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Retos de la glocalización para América Latina - Orientación del comercio exterior latinoamericano

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CopyLeft Artículo de Alberto Acosta - 19 de Septiembre de 2005
7. Orientación del comercio exterior latinoamericano

Otro elemento que debe ser analizado en esta breve revisión del comercio exterior latinoamericano tiene que ver con la orientación del mismo, pues de ella se desprenden con claridad algunas conclusiones para comprender los grados de influencia existente, en particular de la economía norteamericana.

Del Cuadro N° 8 se desprenden algunas informaciones sugerentes. El país que más depende de un sólo mercado es México, cuyas exportaciones a los EEUU significan, como ya se dijo, el 88% del total, mientras que Chile presenta una mayor diversificación: EEUU 16%, América Latina y el Caribe 22%, Unión Europea 22%, Asia (incluyendo Japón) 29%. Brasil es otro país con un comercio diversificado: América Latina el Caribe 24%, EEUU 24%, Unión Europea 24%, Asia (incluyendo Japón) 12%. Los países de la Comunidad Andina y del MCCA tienen una elevada dependencia del mercado norteamericano, 51% y 45% respectivamente, aunque sin llegar a los niveles de México.

La fuerte dependencia en la región de la economía norteamericana es un asunto que no puede pasar desapercibido. La desaceleración experimentada desde inicios del año 2001 generó una fase recesiva con diversos grados de intensidad en las distintas economías, particularmente grave en Argentina, Uruguay y Brasil, en ese orden.

La época de crecimiento sostenido que se inició hace casi una década en los EEUU, terminó de manera abrupta, dando paso a un manejo económico signado por una política belicista luego del 11 de septiembre del 2001. Los años de auge, basados en una oferta cada vez más eficiente y especialmente en una demanda dinámica, que parecían augurar el surgimiento de una "nueva economía" menos proclive a las crisis cíclicas, quedaron rápidamente atrás. La ilusión de una economía inmune a las presiones inflacionarias y a la existencia de altos niveles de desempleo fue desmontada bruscamente como consecuencia de los atentados en Nueva York, lo cual, por otro lado, inauguró una nueva etapa de intervención estatal en los EEUU, en donde se redoblaron las prácticas de un "keynesianismo militar". Esto tendrá repercusiones en la demanda de bienes provenientes de América Latina, que representan en promedio un 10,9% del PIB, en la medida que cambiarán las preferencias en relación a la época anterior, ya que, además, disminuirán las contribuciones derivadas de la demanda de los consumidores en la expansión de la productividad y en la incorporación de los avances tecnológicos.

Por cierto que los efectos de la desaceleración económica de los EEUU se reflejan de diversas formas, sea a través de una caída de los precios o por una menor demanda de determinados productos, por las fluctuaciones en los flujos de capital y en las tasas de interés, así como en el incremento generalizado de la inseguridad e incertidumbre, que en América Latina tiene su propio foco de conflicto geopolítico en Colombia, con una creciente influencia regional como consecuencia de las acciones bélicas y políticas desplegadas en el conocido como Plan Colombia.

Téngase presente que la participación en el PIB de las exportaciones latinoamericanas hacia los EEUU es determinante para muchos países de la región: México 23,7%, Mercado Común Centroamericano 21%, países del Caribe 17,3%, Comunidad Andina 10,6%, Chile 4,6% y MERCOSUR 1,9%, de acuerdo a datos de la CEPAL para el año 2000.

Para comprender de mejor manera la importancia de los EEUU para el comercio exterior de América Latina, concretamente para sus exportaciones, vale la pena revisar el porcentaje que tienen algunos productos en el mercado norteamericano. En el Cuadro N° 10 se puede observar la significación de dicho mercado para una serie de productos básicos y manufacturados, muchos de los cuales son básicos dentro del comercio exterior latinoamericano, y cuyos precios experimentaron un acelerado deterioro en el año 2001.

La disminución de la actividad económica norteamericana se proyecta al resto del mundo, tanto por la vía del comercio exterior como por efecto de bruscas fluctuaciones en las bolsas de valores, cuyas variaciones y caídas estarían procesando una reducción de la burbuja financiera internacional. Además, a nivel mundial se sufren los efectos de la larga y profunda recesión japonesa, así como de la desaceleración relativa de la economía europea, que tiene una mayor solidez propia gracias a que su dinamismo proviene de su mercado interno, el verdadero motor de su crecimiento. Cabe anotar, sin embargo, que las economías del sudeste asiático han demostrado una gran capacidad de recuperación luego de la crisis de 1997, lo cual ha inyectado cierto dinamismo en la economía mundial.

Por otro lado, apenas un 10% de las manufacturas importadas provienen de la misma región, cuando el 15% de las importaciones totales de América Latina provienen de la propia América Latina. Es obvio que en este campo hay un enorme potencial por desarrollar, el cual, además, tiene una significación mayor en la medida que el comercio intraregional se caracteriza por tener bienes con una mayor incorporación de los avances tecnológicos.

La dependencia de las exportaciones de América Latina del mercado norteamericano tiene su contrapartida por el lado de las importaciones: en el 2000, el 51% de las importaciones regionales provinieron de los EEUU. Las mencionadas importaciones intraregionales alcanzaron el segundo lugar del total con un 15%, la Unión Europea representó un 14%, Asia (incluyendo Japón) un 12,2%. Y si se considera el origen territorial de las importaciones regionales, Brasil y México dominan el escenario.

Mas, si excluye a México, las importaciones norteamericanas llegan sólo a un 27%, incrementándose las importaciones intraregionales a un 30%, las europeas representan un 18% y las asiáticas un 14%. México, con su integración a la economía de Norte América, ha asumido una posición cada vez más distante de la realidad del resto de países latinoamericanos.

Una lectura diferenciada por cada bloque de integración subregional permitiría enriquecer el análisis. Así, dentro de la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI) el porcentaje de exportaciones interregionales representó en el 2000 un 13%, en la Comunidad Andina de Naciones un 8,8%, en el MERCOSUR alcanzó un 21,1%, en el Mercado Común Centroamericano llegó a un 22,4% y en la Comunidad del Caribe (CARICOM) fue de 17,7%. Las tendencias en cada uno de estos bloques han sido inestables desde 1990, aunque con un crecimiento en todos los casos durante toda la década, con evoluciones notables en algunos como en el MERCOSUR en el cual la participación intraregional saltó de un 8,9% a 21,1%, explicable en gran medida por el creciente grado de complementariedad entre Argentina y Brasil, en tanto el primero de los dos países perdió aceleradamente toda posibilidad de incursionar en la producción y exportación de manufacturas por efecto de la rigidez cambiaria (convertibilidad) y la acelerada apertura comercial.

De todo lo anterior se puede concluir que la geografía es determinante en las relaciones internacionales, más allá de los notables avances tecnológicos en el campo de la comunicación y el transporte. Esta certeza, sin embargo, se ha visto relativizada en el ámbito financiero, en donde se ha registrado una casi desaparición de las distancias económicas; esto, entre otros factores, explica la consolidación de una economía financiera global que se ha distanciado aceleradamente de la economía real. La mayor movilidad de bienes y servicios, no se diga de capitales, contrasta con las limitaciones existentes en el flujo de la mano de obra, a pesar de lo cual en la actualidad ésta es otra de las manifestaciones que encuentran su explicación en la propia globalización.

Autor y licencia de 'Retos de la glocalización para América Latina - Orientación del comercio exterior latinoamericano'
Alberto Acosta Extraído de: http://www.lainsignia.org CopyLeft
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