Simbolismo en el Quijote - SANCHO, LA CONTRAPARTE DE EL QUIJOTE
Artículo creado por Clemente González. Extraido de: http://www.editorial-na.com/articulos/articulo.asp?art=60
30 de Marzo de 2005
Estilos literarios, Historia, Relato
7 - SANCHO, LA CONTRAPARTE DE EL QUIJOTE
Una vez superado este primer escollo de la incomprensión, tenemos ya a nuestro héroe en camino, en busca de sí mismo. El autor lo pone en compañía de un escudero –Sancho– a quien debemos considerar también como protagonista de este relato, si tenemos en cuenta que, al decir de Cicerón ... el alma tiene dos facultades, dos fuerzas que la mueven: el apetito, que los griegos llaman “orme”, que arrastra al hombre y le lleva de objeto en objeto sin norma fija, y la razón, que es la luz de la vida y el guía que nos va mostrando lo que debemos hacer y lo que debemos rehuir, y nos explica el porqué. De donde se infiere que la razón manda y el apetito obedece.
De esta forma debemos entender a Sancho, como la contraparte de su señor, el cual simbolizaría a la tríada o parte inmortal del hombre y el escudero representaría al cuaternario o efímera personalidad.
Traemos aquí unas muy apropiadas palabras de Sócrates, en El Fedón, que explican por sí mismas el porqué de la relación entre Quijote y Sancho: .. ¿O no te parece que lo divino es lo que está naturalmente capacitado para mandar y ejercer de guía, mientras que lo mortal lo está para ser guiado y hacer de siervo?
Por esta razón, Sancho Panza se identifica durante toda la historia con las necesidades, pasiones, instintos, vicios y defectos entre los cuales solemos naufragar los humanos en la cotidiana existencia. Su mismo apellido evoca la prosaica materia grasienta del estómago, atributo generalmente de los grandes comedores. Sancho se queja del mínimo dolor; no sólo tiene miedo, sino que además el miedo le domina. Quiere la comodidad; que no le falte de comer y de beber, cuestiones éstas que antepone a cualquier otra. Gusta poco del esfuerzo y del trabajo, siendo por el contrario gran aficionado al reposo y al dormir. Sueña con el poder y la riqueza, pero teme a la enfermedad y a la muerte.
En cambio, Alonso, de quien aprovechamos para señalar la curiosa relación de su apellido Quijano, con la palabra griega Kigxano, que significa alcanzar, conseguir, encontrar, resulta ser todo lo contrario. Ante esta diferencia entre ambos es lógico y comprensible que, donde Sancho y todos los que a él se parecen, ven molinos, el caballero del espíritu vea gigantes. No son iguales las metas; no son iguales los medios. Don Quijote usa y dispone de espada pero Sancho no tiene más arma que alguna piedra o estaca. El caballero obedece a los dictados de la voluntad mientras que su escudero es manejado por los impulsos pasionales. Este piensa que su señor acomete contra aspas y muros; pero el hidalgo sabe bien que...hay que matar en los gigantes a la soberbia.
Parece representar el Ego encarnado que tiene claro lo que quiere y lo que debe hacer; de infinita voluntad, si bien a la hora de plasmarla en el plano físico, éste le sea tan hostil que le resulte difícil y acabe siendo considerado como un loco. Su meta no es física, no es ser rico ni poderoso, sino alcanzar la virtud, que bien sabe a costa de cuántos sufrimientos se logra su exótico aroma. De ahí esa complementariedad entre ambos, identificándose aquél con lo terrestre y mundano y éste con lo moral, virtuoso, divino. El hecho de mantener tan estrecha relación, fundamentalmente bajo la voluntariosa disciplina del caballero, es la razón por la que Sancho refina su vulgaridad y aprende, –siempre con el ejemplo de su señor– lo que tantas veces éste le ha explicado.
De esta forma debemos entender a Sancho, como la contraparte de su señor, el cual simbolizaría a la tríada o parte inmortal del hombre y el escudero representaría al cuaternario o efímera personalidad.
Traemos aquí unas muy apropiadas palabras de Sócrates, en El Fedón, que explican por sí mismas el porqué de la relación entre Quijote y Sancho: .. ¿O no te parece que lo divino es lo que está naturalmente capacitado para mandar y ejercer de guía, mientras que lo mortal lo está para ser guiado y hacer de siervo?
Por esta razón, Sancho Panza se identifica durante toda la historia con las necesidades, pasiones, instintos, vicios y defectos entre los cuales solemos naufragar los humanos en la cotidiana existencia. Su mismo apellido evoca la prosaica materia grasienta del estómago, atributo generalmente de los grandes comedores. Sancho se queja del mínimo dolor; no sólo tiene miedo, sino que además el miedo le domina. Quiere la comodidad; que no le falte de comer y de beber, cuestiones éstas que antepone a cualquier otra. Gusta poco del esfuerzo y del trabajo, siendo por el contrario gran aficionado al reposo y al dormir. Sueña con el poder y la riqueza, pero teme a la enfermedad y a la muerte.
En cambio, Alonso, de quien aprovechamos para señalar la curiosa relación de su apellido Quijano, con la palabra griega Kigxano, que significa alcanzar, conseguir, encontrar, resulta ser todo lo contrario. Ante esta diferencia entre ambos es lógico y comprensible que, donde Sancho y todos los que a él se parecen, ven molinos, el caballero del espíritu vea gigantes. No son iguales las metas; no son iguales los medios. Don Quijote usa y dispone de espada pero Sancho no tiene más arma que alguna piedra o estaca. El caballero obedece a los dictados de la voluntad mientras que su escudero es manejado por los impulsos pasionales. Este piensa que su señor acomete contra aspas y muros; pero el hidalgo sabe bien que...hay que matar en los gigantes a la soberbia.
Parece representar el Ego encarnado que tiene claro lo que quiere y lo que debe hacer; de infinita voluntad, si bien a la hora de plasmarla en el plano físico, éste le sea tan hostil que le resulte difícil y acabe siendo considerado como un loco. Su meta no es física, no es ser rico ni poderoso, sino alcanzar la virtud, que bien sabe a costa de cuántos sufrimientos se logra su exótico aroma. De ahí esa complementariedad entre ambos, identificándose aquél con lo terrestre y mundano y éste con lo moral, virtuoso, divino. El hecho de mantener tan estrecha relación, fundamentalmente bajo la voluntariosa disciplina del caballero, es la razón por la que Sancho refina su vulgaridad y aprende, –siempre con el ejemplo de su señor– lo que tantas veces éste le ha explicado.
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