Capitulos de este wiki
  1. 1 26 letras en busca de sentido
  2. 2 El significado de las letras
  3. 3 De la semantica a la pragmatica: el significado de la "n
  4. 4 ¿Vamos a alguna parte?

Tipopolítica - De la semantica a la pragmatica: el significado de la "n

3 - De la semantica a la pragmatica: el significado de la "n

Artículo creado por Javier G. Solas. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero17/tipopoli.html
31 de Agosto de 2006
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¿Puede desprenderse de todo lo anterior alguna característica común? Podría hablarse de alternancia clásico-barroco, de ruptura de toda norma, de pérdida del sentido, de inercia productiva, de neurosis postmoderna… De la nueva tipografía "al cuadrado" (como ya se ha dicho, la "nueva" fue la llamada así por Tschichold en 1928, antes de sus palinodias del 52), de esta novísima tipografía, si se mira en conjunto, y sobre todo si se examinan las capas más bajas en cada apartado del cuadro tipológico mostrado (un verdadero pandemonium) y se imagina su hipotética progresión, parece desprenderse ante todo una indefinida e infinita variabilidad, un verdadero transformacionismo. Un florecimiento semejante tuvo lugar tras la primera revolución industrial, cuando la euforia de las exposiciones universales hizo saltar los tipos tradicionales por los aires de la visualidad, de lo festivo, provocando la "obscena" ornamentación, incriminada por Loos, y la extravagancia publicitaria. La revolución del ordenador ha sido el segundo florecimiento: se ha producido una especie de liberación de la represión, y lo reprimido ha vuelto en forma de desbordamiento de las dos fuerzas, afirmativa y negativa, que mueven toda actividad, eros y thánatos; proliferación sin límite, mito de la abundancia hecho realidad. Una abundancia animada por una inercia proyectiva que a veces cree ingenuamente que la facilidad informática garantiza la significatividad, y que alcanza ya hasta unos confines para los que no tenemos mapa. Y no es una cuestión de poner límite a lo que no lo tiene, pero sí, quizás lo sea, de cambiar de dirección.

Otra característica puede ser el particularismo. "Los verdaderos tipógrafos de nuestro tiempo son los graffiteros", dice Di Sciullo. Con todo lo provocativa que puede parecer esta afirmación quizá valga la pena detenerse en su posible doble sentido. Por una parte puede entenderse que son los que mejor representan el único sentido que puede tener la tipografía hoy. Por otra que los tipógrafos de hoy no son sino graffiteros, tienen su mismo espíritu.

De todos es sabido que el graffitismo es una miniestructura social predominantemente juvenil, que guarda una reglas de tribu urbana - para no guardar, por supuesto, las de la sociedad convencional-, que es y quiere ser marginal en cuanto a territorio y actuación, que se basa en expresiones de tipo personal aparentemente individualistas y anómicas, que reivindica la mancha y el palimpsesto. Bien, pues este carácter no reglado, antiacadémico, expresionista, "artístico", tribal, pueden ser algunas características de la novísima tipografía. Con excepciones, naturalmente, por una parte, de profesionales que no siguen este fenómeno como moda, y por otra de quienes, a veces tras un período underground de toma de posiciones espectaculares, se instalan en la seriedad que da la adopción de una estructura económica, lejos ya del vagabundeo marginal (por otra parte semejante a la "jubilación", o integración en el mundo adulto convencional, de los "padres" graffiteros). Esto pudiera parecer ofensivo, pero no más que la breve sentencia de Di Sciullo, tomada por algunos, a pesar de todo, por bandera.

El particularismo se opone a lo común y compartido. En la profusión tipográfica actual difícilmente funcionan ya las clasificaciones (¿ni importan, como decía Blackwell?), la forma llega a diluirse, toda particularidad puede ser elevada a modelo por la racionalización mecánica y la barata multiplicación electrónica. Es el dominio de la escritura particular, de la mínima común diferenciación que la haga posible, del grafolecto de una sola persona, de la histeria de lo individual. Ningún arquitecto sin su silla, ningún diseñador sin su tipografía. Mi casa, mis cereales, mi kiosko, mi PC, mi tipografía. Un cierto tufo, por cierto, a vientos del oeste. En esta era del vacío, según Lipovetsky, repliegue a lo personal, incluso en nombre de lo global.

En el terreno de la infinita libertad combinatoria y de los particularismos sin rumbo es donde aparecen los que Blanchard llama "monstruos tipográficos". Abandonado el terreno de la tierra firme de la tipografía tradicional, la nueva tipografía2 ha extendido nuestra vista en el infinito espacio de la comunicación. Las primeras cartas de navegación, los portulanos, se guiaban con puntos de referencia de la costa, no se apartaban de ella. Pero ¿qué mapa tenemos hoy para adentrarnos en los procelosos mares plagados de monstruos? El sueño de la razón produce monstruos, pero ¿es eso bueno o malo? Esta es precisamente la condición postmoderna: no tenemos mapa. Que no quiere decir que dé lo mismo caminar en cualquier dirección.

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