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En un reciente estudio sobre la obra de Eduardo Mendoza1, José V. Saval se hacía eco de una de las mayores paradojas que se dan en la obra del escritor barcelonés Eduardo Mendoza. Refiriéndose a Sin noticias de Gurb, el profesor de la Universidad de Edimburgo comentaba:
A pesar de todo esta novela tiene un serio problema, ¿será capaz de sobrevivir cuando los referentes cómicos de los personajes que aparecen en las revistas hayan desaparecido? Difícil pregunta. Todavía hoy día, diez años después, aparecen reediciones y no es un libro difícil de encontrar en las librerías españolas o europeas. No obstante, es la novela de Mendoza que menos estudios ha suscitado por parte de la crítica académica. (pág. 14)
Con estas palabras que suscribimos totalmente, se nos vuelve a plantear otra de las múltiples paradojas que rodean la obra de Mendoza: en muchos casos sus novelas más ligeras son las que convierten al narrador barcelonés en uno de los escritores más leídos de este país. No es el motivo de este artículo señalar y demostrar este aspecto de la obra de Mendoza, sino tratar de esclarecer algunas curiosidades sobre Sin noticias de Gurb para así poderla considerar plenamente integrada en el universo del escritor.
Durante el verano de 1990, entre el 1 y el 25 de agosto de 1990, entre el 1 y el 25 de agosto, el diario El País publicó por entregas Sin noticias de Gurb, que apareció como libro en 1991. Con esta aparición de entregas diarias (por las mismas fechas se publicaba en el desaparecido diario El Sol la novela Volver a casa de Juan José Millás), se quiso recuperar la vieja tradición del folletín, que tanta vigencia había tenido en años anteriores en los periódicos españoles.
Sin noticias de Gurb es una novela escrita en forma de diario de un extraterrestre que busca a Gurb -otro extraterrestre con la figura de la cantante Marta Sánchez-, extraviado en Barcelona en el tiempo de la escritura del libro.
La intención crítica y satírica que existe en otras obras de Mendoza, su inclinación al costumbrismo, especialmente cultivado en los libros que tienen como espacio Barcelona, se hallan en esta novela, que aprovecha la índole extraterrestre de los dos personajes para denunciar el absurdo de la sociedad consumista actual, emborrachada por el poder del dinero y donde tanta calidad de vida se sacrifica en las grandes ciudades. El extraterrestre asiste asombrado al frenesí de una sociedad consumista y competitiva, arrastrada por la especulación y la insolidaridad, enloquecida por el tráfico y las prisas, asediada por las obras en las calles, asfixiada por la polución.
En la novela, pues, se nos dan desenfadadas consideraciones acerca de la miseria y el absurdo de la vida, sin perder nunca la actitud de ingenuo regocijo y amable comprensión.
A Mendoza le sigue obsesionando la historia de su ciudad, pero es incapaz de tomársela siempre en serio. Por lo tanto, Sin noticias de Gurb, hay que clasificarla en lo que el propio Mendoza ha calificado como "novelas de aeropuerto", historia sin pretensiones, breve y bastante superficial en su argumento. La crítica literaria2 fue unánime a la hora de enjuiciar la novela; de "travesura divertida" la calificaba Fernando Valls, "respiro narrativo" para José Esteban, "folletín sin pretensiones" para Guillem Martínez o "juguete costumbrista y disparatado" para Joaquín Marco, como ejemplo de la acogida que tuvo el libro en el mundo periodístico.
El estilo del diario, redactado a modo de informe de las novelas de ciencia-ficcción, si de un lado simplifica las observaciones del extraterrestre, de otro facilita la verosimilitud de lo redactado, aunque para ello tenga que sacrificar las dotes de creador que ha demostrado ser en otras de sus obras Eduardo Mendoza.
De nuevo, la presencia de un narrador autobiográfico "curioso" (similar en algunos aspectos al protagonista de El misterio y El laberinto) se encargará de analizar pormenorizadamente aquellos aspectos de la vida en la gran ciudad más cercanos a lo absurdo e hilarante.
