Retos de la glocalización para América Latina - Tendencias generales del comercio exterior
3 - Tendencias generales del comercio exterior
Luego de la década de los ochenta -simplonamente conocida como una década pérdida- en los años noventa América Latina experimentó un crecimiento inusitado de sus exportaciones, en términos de valor y de volumen. De conformidad con informaciones de la CEPAL, las exportaciones crecieron en un promedio anual de 8,9% en términos de valor y de 8,4% en volumen entre 1990 y 2001; sólo algunos países asiáticos y China lograron tasas mayores. En el campo de las importaciones, la región, alcanzando el mismo nivel que China, superó al resto de países del mundo con una tasa de crecimiento anual del 11,6% en valor y 11,7% en volumen.
Si bien es cierto que el comercio exterior ha aumentado a un ritmo espectacular, en este lapso, el crecimiento de la economía en promedio anual fue de apenas 2,7%; esta es una de las primeras constataciones preocupantes que merecerán un tratamiento más detenido. Además, con el auge del comercio externo y por cierto de los flujos financieros, no necesariamente vinculados a las actividades comerciales y tampoco a la economía productiva, aumentó la sensibilidad de la región a los cambios en las condiciones de los mercados globales, lo que influye decididamente en los niveles de ingreso.
El auge de las importaciones, sobre todo de manufacturas, encuentra su explicación en la creciente apertura de los mercados latinoamericanos o sea en la disminución de las estructuras proteccionistas adoptadas durante la época de industrialización vía sustitución de importaciones, así como en la aplicación de políticas económicas sustentadas en esquemas que revaluaron sistemáticamente el tipo de cambio, a más, por cierto, de la demanda de gran cantidad de insumos y bienes de capital para sostener el esfuerzo exportador en marcha.
Igualmente notable, de acuerdo a la CEPAL, es el aumento del coeficiente de las exportaciones en relación al producto que alcanzó el 20,4% en 1999-2001. En lo relativo a las importaciones el coeficiente casi se duplicó al finalizar la década en relación a los años ochenta, pues pasó de un 10% en promedio a un 21,4% en 1999-2001. Esta evolución permitió que la región, en donde habita el 9% de la población mundial y en donde se produjo el 6,4% del PIB mundial, incremente su participación en el mercado mundial de 4,5% a 5,6% en la mencionada década, revirtiendo -aparentemente- una tendencia de exclusión en el contexto internacional; América Latina desde los años sesenta había perdido terreno en el mercado mundial: en el año 1960 esta participación representó un 7,7% y en 1980 fue de 5,5%.
Una comparación de la evolución de la economía latinoamericana y de sus exportaciones en dos épocas de su historia reciente conduce a una constatación interesante. Mientras entre 1970 y 1980, en la tan criticada época "cepalina", el PIB de la región creció en 5,6% de promedio anual y sus exportaciones lo hicieron en un 2,2% anual; entre 1980 y 1998 el PIB aumentó apenas en un 2,2% mientras sus exportaciones se disparaban en un 7,1% anual. Esta claro, entonces, que el comercio exterior por sí solo no es garantía para el crecimiento y, por ende, para el desarrollo. Esta comparación, si se excluye a Venezuela, presenta una mayor interrelación entre el aumento de las exportaciones y el PIB, pues en el primer período mencionado las primeras crecieron en un 6,4% y el PIB lo hizo en un 6%. Una revisión del Cuadro N° 1 permite obtener varias conclusiones y establecer varias referencias provechosas. Véase, por ejemplo, la evolución de las dos variables en los países del Este Asiático, que contrastan con la experiencia latinoamericana tanto en los ritmos de crecimiento, como en su interrelación.
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Los mayores avances en el comercio exterior se radican en el este de Asia, que aglutina las tres cuartas partes de las exportaciones de todos los países subdesarrollados y una proporción aún mayor si se toman sólo las exportaciones de manufacturas. En realidad apenas cinco países concentran las casi dos terceras partes de la totalidad de exportaciones manufactureras y de ellos cuatro son asiáticos: China, Corea del Sur, Taiwán y Singapur, a los que se suma México de América Latina. En la región del sudeste asiático se concentra un mayor esfuerzo en términos de aprovechamiento del progreso técnico dentro de todo el mundo pobre, mientras que en el resto de países se mantiene aún una elevada dependencia de materias primas en la oferta exportable, con productos de baja calidad y normalmente intensivos en mano de obra poco calificada. Por otro lado, como se verá más adelante, el aumento de las exportaciones de productos elaborados con alta tecnología conduce a apreciaciones engañosas, en la medida que muchos productores han sido integrados a partir de tareas de simple ensamblaje mal pagado, con una escasa incorporación de conocimiento tecnológico y aún de valor agregado, en tanto apenas son receptores de inversiones transeúntes que no llegan a echar raíces. Si esto es así, no se pueden sacar conclusiones definitivas sobre el peso de estas exportaciones en lo que a su potencial de desarrollo se refiere.
Más allá de la disparidad manifiesta entre el crecimiento del comercio exterior y el aumento del producto, que marca tendencias preocupantes en términos estructurales, es preciso destacar la acumulación de importantes déficit comerciales provocados por el alto ritmo de crecimiento de las importaciones; déficit que también se presenta en la cuenta corriente de la balanza de pagos -con un promedio del 3% del PIB entre 1994 y 2001-, provocado por el elevado peso del servicio de la deuda externa y las remesas de utilidades de las inversiones extranjeras.
