En los combates del Guadarrama, las mejores unidades peninsulares de los sublevados fueron detenidas por los combatientes madrileños, que destruyeron los planes iniciales fascistas de ocupar Madrid.
Este éxito de las formaciones milicianas y de núcleos de fuerzas y mandos leales es tanto más meritorio cuanto que fue alcanzado en condiciones de inferioridad de organización militar, en el sentido más amplio del término.(…)
Los combates de la Sierra fueron una gran escuela para los combatientes y, naturalmente, también para mí. Más en ellos se puso de manifiesto que «el heroísmo no es suficiente para ganar la guerra. Hace falta completarlo con la disciplina más férrea y la organización más perfecta» (Páginas 66, 67 y 68 del libro del general F. J. Mariños).
Para obtener la victoria había que:
-organizar un Ejército regular y asegurar su abastecimiento con el material de guerra correspondiente;
organizar potentes reservas y asegurar su preparación combativa;
preparar cuadros de mando dotados del conocimiento mínimo indispensable;
crear el comisariado de guerra para elevar al máximo las cualidades político-morales de los combatientes sobre la base del desarrollo de su conciencia democrática, como decía el Partido Comunista de España.
El Gobierno, los compañeros socialistas y las demás fuerzas políticas del Frente Popular mantenían opiniones diferentes. El curso de la guerra les hizo corregir aquella actitud.
El Partido Comunista fue el primero que inició la difícil tarea de organización del Ejército, creando el Quinto Regimiento no como milicias estrechas de partido, sino como una gran unidad de combate del Frente Popular.
El Quinto Regimiento, sus compañías y batallones fueron, por su organización, disciplina y esfuerzo, un ejemplo en los combates de la Sierra. Aquellas características suyas en los primeros meses de la guerra hicieron del Quinto Regimiento y de los comunistas, que eran sus iniciadores, un ejemplo y un modelo de capacidad combativa y de heroísmo.