



A.G. Lo Ré nos dice en su brillante ensayo "The Three deaths of Don Quixote: Comments in Favor of the Romantic Critical Approach" que son tres las muertes de Don Quijote en la novela. La primera, ocurrida en la primera parte de la novela (capítulo 52) cuando Don Quijote es llevado en una jaula hasta su casa y tendido en su cama al cuidado de la sobrina y el ama de llaves. En este capítulo se encuentra una caja que contiene pergaminos escritos en letras góticas y que mencionan la sepultura del Quijote describiendo los elogios y epitafios que aparecen en ella. Pero la historia no está completa y el autor continúa la narración pidiéndole a los lectores que no le den crédito a semejantes habladurías. Esta es la primera muerte que en el texto sufre Don Quijote.
Nuestro crítico señala en su trabajo crítico que la segunda muerte de Don Quijote viene dada al comienzo de la Segunda Parte (capítulo 24). Después de las bodas de Camacho, viene el episodio de la cueva de Montesinos. El autor del texto, supuestamente Cide Hamete, declara que "(...) se tiene por cierto que al tiempo de su fin y muerte (la de Don Quijote) dicen que se retrató della (...)" (II, 445). Estamos de acuerdo con Lo Ré en que "Cervantes evidently had in mind here an ending in which Don Quixote would admit to play-acting in this and perhaps in other insatances" (Lo Ré, 26). Don Quijote mismo confirma después lo dicho por Cide Hamete aunque más tarde lo niega. Nos parece muy acertada la observación de Lo Ré cuando nos dice en el trabajo arriba citado que "His knight’s stance (Don Quijote’s)--his constancy, courage, wisdom, etc-- was beginning to leave no room for falsehood or pretense" (Lo Ré, 26). Por esta misma razón creemos que Cervantes no pudo hacer morir en este capítulo a su protagonista, porque hubiera arruinado toda la grandeza, humanismo y belleza de su creación máxima al hacerlo quedar como un ente vacío y falso. Sin embargo, es evidente que Cervantes pareció haber concebido su muerte.
La tercera muerte del Quijote es la verdadera, la que transcurre en el capítulo 74 de la Segunda Parte. Según Lo Ré, Cervantes debió enterarse de la publicación del plagio del Quijote por Alonso Fernández de Avellaneda cuando escribía el capítulo 57 de la Segunda parte (a estas conclusiones llega el crítico al comparar las fechas en que Sancho y el Duque escriben sendas cartas). Lo Ré afirma que el falso Don Quijote de la Avellaneda debió hacer sentir a Cervantes "appalled and hurt" (Lo Ré, 28) no sólo por el plagio hecho a su obra sino por la vulgarización y distorsión que ha sufrido su protagonista. Para desmentir al falso Quijote, Cervantes cambia el itinerario del viaje del verdadero Quijote hacia Barcelona y no hacia Zaragoza como rezaba en el libro de Avellaneda. Al morir Don Quijote, el Cura pide al escribano que de testimonio de la muerte del personaje "para quitar la ocasión de que algún otro autor que Cide Hamete Berengeli le resucitase falsamente..." (II, 672).
A.G. Lo Ré afirma en su ensayo que el único error que Alonso Quijano el Bueno admite en su lecho de muerte es el haber creído en la existencia de los héroes de caballería. Y a continuación nos dice que Don Quijote se ha entristecido al haber descubierto que los hombres de caballería no existían en su tiempo o que nunca existieron. En esta medida creemos que nos sigue hablando Don Quijote y no Alonso Quijano.
Lo Ré coincide con Rielo en que la muerte de Don Quijote apunta también hacia la muerte de Cervantes. El autor explica cómo Cervantes, tras su presidio en Argel, y tras la fría acogida en España, se desiluciona y se amarga. Y afirma Lo Ré refiriéndose al paulatino desencanto de Don Quijote (a su desquijotización): "(...) Don Quijote expresses doubt and confusion about what he has been doing. Something is bothering him, it seems, because something is bothering the author" (bastardillas mías) (Lo Ré, 27). Estamos de acuerdo con estos planteamientos en lo esencial.
|