Sartre novelista y dramaturgo - El trasvasamiento del pensamiento filosófico a las obras literarias
3 - El trasvasamiento del pensamiento filosófico a las obras literarias
Tanto en las novelas, en las obras de teatro como en los ensayos, Sartre plasma en ellos su pensamiento filosófico. En algunos casos, como la novela La náusea que analizaremos en este trabajo, encontramos la base de la posterior elaboración filosófica.
La obra saertreana es un fenómeno de retroalimentación entre pensamiento y literatura, se trata de establecer una dialéctica entre los procesos de escritura y de lectura donde la lectura completa la obra, entendida en sentido orgánico, pero a la vez la vuelve inagotable de sentido porque en esta actividad, tanto como en la creación de la obra intervienen procesos de subjetivación y de invensión.
Escribir para Sartre es "pedir al lector que haga pasar a la existencia objetiva la revelación que yo he emprendido por medio del lenguaje. (..) Así el escritor recurre a la libertad del lector para que ella colabore con la producción de la obra." [13] Por otra parte, leer es "(...) creación dirigida. El objeto literario no tiene otra sustancia que la subjetividad del lector (...) cada palabra es un camino de trascendencia, fundamenta nuestros afectos, los nombra, los atribuye a un personaje imaginario que se encarga de vivirlos por nosotros y que no tiene otra sustancia que esas pasiones prestadas, les proporciona objetos, perspectivas, un horizonte. Así para el lector todo está por hacer y todo está hecho; la obra existe en el nivel exacto de sus capacidades, mientras lee y crea, sabe que podrá ir siempre más lejos, crear más profundamente, y, de este modo, la obra le parece inagotable y opaca como las cosas." [14]
La náusea es clave para entender el mundo metafísico del autor. Es presentada bajo la forma de un diario íntimo de Antine Roquetin, soltero de treinta años que vive con una renta de quincemil francos anuales, lo cual le permitió vivir independientemente, viajar por muchos países, etc. Finalmente se estableció en Beauville. Allí trabaja en la biografía del señor Rosellón la cual abandona finalmente, sin terminar. Roquetín anota permanentemente la desilusión que experimenta con los objetos y con las personas, mientras se siente sumido en una profunda soledad. El personaje lo abandona todo: las actividades, los recuerdos, las relaciones sociales, etc., para considerar, con angustia, su propio ser en un proceso que podríamos denominar la puesta del propio yo frente al espejo. Esta obra está ubicada en el presente de la narración y espacialmente está ubicada en el plano terrenal y finito de la vida del hombre común.
En A puerta cerrada se muestra el mundo después de la muerte, es una representación del infierno, un infierno muy lejano al que la tradición nos ha acostumbrado a imaginar. El lector / espectador se encuentra allí con seres humanos corrientes en situaciones límites, con las mismas ansiedades de la época actual.
Inés, Estelle y Garcín son los personajes que están condenados a convivir por toda la eternidad.
Aunque separadas y distantes, en cuanto a los ejes temporoespaciales, ambas obras comparten el aspecto tematológico, el cual gira sobre la libertad, el conocimiento del hombre de sí mismo, frente a él y la construcción del ser ante la mirada de los demás en contraposición al anquilosamiento que representa la vida cotidiana de las personas.
Categorías óntico-ontológicas que definen el ser
El ser en sí
El ser en sí es definido por Sartre como "lo que es" [15], se trata del ser que está afuera, es el ser de las cosas materiales o externas.
Es un ser que, en términos lógicos, podría estar asociado con lo absurdo y en términos metafísicos con lo contingente.
Este ser abarca cuatro aspectos fundamentales del hombre: el cuerpo, en su composición material, el pasado como algo petrificado e inmutable, la situación que es opuesta a la libertad, ya que limita las posibilidades de escoger porque hay cosas que no se pueden elegir, entre las que se encuentra la muerte.
En la novela, la náusea representa la experiencia filosófica fundamental, que consiste en percibir la existencia de las cosas, su contingencia radical, su absurdidad y además, su presencia como un hecho improbable e inexplicable. Los objetos manifiestan una suerte de extrañamiento ante la mirada del personaje, efecto que crece a medida que la novela avanza hasta que opera en la totalidad de la existencia .