Conectada en muchos aspectos a estas dos novelas, destaca por encima de todo la crítica despiadada contra la condición humana de la gran ciudad, el aniquilamiento del ser humano en la sociedad moderna y lo absurdo de muchas de las acciones del hombre en el mundo de hoy. Por supuesto, y a pesar de todo esto, los extraterrestres decidirán quedarse con nosotros.
El argumento de la novela es extraordinariamente sencillo. Dos extraterrestres, Gurb y un anónimo marciano (personaje sin nombre y principal como en El misterio y El laberinto), recalan en la Tierra, en los alrededores de Barcelona, debido a una avería en su nave espacial, y deciden investigar cierta fórmula en un planeta desconocido. Son incorpóreos y pueden adoptar la forma que les apetezca. Se necesitan mutuamente para poder regresar a su galaxia, una vez cumplida su misión. Uno de ellos, el llamado Gurb, decide investigar todo aquello que le rodea adoptando diversos disfraces como el de la exuberante y famosa cantante Marta Sánchez. Su compañero decide seguir sus pasos por Barcelona, consciente de que sin Gurb no puede hacer nada, e irá narrando todas sus experiencias en forma de diario que conforman el libro. La sorprendente vida del actual laberinto barcelonés desfila ante los ojos del alienígena que pretende localizar como sea a Gurb y que, de paso, se entera de cómo se vive en esta aglomeración urbana.
La realidad de la Barcelona preolímpica queda totalmente plasmada: aceras llenas de socavones, interminables embotellamientos, la pasión por el fútbol, la incompetencia de la Seguridad Social... Estos extraterrestres, dotados de poderes extraordinarios, pero de una inusual religiosidad, a pesar de las críticas que ejercen sobre la gran ciudad, deciden al final de la historia quedarse entre los humanos para acabar sus vidas.
La novela se compone de 15 capítulos que corresponden estrictamente a los 15 días que se nos narran en forma de diario (desde el día 9 hasta el día 24). Cada uno de los capítulos está narrado en primera persona por el anónimo extraterrestre que busca a Gurb y se especifican, de forma irónica muchas veces, los horarios en que transcurren todas las acciones:
15.02. Me caigo en una zanja abierta por la Compañía Hidroeléctrica de Cataluña.
15. 03. Me caigo en una zanja abierta por la Compañía de Aguas de Barcelona.
15. 04. Me caigo en una zanja abierta por la Compañía Telefónica Nacional.
15. 05. Me caigo en una zanja abierta por la asociación de vecinos de la calle Córcega.
Mendoza regresa así al recurso del personaje travestido que analiza y nos comunica el mundo absurdo e ilógico de la gran ciudad, no muy alejado del loco anónimo de novelas anteriores. Mediante esta estructuración, Mendoza parodia las narraciones documentadas de las novelas de ciencia-ficción y pretende dar la sensación de una descripción objetiva y documentada de todo lo visto por el extraterrestre a su paso por la gran ciudad. Este recurso, ya lo presentaban novelas como Micromegas de Voltaire3. Esta obra contaba la historia de dos extraterrestres (Micromegas y un enano) en su viaje hacia la tierra. Al llegar a nuestro planeta, conocerán la filosofía de Locke y santo Tomás. Es el recurso de poner por escrito el asombro que produce el choque con otra realidad, una realidad distinta a la que conocíamos y que cambia por completo nuestra noción de las cosas.
La aparición del manuscrito "Micromegas" está atestiguada en la correspondencia de Voltaire de fines de 1750 y principios del 51. Micromegas reúne, ensamblados en una, la técnica de los relatos de viajes y la exposición de ideas filosóficas. Entrecruza, pues, la anécdota y la información. Si a esto añadimos la finalidad instructiva y la proyección indirecta que hace, de su propia personalidad, un hombre viajero como Voltaire, que al llegar a Inglaterra se siente extranjero, diferente, tendremos planteados los parámetros sobre los que se sustenta el relato y que coinciden esencialmente con nuestra novela.