Esta evolución general del comercio exterior se puede apreciar en el cuadro N° 2, en donde se observa el gran salto cualitativo de las exportaciones e importaciones regionales, tanto de bienes como de servicios. Igualmente aparece la evolución negativa del saldo comercial, como manifestación de una evolución poco promisoria.
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Diferencias de especialización nacionales y subregionales
La dinámica regional, sin embargo, presenta claras diferencias cuando se la desglosa entre países y entre subregiones. Para empezar, los logros obtenidos en términos regionales se explican por el comportamiento del comercio exterior en México, los países centroamericanos, Argentina, Chile y Colombia; particular relevancia merece el caso mexicano, cuya especialización exportadora en el campo manufacturero es notable.
Partiendo de un análisis más pormenorizado se obtiene una especialización en tres grupos de países claramente diferenciados en América Latina:
- Integración a flujos verticales de comercio de manufacturas
Aquí se encuentra en primera línea México, así como algunos países centroamericanos y caribeños, cuyas economías están fuertemente influenciadas por el mercado norteamericano, del cual dependen cada vez más. México, por ejemplo, orientó en el año 2000 el 88% de sus exportaciones hacia los EEUU. La maquila, en primera instancia, constituyó un vínculo productivo determinante, dentro de una relación influida decididamente por las empresas transnacionales. La posibilidad de aprovechar mano de obra barata -particularmente de mujeres- es todavía una de las atracciones para los inversionistas extranjeros, que pueden reubicar ahora más fácilmente sus unidades productivas utilizando además, los avances tecnológicos que han logrado superar las limitaciones del industrialismo clásico al posibilitar la flexibilización de la oferta, estandarizando lo necesario, para atender demandas cada vez más diferenciadas, hasta individualizadas.
Esta es una de las primeras manifestaciones de la glocalización (neologismo acuñado por el presidente de la SONY): lo local visto desde la estrategia global de un conglomerado transnacional, que integra a determinadas empresas en sus redes de valor global. La desintegración vertical de la producción o el comercio intraproducto, que representa una tercera parte del comercio mundial actual, son expresiones de esta relación de lo local con lo global. Téngase presente además, que las relaciones corporativas sintetizan gran parte del comercio mundial. Estas son características de la glocalización, pues el "notable incremento en la capacidad de las firmas para fragmentar geográficamente los procesos productivos, (es) lo que ha contribuido a un crecimiento sostenido del comercio, especialmente de manufacturas, y las inversiones internacionales" (Ffrench-Davis 2002).
De hecho la incidencia de los cambios tecnológicos y empresariales se registra en el establecimiento de complejos sistemas productivos de "racimos tecnológicos", cuyas "uvas" (unidades productivas) están distribuidas en varias partes del planeta, y cuya administración depende de poderosos grupos empresariales que concentran la conducción de estos sistemas, haciendo que sus operaciones alcancen un grado de internacionalización. De suerte que la clave de éxito de las empresas, en particular de las transnacionales, muchas de cuyas relaciones han superado las fronteras nacionales, estaría en la flexibilización de los procesos productivos y los procedimientos de organización.
Igualmente hay transformaciones registradas en el interaccionar de las empresas, que comienzan a integrarse en complejos sistemas de administración, en los cuales las relaciones con los proveedores y subcontratistas adquieren una enorme relevancia, tanto como las relaciones intrafirma. Y todo en un medio asimilable a la "realidad virtual", por la constitución de empresas deslocalizadas en términos productivos e integradas por el conocimiento y la comunicación en una estructura que superó largamente los conceptos clásicos de la unidad empresarial.
Desde esta visión que prioriza lo local como plataforma de inserción internacional asoma otra forma de glocalización. Muchas ciudades se han transformado en espacios para forzar la competencia global, tratando de desengancharse de su entorno nacional, aprovechando sus características propias. Desde las ciudades, entonces, hay intereses manifiestos para convertirse en una suerte de "uvas" espaciales. Una situación explicable, además, por el debilitamiento relativo del Estado-Nación en los países subdesarrollados debido al poder creciente de las empresas transnacionales y de los organismos multilaterales económicos, que han alcanzado una mayor influencia a través de los sucesivos arreglos de deuda externa atados a una serie de condicionalidades cruzadas.
Para poder comprender de mejor manera el peso que tienen las empresas transnacionales, se podría compararlas con las principales economías a nivel mundial, para lo cual se recurre al valor agregado de las empresas como un indicador que permita esta tarea de mejor manera que la simple revisión de los montos de ventas de estas empresas versus el PIB de los países. La UNCTAD, con su comparación (ver Cuadro N° 3), demuestra el peso que tienen dos de esas empresas como son la Exxon Mobil y la General Motors, que en el caso latinoamericano superan a la mayoría de países de la región, salvo a Brasil, México, Argentina, Venezuela, Colombia y Chile. Por tanto, para tratar de comprender lo que significa el comercio exterior y cuáles son sus repercusiones, se precisa incorporar en el análisis a estas compañías, cuyo papel es determinante directa o indirectamente.
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