Este mundo contingente está formado aquí por un cúmulo de elementos que incluyen una estatua:" La estatua me pareció desagradable y estúpida y sentí que me aburría profundamente" [16], el vaso de cerveza: "(...) hace media hora que evito mirar ese vaso de cerveza. Miro encima, debajo, a derecha, a izquierda; pero a él no quiero verlo. Y sé muy bien que todos los célibes que me rodean no pueden ayudarme en nada. (...) ¿Qué tiene ese vaso de cerveza? Es como los otros. Es biselado, con un asa, lleva escudito con una pala y sobre el escudo una impresión: Spatenbäu. Sé todo esto, pero sé que hay otra cosa. Casi nada. Pero ya no puedo explicar lo que veo. A nadie. Ahora me deslizo despacito al fondo del agua, hacia el miedo" [17], el entorno " Todavía hay unos veinte clientes, célibes, modestos, ingenieros, empleados. Almuerzan rápidamente en pensiones de familia que ellos llaman ranchos, y como necesitan un poco de lujo, vienen aquí después de la comida. (...) También ellos necesitan ser muchos para vivir." [18]
Este extrañamiento que el personaje siente por los objetos es caracterizado de la siguiente manera: " Los objetos no deberían tocar, puesto que no viven. Uno los usa, los pone en su sitio, vive entre ellos, son útiles, nada más. Y a mí me tocan; es insoportable. Tengo miedo a entrar en contacto con ellos como si fueran animales vivos". [19]
El pasado también es visto como algo cristalizado en el recuerdo, como algo inmodificable, todo cambio se proyecta al futuro, el cual conduce al personaje a la soledad. El mundo interno del personaje; la angustia, la búsqueda de sí se ponen en primer plano, mientras que el ser en sí se esfuma y empieza a cobrar un sentido otro, es resignificado. Garcín lo abandona para operar en él mediante la elección, la responsabilidad y el miedo, siendo consciente de su existencia, de su desolación y de su angustia.
Para el universo de A puerta cerrada, el mundo contingente está representado por la propia muerte de los personajes. El efecto de extrañamiento está relacionado con el espacio: el infierno: este espacio es reconocido como familiar, se trata de "Un salón estilo Segundo Imperio. Una estatua de bronce sobre la chimea". [20]
El cuerpo de los tres personajes han adquirido la disfunción que implica su nueva condición física, y las nuevas conductas también deben ser reconocidas y aceptadas por los personajes:
"El Camarero.- ¡Vaya! Discúlpeme. Que quiere, todos los clientes hacen la misma pregunta. Empiezan: "¿Dónde están las palas?" En ese momento le juro que no piensan en hacerse el tocado. Y apenas se tranquilizan aparece el cepillo de dientes. Pero, por el amor de Dios, ¿no pueden ustedes reflexionar? Pues dígame, ¿Para qué habrían ustedes de cepillarse los dientes? (...)
Garcín.- (...) Nosotros parpadeábamos. Un pequeño relámpago negro, una cortina que cae y se levanta: el corte ya está. El ojo se humedece, el mundo se aniquila. No puede saber usted qué refrescante era. Cuatro mil reposos en una hora. Cuatro mil pequeñas evasiones... ¿Entonces voy a vivir sin párpados? No se haga el imbécil. Sin párpados, sin sueño, es todo uno. No dormiré más (...)". [21]
El ser para sí
El ser para sí es el ser humano en cuanto tal. El hombre es consciencia, angustia y libertad absoluta. Sartre lo define como "lo que llega a ser" [22], el hombre se hace a sí mismo y esto depende de él, de su propia elección, de su libertad; el hombre es siempre un proyecto inacabado; el hombre será lo que haya proyectado ser y de ahí su responsabilidad humana y su angustia.
La angustia no es algo que le venga al hombre desde el exterior, sino que surge desde su interioridad, es decir, de la consecuencia de tener que elegir. Es el precio de su libertad, es la amargura de encontrarse solo ante sí mismo y tener que elegir sin ninguna ayuda, referencia o norma exterior. Es la experiencia filosófica de la nada, de la libertad incondicionada: "Nunca sentí como hoy la impresión de carecer de dimensiones secretas, de estar limitado a mi cuerpo, a los pensamientos ligeros que suben de él como burbujas. Construyo mis recuerdos con el presente. En vano trato de alcanzar el pasado; no puedo escaparme". [23]
El hombre lleva solo el peso del mundo sin que nadie pueda aligerarlo, el hombre está cargado de una responsabilidad aplastante y la angustia es una estructura permanente del ser humano. "Ahora estoy solo. Completamente solo , no. Todavía está delante de mí esa idea que aguarda. Permanecía ahí hecha un ovillo como un gran gato; no me explica nada, no se mueve, se contenta con decir que no. No, no he tenido aventuras." [24]
La existencia, para Sartre es la superación de toda situación dada, es proyecto, es posibilidad de superar su propia nada, su propio vacío.
