Tipopolítica - 26 letras en busca de sentido
1 - 26 letras en busca de sentido
Hay quien dice que se trata sólo de una moda. Posiblemente sea algo más, pero aún así las modas no aparecen sin razón. No son impuestas simplemente por quienes detentan el poder de hacerlo, a menos que nos apuntemos a la fácil hipótesis de la conspiración. Más interesante parece pensar que las modas florecen cuando se dan las condiciones objetivas para ello. Las siguientes líneas intentan rastrear alguna de esas condiciones, y no son sino unas notas apresuradas, a veces sin demasiada explicitación, que pretenden ser más el gérmen de una posible discusión que una posición ya clara y definida. Será por lo tanto un discurso no tipográfico sino sobre los discursos tipográficos. Una especie de metatipografía.
El punto de partida es la impresión de que el tema tipógráfico es tratado las más de las veces desde puntos de vista bien formalistas bien historicistas, muy ligados por lo general a la práctica del oficio, e incluso a la artesanía. No es frecuente que aparezcan consideraciones que se ocupen de su relevancia cognitiva o cultural. El plano de tratamiento más frecuente es el de la constatación, y rara vez el de la interpretación. De ahí deriva el que frente a la proliferación tipográfica actual se adopten posturas de rechazo o de sacralización, se hable de libertad y personalización o se prevenga sobre los usos inadecuados… todo ello incluible en una perspectiva de práctica profesional o comercial en sentido amplio. Desde el "exterior" esas posiciones internas carecen de importancia. Se aprecia en cambio un hecho percibido como fenómeno nuevo: una superabundancia sin precedentes, un acceso fácil y una aplicación dominantemente publicitaria. Este fenómeno es superficialmente denominado por algunos como postmoderno, entendiéndolo como algo normal, como una simple evolución natural, como el curso de la vida. Sin embargo el postmodernismo ha sido calificado desde instancias competentes como "lógica cultural del capitalismo tardío" (Jameson), y es en esta perspectiva de lógica cultural en la que se intentará analizar el citado fenómeno. Una perspectiva que a algunos parecerá lejana y extraña al campo del diseño, y más aún al tipográfico; sin embargo, ninguna interpretación útil de un sistema puede ser dada desde dentro del mismo sistema.
En el momento actual parecen existir tres acepciones principales de la tipografía, dos de ellas tradicionales y otra que llamaremos de nueva creación, sin que ninguna de estas acepciones pretendan ser sino una constatación analítica, no una valoración.
La tipografía-medio. Tiene como primera característica el aprendizaje, aquél doloroso "la letra con sangre entra", propio de otros muchos aprendizajes y socializaciones útiles para nuestra convivencia. Posteriormente este aprendizaje se puede transformar en una reflexión sobre el lenguaje y sobre su forma de expresión gráfica, adoptando la forma erudita y exquisita del conocedor, tal como Aldo Manuzio o Erasmo pueden representar de forma eminente, pero también muchos antiguos tipógrafos, de los de oficio, que eran de los pocos que no sólo sabían leer y escribir, sino también disfrutar de aquellos abjetos casi alquímicos que cada día depositaban sobre papeles de todo tipo. E igual proceso se realiza por parte del lector, llamado bibliófilo, o "tipófilo", por el amor, a veces enfermizo, por la belleza de esos signos abstractos y no tanto, llamados letras, y por su forma de combinación y empaquetado. Y por fin, también en el lector estándar, para quien esos garabatos son frecuentemente transparentes en pro de la intelección de los mensajes que transportan. Esta acepción satisface la función de comprensión de la tecnología escrita y de su buen uso.
