Sobre el erotismo en la obra de Salvador Dalí - El Erotismo: Juego de Intelectos y de Fuerzas

4 - El Erotismo: Juego de Intelectos y de Fuerzas

Artículo creado por Jorge Ordóñez-βurgos. Extraido de: http://serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/contenidos.html
10 de Junio de 2006

Hemos hablado de los factores que sirven para atraer a los seres que

participan en los juegos dalilianos, de cómo se mezcla el ingenio y el deseo para hacer

que otros hagan lo que se quiere. Podemos encontrar la fuerza de una voluntad de

corte nietzschiano que reprime y coloca bajo el yugo personal a los demás,

haciéndolos sufrir y gozar según sus propios patrones. En el erotismo de Dalí existe un

elemento sumamente importante, el dolor ajeno; éste se desprenderá de la coerción

del demiurgo erótico sobre aquellos que participan en sus juegos. El control sobre los

protagonistas radica en brindarles cierta sensación de libertad, dado que si tuvieran la

conciencia de ser plenamente dominados, su aparente libertad se tornaría en angustia.

Parte de la plenitud del erotismo en Dalí ha de definirse como la embriaguez de poder

que proviene del deleite de manipular a los demás. Debemos entender que el erotismo

de Dalí trasciende el esquema sexual, de tal suerte que el misticismo, el trabajo

científico o la especulación filosófica son eróticos en sí mismos. El místico, el científico

o el filósofo se enfrentan a un medio que los invita a conocerlo, les brinda pistas, pero

jamás se manifiesta a plenitud. La búsqueda constante y sistemática es aquello que da

sentido a la vida de estos hombres; ese dominio relativo sobre cierto aspecto de la

Realidad.

Conclusiones

“Tanta fe se tiene en la vida, en la vida en su aspecto más precario, en

la vida real, naturalmente, que la fe acaba por desaparecer. El hombre,

soñador sin remedio, al sentirse de día en día más descontento de su sino,

examina con dolor los objetos que le han enseñado a utilizar, y que ha obtenido

al través de su indiferencia o de su interés, casi siempre al través de su interés,

ya que ha consentido someterse al trabajo o, por lo menos no se ha negado a

aprovechar las oportunidades...”

André Bretón. Primer Manifiesto Surrealista, 1924.

En uno de los pasajes citados (h) se puede ver cómo Dalí separa el amor del

erotismo. Posiblemente esto se deba a que nuestro pintor sólo amaba a dos personas,

a Gala y a sí mismo. Su esposa era su complemento que en conjunción con él

integraba un solo ser, siguiendo el sistema de Dalí ¿cómo es posible que un sujeto se

atraiga a sí mismo hacia sus propias invenciones eróticas? El erotismo es una forma

de enfrentamiento. Si ya se dijo que una pieza importante del erotismo en Dalí es la

humillación, entonces ¿cómo se va a humillar a sí mismo un espíritu emancipado?

Si nosotros leemos, -no se diga con cuidado, superficialmente- los textos

citados, detectaremos rápidamente que en muchos pasajes Dalí desarrolla

comentarios que se apegan casi literalmente a las definiciones de patologías

psicológicas descritas en manuales. Es burdamente obvio que Dalí se dedica a

describir con lujo de detalle una serie de perversiones que cada día dudo más haya

concretado más por placer que por deseo de ser un exhibicionista. La autenticidad de