Los primeros viajes literarios se describen en las epopeyas antiguas como una combinación del viaje con la mitología y las tradiciones históricas. En la frontera entre la realidad y la fantasía, situamos obras como La Odisea y Simbad el marino o historias griegas como la de los Argonautas o los Viajes de Heracles. Con el descubrimiento de América y la exploración de Oriente durante el siglo XVI, se producen relaciones de viajes más o menos objetivas como las de los cronistas españoles, epopeyas como Os Lusiadas de Camoens y obras exóticas como La tempestad de Shakespeare, relacionada con los relatos de viajes. Será el siglo XVIII el más productivo en cuanto a narraciones de viajes, hecho sorprendente en un siglo ilustrado en el que impera la razón. La cumbre de los relatos imaginarios corresponde a Robinson Crusoe de Defoe y a los Viajes de Gulliver de J. Swift; el primero parte del realismo de los relatos de viajes y se desliza por la vertiente imaginativa; el segundo utiliza este género para hacer una sátira. Ambos están repletos de detalles realistas que hacen más verosímil la fantasía. El siglo XIX da un giro hacia la fantasía científica, la ciencia-ficción, adentrándose en espacios inexplorados, con ayuda de una máquina como en Veinte mil leguas de viaje submarino, o viajando a través del tiempo como H.G. Wells en La máquina del tiempo.
La fantasía, consustancial al ser humano, corre pareja a las producciones realistas a lo largo de la tradición literaria. La encontramos explícita, en forma de sueños (Quevedo y Torres Villarroel son buena muestra de estos viajes soñados), y en forma de viajes imaginarios y utopías (recordemos que Thomas Moore denomina así en 1516 a la isla imaginaria que aparece en su novela). La utopía o centro del ideal individual y social la plantea Voltaire en Cándido, quien llega con su criado a Eldorado y describe lo que allí vieron (caps. XVII-XVIII).
El destino del viaje suele ser visitar un país inexistente, aunque se nos presente a los lectores como real; un país de la tierra o de otro planeta, que en ocasiones manifiesta una organización perfecta (utopía) o sirve al autor como pretexto para ridiculizar o satirizar nuestra sociedad (crítica indirecta de costumbres). Se impone en ellos el equilibrio entre la realidad y la ficción, importante rasgo estético que se acerca a la técnica del distanciamiento : no perder contacto con la realidad (el narrador) y elevarse a la fantasía (el viaje), técnica que se ratifica con el uso frecuente de la primera persona narrativa. Asimismo, se utiliza el perspectivismo. Un mundo que nos parece normal no lo es, varía según la perspectiva de quien lo mire: en la escala planetaria todo es a la vez grande y pequeño. Así ocurre, por ejemplo, en Micromegas con el saturnino que es un enano respecto a su compañero de Sirius y un gigante respecto a los hombres.
La Ilustración añade un nuevo valor a la literatura de viajes: la instrucción. El público lector sentía una especial predilección por las descripciones de viajes. Son historias de aventuras reales o fantásticas, que con frecuencia coinciden todas ellas en su finalidad instructiva y educativa como las Cartas persas de Montesquieu, El Viaje sentimental de Sterne, la Historia de la navegación de J. Locke o la colección de viajes en 44 tomos de Le Harpe.
Existen tres tendencias claras, rastreables en estas producciones: la primera corresponde al libro denominado "moral", dirigido al alma de los lectores, que pretende imbuir los principios de rectitud moral y religiosa en la juventud. La intención moralizadora se desprende de la figura de héroes y heroínas novelescas que, portadores de sólidos valores morales y religiosos, sirven de modelo e influyen con su comportamiento en el moldeable corazón del lector. La segunda incluye la novela sentimental, de origen francés e inglés, que hipervalora la sensibilidad. Por último, la tercera tendencia reúne un bloque de libros cuyo contenido está dirigido a potenciar el nivel de cultura en los niños y adolescentes. Son libros de historia, geografía, relatos de aventuras y viajes e incluso lecciones de física, química o náutica, hábilmente insertadas en cuentos atractivos. En esta última tendencia se puede incluir Micromegas.
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