garantiza para nada que los países en donde trabajan estas empresas tengan acceso a los conocimientos tecnológicos utilizados. Y como estos países están atrapados por el creciente servicio de la deuda externa, así como por las presiones orientadas a disminuir el tamaño del Estado, se ven forzados a restringir las inversiones sociales en educación y salud, lo que nuevamente afecta las bases productivas del país.

La pobreza misma asoma entonces, como un limitante para participar de forma dinámica en los mercados globales (9). Una situación en extremo preocupante, pues además hay pruebas suficientes como para afirmar que la expansión del comercio exterior, de una manera concentradora y desintegradora, es causa de nuevas marginaciones y de la vigencia de redoblados sistema de explotación y destrucción ambiental. Basta recordar que en América Latina creció el desempleo y cayeron los salarios en muchos países de la región justamente en los años en que se integraban aceleradamente al mercado mundial; los salarios mínimos de 1999, por ejemplo, fueron inferiores a los de 1980 en 13 de 18 países (CEPAL 2000a).

Este tema de la pobreza es crucial para un análisis del comercio exterior. No sólo hay que identificar los montos, los volúmenes, las composiciones tecnológicas y por cierto el destino de las exportaciones. Cada vez es más urgente hacer un estudio de las condiciones en que se producen los bienes y servicios para exportación. Aquí se debe empezar por conocer el grado de incorporación del factor conocimiento en las exportaciones, pues gran parte de la población marginada se encuentra en situaciones de analfabetismo crónico y funcional, lo cual hace que los esfuerzos desplegados preferentemente para alentar exportaciones aumenten las tendencias discriminatorias en contra de la mano de obra no calificada. La pobreza masiva, por otro lado, se manifiesta con elevados niveles de desempleo que fomentan el desmantelamiento de los derechos sindicales y laborales básicos, al tiempo que mantienen bajos los salarios. No hay como olvidarse que un mercado laboral flexible (mano de obra barata y hasta desechable) es considerado como indispensable para atraer inversiones foráneas. Adicionalmente, a estos problemas se podría incorporar otras limitaciones derivadas de la creciente feminización de la mano de obra, en sociedades donde la discriminación y el machismo son un problema constante.

En este punto cabe anotar que algunos países, sobre todo centroamericanos, están empeñados en vincularse a través de México, vía convenios bilaterales, a la lógica del Tratado para el Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Y otros han diseñado una estrategia propia, que merece una mención especial: Costa Rica, en donde, sobre todo luego del establecimiento de INTEL Corporation y como consecuencia de la instrumentación de políticas claramente orientadas a forzar el desarrollo tecnológico (10), ha logrado un incremento notable de sus exportaciones de alta tecnología, que pasaron de un 3,2% en 1985 a 34,3% en el 2000, mientras que sus exportaciones de materias primas declinaron de 67,2% a 29,1%. Empero, estos logros no le han permitido a este país superar sus principales problemas de pobreza e inequidad, que, hay que anotarlo, en un contexto regional, tampoco han sido muy elevados.

Si se retira a México del ámbito regional, así como a algunos países centroamericanos, se ratifica el tradicional cuadro de escasa especialización tecnológica en América Latina. Y ni siquiera México se encuentra en el grupo de las 18 economías líderes en lo que a progreso técnico se refiere. Por lo tanto, "el peligro de que América Latina pierda el tren tecnológico y se quede atrás en cuanto a competitividad internacional no se debe menospreciar" (Sangmeister y Fuentes 2002) (11).

En el sur de la región, Brasil, cuyo mercado interno es determinante para su evolución económica, podría ser una excepción: de 1985 al 2000, los productos primarios brasileños cayeron de 38,6% a un 27,1%; las manufacturas basadas en recursos naturales se mantuvieron alrededor del 25%; en ese mismo lapso las manufacturas de baja tecnología cayeron del 13,5% al 11,6%, mientras que las de tecnología media subieron de 19,4% a 24,3% y las de alta tecnología de 2,9% a 8,9%. Es interesante anotar que Brasil, aún cuando sigue dependiendo en gran medida de la exportación de productos primarios, es el país que en realidad tiene la política más activa de desarrollo tecnológico en la región, pues el grueso de los esfuerzos que se hacen en este campo está sustentado en la generación de tecnologías propias a través de sus propias empresas.

