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Sionismo y capitalismo - Los pilares ideológicos del sionismo

(4 opiniones)
Artículo creado por Débora Cerio. Extraido de: http://www.lainsignia.org
13 de Septiembre de 2005

2 - Los pilares ideológicos del sionismo

El fundador del sionismo fue Theodor Herzl. Él definió a la cuestión judía como una cuestión nacional, cuya resolución implicaría convertirla en un problema de política internacional. Dado que los judíos serían un pueblo y sus intentos de asimilación en los países por donde se diseminaron tras la "diáspora" habrían sido vanos, de lo que se trata es de separarlos de los "no-judíos" y darles un "hogar nacional" (Palestina o Eretz Israel, la tierra que les pertenecería por "derecho bíblico") donde pudieran resguardarse del antisemitismo, según ellos, inherente al género humano. En sus propias palabras:

"la solución de la cuestión judía no consistía en luchar para acabar con el antisemitismo y conseguir la total igualdad de los judíos en los países donde vivían, sino en separar a los judíos de los que no lo eran..."[10]

Como se ve, el sionismo se basa en algunos postulados que lo convierten en una ideología profundamente racista.

Por un lado, considera que los judíos son un pueblo y no una comunidad religiosa, que Palestina fue y sigue siendo la tierra del pueblo judío, y que el antisemitismo y la persecución son un peligro latente para éste.

Para los sionistas, Israel es la tierra del pueblo judío[11] y se define como "estado judío", es decir, que no se concibe como el país de los israelíes sino de los judíos. Esta definición implica que Israel pertenece a aquellas personas consideradas como judías, independientemente del país que habiten, y no a aquellas comunidades no-judías residentes. Esto se traduce en que un judío de cualquier parte del mundo tiene más derechos que la población árabe que permaneció tras la ocupación israelí, pese a vivir en estas tierras durante muchas generaciones.

De hecho, en 1950 fue sancionada la Ley del Retorno, por la que todo judío tiene derecho a asentarse en Israel. En 1952 se sancionó también la Ley de la Nacionalidad, por la que se confiere automáticamente la ciudadanía a aquellos llegados bajo la Ley del Retorno. Evidentemente, esto no es aplicable a los no-judíos. Así, los millones de refugiados palestinos, consecuencia de las expulsiones practicadas sistemáticamente por los gobiernos israelíes a lo largo de sus cincuenta y tres años de historia, no tienen reconocido por parte de Israel el derecho a volver a sus casas y a recuperar sus propiedades. El argumento oficial esgrimido por Israel para vetar el derecho de retorno a los refugiados es el de que esto haría peligrar el carácter judío del estado y, en consecuencia, de su propia existencia.

Puesto que, como sostiene Moses Hess, considerado el padre espiritual del Sionismo en 1882:

"los judíos hemos permanecido como extraños en todas las naciones." [12]

el Estado de Israel, sería el "hogar nacional" para todos los judíos del mundo, perseguidos por el antisemitismo, característica biológica del género humano. León Pinsker elegido presidente de la Primera Conferencia Sionista, celebrada en Katowice en 1884, planteó esto en su libro "Auto-emancipación":

"el odio a los judíos es una variante de la demonología, con la diferencia de que no es algo peculiar de ciertas razas (...), sino que constituye un fenómeno común a la totalidad del género humano (...) tiene carácter hereditario y como enfermedad transmitida durante dos mil años es incurable". [13]

Teniendo en cuenta las declaraciones de estos sionistas, podría pensarse que el movimiento tuvo un rol destacado contra el antisemitismo, que se supone fue una de las causas del establecimiento del Estado de Israel. Pues bien, no sólo no entablaron un combate a muerte contra el genocidio sino que, con la excusa de que eso exacerbaría a los nazis, las principales organizaciones judías y sus dirigentes se opusieron a toda acción enérgica contra el antisemitismo nazi en Alemania. Esto puede verse en palabras de un sionista honesto, algo que no puede encontrarse fácilmente:

"(...) nos quejamos hoy de que el mundo no judío no actuara eficaz, moral y políticamente contra el nazismo (...) no menos justificada está la acusación contra nuestro propio pueblo (...) no existen excusas para nuestra generación, ni para la mayoría de sus dirigentes. Somos una generación condenada a ser testigos de la destrucción de una tercera parte de nuestro pueblo, y culpable de haber aceptado la misma sin una resistencia digna de ese nombre". [14]

Adolf Eichmann encargado personalmente por Hitler de aplicar la "solución final" a los judíos, más tarde secuestrado, juzgado, y ejecutado por el Estado sionista, dejó escrito que:

"(...) Este Dr. Kastner era un hombre joven, (...) un abogado frío y un sionista fanático. Estuvo de acuerdo en colaborar a que los judíos no se opusieran a la deportación e incluso a que se mantuviera el orden en los campos de exterminio, si yo hacía la vista gorda y permitía a unos cientos, o a unos miles de jóvenes judíos emigrar ilegalmente a Palestina (...) Fue un buen negocio." [15] El segundo postulado del sionismo es que la tierra de Eretz Israel (Palestina), que el Mesías le habría prometido al pueblo judío según la Biblia, estaba "vacía".

Se dice que, en aquellos tiempos, el territorio estaba mayoritariamente poblado por tribus nómadas beduinas que se desplazaban permanentemente. De hecho, el eslogan del sionismo era "una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra"[16]. La realidad ha demostrado la falsedad del argumento, ya que existen testimonios de la existencia de poblaciones palestinas a lo largo del territorio. Pese a ello, el sionismo se ha empeñado en intentar borrar las huellas que mostrarían el carácter árabe de estas tierras, bien a través de la redenominación en hebreo de antiguas poblaciones palestinas o con el arrasamiento y desaparición de pueblos y aldeas (530). Muchas de estas familias palestinas conservan todavía las llaves de sus casas, ahora destruidas u ocupadas por inquilinos judíos, como el argumento más rotundo para desmontar la propaganda sionista.

En este mismo sentido, los sionistas se han empeñado en negarles identidad nacional a los palestinos que ellos vinieron a desalojar. [17] El tercer tópico se refiere, entonces, a la negación de una identidad palestina, diluyéndola en una entidad superior y más general, la de árabes [18]. Por tanto, según su razonamiento, en tanto árabes, debieran ser acogidos en los países vecinos -también árabes- y dejar al pueblo judío fundar su estado en "Eretz Israel". La identidad nacional palestina estaba en proceso de formación desde el final de la I Guerra Mundial, como ocurría con el resto de países árabes de la zona (Egipto, Líbano, Siria, Irak y Jordania). Pero mientras que en esos países, bajo dominación colonial europea, se permitió un estado central fuerte con un control por parte de la población local -aunque fuera sólo nominal y tuviera un fuerte rechazo entre la población-, en el caso de Palestina, el poder estaba directamente en manos de los británicos [19]. Todo ello dificultó esta formación de la conciencia nacional, pero no significa que no la hubiera, y no sólo como respuesta al sionismo. El argumento simplista de considerar a estas personas meramente árabes implica negar la identidad nacional palestina e, implícitamente, la de los países vecinos, al considerar sólo la cualidad de árabes. Por otra parte, su expulsión a países vecinos, en vez de propiciar su integración social, económica y política en las culturas receptoras, ha reforzado el sentimiento de identidad entre los palestinos de la Diáspora.
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