Dalí como artista no puede cuestionarse dentro del terreno del talento o el ingenio; lo

que si deja mucho que desear es la manera en que se dedicó a manejar su carrera y

obra, Dalí nunca ocultó su amor por el dinero, nunca dejó de sentirse atraído por el

escándalo y la fama y ello quizá nos permita comprender la dimensión real de sus

escritos. Dalí dedicaba buena parte del año a vivir en Estados Unidos, se regocijaba

con la escandalización que provocaban sus famosos actos surrealistas. Dalí

alimentaba al Nueva York de los años sesentas con el glamour y las poses

intelectualoides que fortalecían los “círculos artísticos” de la época. No puede negarse

el talento extraordinario de este hombre, así como tampoco podemos mantener los

ojos cerrados ante toda la parafernalia que lo rodeo durante toda su vida. El mejor

agente publicitario de Dalí fue él mismo, su genio mercadotécnico fue tan brillante que

se encargó de proporcionarle a la gente justo lo que quería tener frente a su morbosa

mirada. La locura de Dalí jamás rayó en la estupidez; de haber sido así hubiera

concretado el acto surrealista de matar a su esposa con una pistola. Por desgracia, al

paso de los años, los escándalos de Dalí se volvieron más triviales y predecibles, con

ello se vino abajo su “actualidad” en los mercados de Estados Unidos.

Además de ser un exhibicionista profesional, hemos de decir que Dalí fue un

oportunista que supo colocarse en el sitio adecuado y decir aquello que no le causara

problemas reales y severos. Dalí criticó a Hitler después de la Segunda Guerra

Mundial y hablaba de él valiéndose de ambigüedades y expresiones “surrealistas” que

no lo comprometían, por ejemplo: “Es sencillamente ridículo que Hitler pudiera ganar la

guerra. ¿Qué hubiera hecho si gana?”16 o algo como esto: “No podía ser nazi, pues si

Hitler conquistaba Europa, aprovecharía la oportunidad para mandar al otro mundo a

todos los histéricos de mi especie, como ya lo había hecho en Alemania tildándolos de

degenerados”.17 Dalí no era en realidad católico, franquista o surrealista, tampoco

estaba loco, Dalí era dalilista y decía pensar o creer sólo aquello que beneficiara sus

propios intereses, específicamente los económicos18. La lectura de concilios,

encíclicas, manifiestos y decretos franquistas, así como de varios pronunciamientos

estéticos surrealistas apoyará mi afirmación.

Como ya se dijo antes, el erotismo daliliano representa una búsqueda

constante y aquí es donde podemos encontrar la riqueza verdadera de la propuesta

estética de Dalí más que en la sarta de perversiones sin sentido que se desvive por

describir a gran detalle. Creo que en general la mayor parte de la obra seria de

Salvador Dalí puede considerarse como erótica dado que en ella se encuentran

estructuras de significado muy complicadas que buscan constantemente comprender

dentro de si las grandes verdades de la vida. Así como la esencia del erotismo sexual

es desbordar los deseos carnales, así la pintura alimenta el hambre por el saber, por

entender y por sentir todo aquello que ha sido dispuesto en el mundo. Éste es el

verdadero erotismo de Dalí, el hambre, la búsqueda, la lucha y la autoconstitución de

la existencia. Ignorando las poses adoptadas por Dalí podemos notar la riqueza de

algunas de sus obras donde las ideas toman forma y los sentidos pueden penetrar en

el pensamiento. La exégesis de los cuadros de Dalí estará igualmente dotada de

erotismo, dado que la paulatina construcción del significado último de sus cuadros

será igualmente esa búsqueda, esa tendencia a una actividad tan humana que gracias

a ella el hombre mantiene su interés puesto no sólo en una obra de arte sino en su

existencia misma.

El erotismo en Dalí hemos de entenderlo como un sistema epistemológico

integral que se dedica a explorar las raíces y manifestaciones de lo divino, de aquí se

desprende todo lo demás. A través de su obra pictórica Dalí echa mano de imágenes

abstractas al extremo de integrar una filosofía gráfica de la naturaleza.

Independientemente de la condición mercantilista, Dalí fue un buen pintor que

trascendió las meras formas para instalarse en niveles de reflexión muy profundos. Sin

compararlo con El Bosco, El Greco, Dürer, Rembrandt van Rinj o con Leonardo, Dalí

logró tratar en su pintura los grandes temas del cosmos al igual que aquellos.

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