Para ratificar lo expuesto, basta con observar en el cuadro n° 7 el predominio de los productos primarios en los países de América Latina y el Caribe. Uno de los países con mayor dependencia de productos primarios es Ecuador, en el cual casi el 80% de sus ventas externas dependen de pocos productos primarios: petróleo, banano, café, cacao, camarón y atún. Aún Chile, un país que logró aumentar notablemente sus exportaciones y que muchas veces es presentado como un modelo de inserción internacional, demuestra una enorme presencia de productos primarios, pues estos representan el 40% de sus exportaciones totales, así como de manufacturas obtenidas de dichos productos primarios que han fluctuado alrededor del 50%; el aporte de manufacturas con algún grado de incorporación de tecnología bordea apenas el 10% del total.

El incremento de algunas exportaciones con cierto nivel tecnológico, sobre todo automotrices en el MERCOSUR y en la Comunidad Andina, se explica por las demandas propias del proceso de integración subregional, en el cual las empresas transnacionales se han insertado dividiendo dichos mercados en función de sus lógicas comerciales. Estas empresas han demostrado una gran capacidad para fragmentar los procesos productivos en diversas localidades dispersas. Esta realidad, extendida a lo ancho del globo, explica el repunte de las inversiones extranjeras directas y la multiplicación de nuevas formas de participación en la propiedad de las empresas, así como de las formas de cooperación entre empresas extranjeras y nacionales, éstas últimas cada vez más dependientes de las primeras.

Para comprender de mejor manera lo que representa la intensidad tecnológica dentro de la dinamia del comercio mundial y los efectos que éste produce en las diversas economías, es interesante incorporar a esta lista algunos países asiáticos: Corea del Sur, China y Taiwán. Las transformaciones tecnológicas en China son realmente asombrosas en el período: sus exportaciones de productos primarios cayeron de 35% al 4,7% en apenas 15 años, mientras que las manufacturas de alta tecnología saltaron de 2,6% a 22,4%. Los otros dos países asiáticos mencionados, mientras tanto, en donde ya se procesó un esquema de industrialización acelerada en décadas anteriores, no sólo que presentan un cuadro poco dependiente de productos primarios, sino que han conseguido incrementar de manera notable el porcentaje de las manufacturas de alta tecnología, que en el caso de Corea pasaron de 14,4% a 38,4% y de Taiwán de 15,9% a 45,5%. Recuérdese que en la década de los 50, estos países asiáticos tenían un desarrollo relativo inferior a los de América Latina.

La situación asiática contrasta con la latinoamericana, "en términos de competitividad internacional", aún con la de México, país que, como afirma la CEPAL, "ha sido uno de los grandes ganadores en la región, si no el principal". Esta es una constatación básica para comprender los problemas de América Latina, en donde no se ha conseguido aún una inserción internacional más favorable, en la medida que se mantiene una especialización en rubros de demanda menos dinámica y con limitada incorporación del progreso técnico. Los países latinoamericanos, así como la mayoría de países subdesarrollados, se han especializado en la producción de bienes de baja elasticidad-ingreso de la demanda, lo que representa un freno para el desarrollo.

Esta realidad es medida a través del Programa CAN (Competitive Analisis of Nations), desarrollado por la CEPAL, a través del cual se determinó que, en la segunda mitad de los años 90, México, Bahamas y República Dominicana tendrían un perfil exportador favorable en el mercado mundial. Mientras que el resto tenía un patrón de especialización más favorable en sus respectivos mercados regionales; los países de la Comunidad Andina y del MERCOSUR, así como Chile se han especializado en aquellos rubros caracterizados por tecnologías estancadas antes que dinámicas.

Por el lado de las importaciones, que como se anotó experimentaron un crecimiento sostenido en los 15 años analizados, se registra un predominio de productos manufacturados, que en el año 2000 alcanzaron más de un 80% de las importaciones, siendo el resto compras de productos primarios. De suerte que se confirmaría aquella visión bastante generalizada -más no generalizable para todos los países- de que este región exporta mayoritariamente materias primas y manufacturas basadas en los recursos naturales, al tiempo que compra en el exterior bienes manufacturados. Una realidad que resulta preocupante en tanto las importaciones de manufacturas puedan afectar a la producción local de manufacturas desplazando la utilización de mano de obra calificada, mientras que las exportaciones primarias demandan más mano de obra no calificada: por los dos lados pueden salir perjudicados los sectores más marginados y desprotegidos de la sociedad.

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