La tarea de construirse a sí mismo hace que le dé un sentido al mundo, hace que resignifique el ser en sí. Cada existente es su proyecto, es un proyecto fundamental y original ya que implica la elección de una serie de valores que no vienen dados desde el mundo externo.
El hombre se encuentra sin apoyo posible, no tiene ningún tipo de orientación, elige sobre la nada y elige en todo momento: "Soy libre: no me queda ninguna razón para vivir, todas las que probé aflojaron y ya no puedo imaginar otras. Todavía soy bastante joven, todavía tengo fuerzas bastantes para volver a empezar. ¿Pero qué es lo que hay que volver a empezar? Sólo ahora comprendo cuánto había contado con Anny para salvarme, en lo más fuerte de mis terrores, de mis náuseas. Mi pasado ha muerto. M. Robellón ha muerto. Estoy solo en esta calle blanca bordeada de jardines. Solo y libre. Pero esta libertad se parece un poco a la muerte" [25]. Lo único infinito para Sartre es la libertad, la cual le permite elegir y contradecirse, la libertad es la única eternidad posible y así lo vemos en A puerta cerrada. En una entrevista realizada en octubre de 1965 Sartre dice respecto de esta obra: " (...) la muerte viviente es estar rodeado por la eterna preocupación de los juicios, de los actos que uno no quiere cambiar. De suerte que, en verdad, como estamos vivos, quise mostrar por el absurdo la importancia que tiene en nosotros la libertad, es decir, la importancia de cambiar los actos por otros actos. No importa cual sea el círculo infernal en el cual vivimos, creo que somos libres para quebrarlo y si las gentes no lo quiebran es que también libremente permanecen en él. De tal modo que se meten libremente en el infierno" [26]. Al respecto, en la pieza podemos leer: " Garcin.- ¡Abran! ¡Abran, pues! Lo acepto todo : los borceguíes, el plomo derretido, las tenazas, el garrote, el plomo derretido, las tenazas, el garrote, todo lo que quema, todo lo que desgarra; quiero padecer de veras. Antes cien mordiscos, ante el látigo, el vitiolo, que este padecimiento mental, este fantasma del sufrimiento que roza, que acaricia y nunca hace demasiado daño. (toma el botón de la puerta y lo sacude.) ¿Abrirán? (la puerta se abre bruscamente y Garcín está a punto de caer.) ¡Ah! (Largo silencio.) [...] Por ella me he quedado.” [27]
La mayor parte de los hombres huyen de su angustia, el autor dice hay que animarse a la soledad, al vértigo del autoconocimiento. El que rechaza la angustia niega la libertad y se refugia en mitos tranquilizadores, en la seguridad de las normas para engañarse.
El ser para sí es resumido en esta escena de A puerta cerrada:
"Garcín.- No soñé ese heroísmo. Lo escogí. Se es lo que se quiere.
Inés.- Pruébalo, prueba que no era un sueño. Sólo los actos deciden acerca de lo que se ha querido.
Garcín.- He muerto demasiado pronto. No me dieron tiempo para ejecutar mis actos.
Inés.- Se muere demasiado pronto - o demasiado tarde-. Y sin embargo la vida está ahí, terminada, trazada la línea, hay que hacer la suma. No eres nada más que tu vida. (...)". [28]
El ser para otro
El ser para otro hace referencia a las relaciones con los demás: "(...) en el fondo los otros son aquello que hay de más importante en nosotros mismos para nuestro propio conocimiento de nosotros mismos. (...) Nos juzgamos con los elementos que los otros ya tienen de nosotros y que nos han cedido para que nos juzguemos. Lo que yo diga de mí siempre contiene el juicio del otro. Lo que yo siento de mí está viciado del juicio de los demás. Lo cual quiere decir que si establezco mal las relaciones me coloco en total dependencia con respecto a los demás. Y entonces estoy efectivamente en el infierno." [29]
Existe una experiencia inmediata que nos revela la existencia del otro, esta experiencia es la vergüenza de ser contemplado, la vergüenza de hallarme ante otro que me mira, y al hacerlo me convierte en un objeto, me reduce a una cosa, y de este modo paso a formar parte de su mundo y pierdo el mío. En la pieza dramática este fenómeno lo vemos permanentemente, Garcín , Inés y Estelle son el espejo del otro en un círculo vicioso e infernal; continuamente hay un personaje que se refleja en el espejo que es el otro personaje para luego pasar al efecto contrario: el que era espejo se convierte en ser reflejado. Inés sería el equivalente de Roquetín en La náusea. Se trata del personaje que ve y juzga al entorno porque han podido alcanzar la soledad y se han animado a la angustia vivencial que resignifica la vida. Inés muestra este mundo a Garcín y Roquetín trata de hacerlo con el autodidacta. Esto constituye un tema mucho más complejo de analizar, ya que, tanto los espejos como las estatuas de bronce son símbolos que presentan una presencia permanente en la obra de Sartre y merecen una investigación más profunda, que excede las pretensiones de este trabajo.
