



En Temblor, novela publicada en 1990 por la editorial barcelonesa Seix Barral, Rosa Montero recrea, siguiendo a Mª Dolores de Asís, "por vía imaginativa el mito de la iniciación a la edad adulta" (1) y posterior aprendizaje de una muchacha, Agua Fría, "en un mundo imaginario que posee sus propios perfiles: otros dioses, otras leyes, otros confines" (2), un mundo deshumanizado donde impera el dominio de las ideologías totalitarias. Estamos ante "una visión del mundo en clave de leyenda" (3), una visión del mundo narrada en tercera persona, que recoge todas las dudas personales en un continuo avance hacia la libertad, hacia el establecimiento de un nuevo horizonte. Porque la meta de este viaje al fondo de la condición humana es la búsqueda del Conocimiento y de la Verdad, palabras clave que sólo adquieren su significado real al final de la narración, cuando el poder de los representantes de la ley es sofocado y sustituido por un nuevo orden. Temblor simboliza la rebelión contra la norma imperante, que destruye los valores del ser humano y niega verdades tan fundamentales como que el mundo está regido por el azar monstruoso, en palabras de la propia escritora (4).
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