La tipografía-construcción. Naturalmente que esos dibujitos extraños deben ser tratados, en gran parte -por razón de su origen- como formas y esculturas, depuradas de manera artesanal, en contacto directo con el cuerpo, con la materia y la herramienta, cada uno de los cuales deja su rastro, antes de pasar a un uso difundido y multiplicado mecánicamente. Esta función constructiva, creativa, estuvo restringida en un principio a verdaderos peritos, muy apreciados en un tiempo y bastante olvidados en otro, hasta este nuevo renacer eufórico. En una segunda fase se pasa de la producción artesana a la industrial, mediante la utilización de nuevas tecnologías preinformáticas. Son los tiempos de Letraset, ITC… Hoy la función creativa puede ser desarrollada con tecnología de sobremesa e infraestructura de garage o, más cómodamente, de halógenas y sillón. El árbol ha crecido tanto que ha llegado a hacer del antiguo peritaje un recuerdo inoportuno. La construcción tipográfica se ha transformado en un producto de consumo, y, por lo tanto, la función de la construcción tipográfica es alimentar ese consumo mediante la innovación.
Tipografía-juego. Rotos ya todos los complejos y facilitada la labor por la herramienta del día, el ordenador, se instaura paradójicamante un desorden lúdico, un juego sin reglas, donde cabe el diletantismo junto a la competencia, el narcisismo junto a la responsabilidad, la expresión personal o "artística" junto a la funcionalidad. La función dominante suele ser el placer. El placer de producir letras no suele exigir ninguna razón, y menos ahora que el postmodernismo nos ha habituado a pensar fuera de toda razón y de toda metanarración. A veces adquiere la forma de autoplacer, y otras, al acceder a medios de difusión, adquiere forma de negocio, aparente (tanto porque en la era del simulacro se puede crear el propio medio de difusión, cuanto porque tener el propio negocio también está de moda), o real. En consecuencia, sea por razones tecnológicas o psicológicas, se ha producido una eclosión tipográfica sin precedentes. El hacedor de tipos disfruta, y el usuario (la publicidad), también. Todos contentos.
Por supuesto nada que objetar ni a la tecnología ni al placer. Pero si uno quiere orientarse en esta nube tipográfica que de repente invade escuelas, concursos y medios de comunicación, no es nada fácil encontrar la brújula adecuada. Y si encontrada, ¿cómo saber si está desvirtuada o amañada? ¿Es fiable la tecnología por sí misma? ¿Es realmente este juego un juego sin más trascendencia? Intentaremos encontrar alguna pista, encontrar un significado. Pero ¿por qué buscar un significado? Quizás por deformación profesional, o por tradición racionalista. O por llenar unas líneas y continuar con esta costumbre antigua de la comunicación, del diálogo, o de la polémica. O simplemente porque dentro de la cultura todo tiene un sentido, por definición, aunque podamos ser inconscientes de él, o incluso alienados.
Esta fase última de invasión tipográfica puede ser llamada "nueva "nueva tipografía
, o "nueva tipografía", para no confundirla con la históricamente situada alrededor de Jan Tschichold. Paradójicamente esta tercera ola suele seguir siendo tratada por lo general con los mismos parámetros que la primera y la segunda. De ahí el desconcierto ante el fenómeno actual. Por ejemplo Lewis Blackwell, tras intentar en su libro <I>20th century type:Remix</I> una sistematización clasificatoria dimite de toda clasificación para la época actual, y concluye: "<I>No existe un libro normativo, sino una serie de posibles lecturas… ¿debemos echarlo de menos?… Baste con recordar qué es lo que nos gusta… y después preguntarnos el porqué.</I>" Postura que coincide con una posición sin norte, limitada al gusto personal y a una indagación de porqués que no abre hacia otros horizontes.</FONT></P> <P align=justify><FONT size=2>Considerar la situación actual como <B>fenómeno</B> puede ser un requisito fundamental para aislarlo del entorno, despojarlo y entenderlo como depositario de un sentido nuevo, de un significado que probablemente se encuentre fuera de su territorio, una significatividad no tipográfica precisamente, sino sociológica. ¿O política? </FONT></P> <P align=justify><FONT size=2>Una tópica común para la tipografía suele estar constituida por las clasificaciones. Ya el hecho es significativo en sí mismo en cuanto a indicar un tratamiento taxonomista del tema. Pero aún desde esa tópica pueden rastrearse los indicios que llevarán en principio, y en aparente paradoja, a otra clasificación que tendrá sin embargo el carácter de <B>metaclasificación</B>, o clasificación de clasificaciones, para aventurar luego una interpretación del citado fenómeno de la "nueva tipografía".</FONT></P>""
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