La presencia del otro trastorna no sólo mi existencia, sino también en mi universo, me roba mi mundo porque le confiere la libertad que él escoge. Inés, en un pasaje le dice a Garcín: "(...)Garcín, un cobarde porque yo lo quiero. ¡Lo quiero! ¿Oyes?, ¡Lo quiero! y, sin embargo, mira qué débil soy, un soplo; sólo soy la mirada que te ve, sólo este pensamiento incoloro que te piensa (Garcín camina hacia ella con las manos abiertas) ¡Ah! Esas grandes manos de hombre se abren. ¿Pero qué esperas? Los pensamientos no se atrapan con las manos. Vamos, no hay alternativa: es preciso convencerme. Te tengo.[...]
Garcín.- El infierno siempre son los otros." [30]
Al igual que en El ser y La nada, las dos obras que estudiamos aquí tienen el propósito de llevar hasta las últimas consecuencias a la nada, a la absurdidad de la existencia. Como vimos, para Sartre, el mundo es absurdo y como Dios no existe, no tenemos más remedio que aceptar la vida en su total absurdidad.
Ambas obras ponen de manifiesto la realidad metafísica del autor, tanto la terrenal como la trascendente. El nacimiento y la muerte son una especie de absurdo. Para él no existe ningún orden moral, ni leyes comunes a todos los hombres, pues sin valores superiores la vida no tiene sentido y, sin actos ni la vida, ni la muerte existen. Por otro lado, impera la idea de que el hombre tampoco puede hallar refugio para su desolación y su angustia, excepto en la búsqueda de sí mismo, pues ni Dios, ni las pasiones, ni la muerte pueden evitar ese encuentro del hombre con el hombre y del hombre con los otros.
En sus obras explora la realidad humana como consciencia de ser-para sí y de ser-para los otros. La naturaleza humana depende enteramente de la existencia, el hombre es mera existencia, es un proyecto a realizar y sólo la metamorfosis entre lo que no es y lo que es o hace, es lo que le confiere esencia. Este hacer del hombre concibe la tarea humana como una forma de libertad.
La concepción de hombre implica un dinamismo en el vacío solitario de la libertad sin fondo. La nada es para él un componente de lo real y el ser, en cuanto existencia humana, es un continuo arrancarse de sí, responsabilizarse de la propia existencia y hacer espejo con la subjetividad del otro.
La obra de Sartre no es una sugerencia de la salvación por la estética, su existencialismo radical consiste en ser a la vez un ateísmo y un nihilismo. Aquí el nihilismo es una negación de todo sentido del mundo y del hombre. Se puede decir que es una filosofía de lo absurdo, porque desde este punto de vista, las cosas y el mundo existen sin razón. Para él el ideal humano es una tendencia hacia lo imposible, porque el mundo está por hacerse y el hombre es pura proyección hacia el porvenir.
El hombre de Sartre es lúcido, conoce y acepta su condición de hombre, sostiene los valores en el ser, es quien le da sentido al mundo, es quien decide justificablemente y sin excusas.
La dialéctica se manifiesta entre sus obras, ya sean literarias, filosóficas o ensayísticas, cada una, del mismo modo que lo hacen sus personajes, se iluminan unas a otras, son el espejo o el material reflejado según desde donde uno se pare para mirarlas; pero por sobre todas las cosas, lo que aflora siempre es el pensamiento existencialista de Sartre, su visión atea, nihilista y apasionada del hombre despojado de la modernidad.
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