3 - De marmol

Artículo creado por Juan Pablo Neyret. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero21/serratsa.html
12 de Septiembre de 2006

“A la sombra de un león” presenta, a través de un narrador en tercera persona (que luego se revelará como testigo), a un ser excéntrico descripto por su indumentaria y por un objeto, aunque aún no da cuenta de su locura: “Llegó / con su espada de madera / y zapatos de payaso / a comerse la ciudad”, ámbito éste del cual se lo connota ajeno. Tampoco la acción siguiente (“Compró / suerte en Doña Manolita”) denota su insanía, pero sí la tercera: “y al pasar por la Cibeles / quiso sacarla a bailar / un vals”. La estatua de la Cibeles está ubicada en la plaza homónima de Madrid, lo que constituye un realema que hace más concreto al escenario que en “De cartón piedra”. Desde ya, estos versos se remiten directamente al “Bajo la lluvia bailamos un vals” de Serrat. El loco (lo llamaremos así provisoriamente) quiere que la unión sea “como dos enamorados” (Serrat: “Porque yo amaba a esa mujer”) con la estatua “y dormirse acurrucados” (la idea del abrazo, también presente en Serrat: “Todo su cuerpo me tembló en los brazos”, “Tuve entre mis manos el universo”) “a la sombra de un león”, nuevo realema que alude a los leones que completan el grupo escultórico.

Sin ninguna introducción ni verbum dicendi, la estatua asume el habla, lo cual puede atribuirse en principio a la imaginación del loco: “¿Qué tal?, / estoy sola y sin marido,” (cfr. “No me acuerdo si tengo marido”, en “Peor para el sol”, de Sabina) “gracias por haber venido / a abrigarme el corazón”, con lo cual la Cibeles demuestra conocimiento de vínculos sociales y posee sentimientos, tanto previo de soledad como presente de afecto, además de “corazón”.

Tras el puente instrumental, el punto de vista cambia, asume un discurso más próximo a la crónica periodística -una constante en Sabina- y devela la condición del sujeto: “Ayer / a la hora de la cena / descubrieron que faltaba / el interno 16”. Una irónica e incierta explicación de su fuga (“Tal vez / disfrazado de enfermero “ -nótese el juego, también habitual en Sabina, con el lugar común- “se escapó de Ciempozuelos” -un nuevo realema, como antes lo había sido “Doña Manolita”- “con su capirote de papel”, lo cual ahora sí anula la excentricidad e introduce la locura en la indumentaria del personaje) da lugar a la confirmación de su amor previo por la Cibeles (“A su estatua preferida”; Serrat: “a todas horas la iba a ver”) y la idea de la unión conyugal (“un anillo de pedida”; Serrat: las referencias a la novia y la boda); el anillo introduce un nuevo realema, la tienda “El Corte Inglés”, a la vez que luego hará lo propio con un ideologema sobre la institución policial (“Con él / en el dedo al día siguiente / vi” -en esta instancia se manifiesta el narrador-testigo- “a la novia del agente / que lo vino a detener”).

El “Cayó / como un pájaro del árbol” remite, aunque en un contexto distinto, al “Como un pajarillo” de Serrat; el “cuando sus labios”, a la “boquita”, y la variante letrística “cuando su abrazo de mármol” (cantada por Sabina en los conciertos de su gira “En paños menores” los días 17, 18 y 20 de julio de 1997 en el teatro Gran Rex, de Buenos Aires), a “me tembló en los brazos” y al baile; el “lo obligaron a soltar” presenta a un ente humano represor como el de “Y entonces llegaron ellos / Me sacaron a empujones”. Sin embargo, Sabina introduce una variante: otra tercera persona, eventual (“un taxista que pasaba”), queda “mudo al ver como empezaba / la Cibeles a llorar”, lo que cuestiona el límite realidad/ficción hasta ahora manejado; y, desde ya, cita al “Y ella lloraba en silencio” de Serrat.

El final no sólo aporta una imagen que oficia como anticlímax (“y chocó contra el Banco Central”) sino que también aporta un último realema (el Banco, efectivamente erigido frente a la Plaza de la Cibeles) y un nuevo ideologema. Para éste, basta con ver el sentido negativo de los bancos y la idealización de sus ladrones en la poética de Sabina4: el sujeto que apedrea la sucursal del Banco Hispanoamericano en “Y nos dieron las diez” y la celebración del asalto al banco del Dioni en “Con un par”, por citar dos ejemplos.

Evidente homenaje a Serrat y reescritura de “De cartón piedra”, queda por formular una hipótesis -al menos, divertida- sobre “A la sombra de un león” respecto de su fuente textual: ¿no puede tratarse de una nueva aventura del mismo “loco”?

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